Camille Kent.
Rikers tiene fama de ser el centro de detención más cercano al infierno del mundo.
Aunque la sección de mujeres es algo más decente que los 7 pabellones de hombres del centro penitenciario ubicado en la costa de Nueva York en una isla de East River, me han preparado para que mis primeras 48 horas sean una tortura dantesca.
Por eso, la tarde en la que piso Rikers por primera vez, me corren 2 líneas de coca de excelente calidad de las mejores cosechas de Diego Vélez por las venas, y estoy tan enajenada que apenas me importa que la guarda negra que me procesa en la puerta me pida de mala manera que vacíe mis bolsillos.
No tengo nada importante.
Solo una billetera llena de basura, un celular que no es el mío de verdad y un montón de tonterías que Ori me dio para fingir normalidad, pero que no revelan nada sobre mi vida ni la gente en ella.
El único capricho que me permití llevar conmigo es un tatuaje de quita y pon de la caricatura de una vaca que tengo pegado en la muñeca de mi mano izquierda, y me da fuerzas para recordar por qué estoy haciendo esto cada vez que lo miro.
La guarda me toma las huellas de lo 10 dedos y luego me hace pasar un cuarto en el que fotografían todos mis perfiles.
Una mujer menuda que parece un hámster llena mi ficha.
Edad: 31 años.
Condiciones médicas: Claustrofobia
Consume algún medicamento: No
Embarazada: No
Me piden que me desnude, lo que no solo es innecesario sino ilegal, pero lo hago.
Todo el mundo sabe que el mantra de un preso nuevo es no buscar problemas. No hagas que te peguen. Que no te noten. Baja la cabeza, y pasa los primeros días.
Baja la cabeza. Baja la cabeza.
Les entrego mi ropa y los 12 aretes que tengo en mis dos orejas.
Me paro frente a ellas desnuda sin sentir absolutamente nada.
Debería estar vulnerable o asustada, que es lo que sé que quieren. A lo mejor debería estar enojada o combativa, pero la verdad es que no me importa, porque ni siquiera estoy aquí.
Tirito por el frío, pero ni siquiera cruzo los brazos para protegerme, porque si esto las hace sentir bien, que lo tengan.
Me da lo mismo.
Una médica que obviamente está agotada y tenía cosas más importantes que hacer que esto entra en la sala. Me ve ahí desnuda y sube una ceja, pero no dice nada.
Se pone un guante de látex y procede a hacerme un examen de cavidades corporales deshumanizante y doloroso que se parece más a una violación que a un procedimiento médico.
Cierro los ojos mientras pierdo otro pedacito de mí misma, y como no puedo hace nada por mi cuerpo, dejo que mi mente se vaya.
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38 horas antes.
La botella de vino sigue todavía en la hielera cuando entro a la casa de Ori.
Lo saco y examino la etiqueta. Me vuelvo hacia ella con una ceja en alto.
- Abriste un riojano con este tipo – La acuso
- Si – Sonríe ella
- Un riojano de 1985 – Subrayo
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- Agua -
FanficTodo se cura con agua salada: sudor, lágrimas o agua de mar. Ella se convirtió en su agua salada. Y luego se fue. ...El amor es caprichoso.
