Era tan extraño como a pesar estar acostumbrado a este tipo de eventos, en donde tenía que convivir con muchos hombres importantes. En esta ocasión, en lugar de sentirme con ganas de crear lazos para futuros proyectos. Lo único que quería era tener la oportunidad de poder acercarme a Cora y de estar a solas con ella.
Repasé su preciosa figura, con aquel vestido ceñido a su cuerpo, incontables veces. Sintiendo como un calor sofocante comenzaba a formarse por todo mi cuerpo.
No entendía porque, pero desde que habíamos follado, no podía dejar de pensar en ella. Era como si hubiera puesto alguna clase de hechizo sobre mí.
Me termine el contenido de mi copa de vino y pedí otra de inmediato en el momento que vi a Jackson acercarse a ella.
Tanto Cora como su amiga, lo recibieron con una sonrisa en el rostro y yo sentí un gran fastidio en mi interior.
— ¿Te la estás pasando bien? — una voz conocida sonó a mis espaldas.
— Él Señor Wang de verdad que ama lucirse — solté con una pequeña sonrisa en los labios, y SeokJin imitó mi acción asintiendo.
— Tienes toda la razón — confirmó, perdiendose hacia la dirección donde se encontraba su hija, la amiga de esta y Jackson.
La castaña pareció ser la única en darse cuenta de que tanto yo como SeokJin los mirábamos. Así que lo único que hizo fue sonreírle a mi socio, mostrando un rojo intenso en sus mejillas.
Miré de reojo al padre de Cora, notando como apretaba la mandíbula. Sin embargo, no le tomé importancia, porque yo estaba a nada de perder el auto control de ir por la mujer que me tenía vuelto loco para mostrarle que no existía mejor compañía que yo.
Volví a pedir otra copa de vino para relajarme y mientras un par de hombres se acercaban a nosotros para platicar sobré negocios. Me mantuve con bajo perfil, vigilando cada movimiento entre Cora y Jackson.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El discurso de los Wang estaba por iniciar, por lo que todos los presentes se prepararon para guardar silencio y así poder escuchar.
Miré a Cora una vez más y tuve la suerte de encontrarme con sus ojos puestos en mí. Una pequeña sonrisa tiró de sus labios antes de comenzar a alejarse de toda la multitud para desaparecer por uno de los pasillos.
Bebí el contenido de mi copa y me preparé para seguirla con disimulo, asegurandome de que nadie me viera.
Cuando la vi entrar al sanitario para mujeres, di un último vistazo a mi alrededor antes de ingresar también.
Una vez que cerré la puerta a mis espaldas, me encontré con Cora, la cuál parecía estar esperándome mientras se recargaba del lavamanos.
— Parece que se ha equivocado Señor Kim — musitó con coquetería. — El sanitario de hombres está enfrente.