¿Estaba siendo demasiado rudo? Por supuesto que sí, pero a Cora parecía gustarle. Lo que me había incentivado a no determe.
Verla chupar mis dedos con gusto, me hizo desear tanto que se tratará de mi miembro. Aún así, la morbosa imaginen que la pelinegra me estaba ofreciendo justo ahora, me hizo sentir el hombre más afortunado del mundo.
No cualquiera podía tener a la heredera del imperio Kim, sumisa, siendo penetrada y comportándose con tanta lujuria, como yo.
Podía sonar egocéntrico o hasta narcisista, pero era meramente verdad.
Su coño seguía siendo tan apretado y calido, y aunque había pasado casi dos años sin tener sexo con ella. Me estaba resistiendo a correrme con tal de seguir dentro de su interior.
No obstante, sabía que ambos estábamos cerca de llegar.
Podía sentirlo en las pequeñas gotas de semen que brotaban en la punta de mi pene y en la vibración de su vagina jugosa.
Retiré mis dígitos de su boca, necesitaba escucharla gemir.
Era cuestión de nada para que los dos llegáramos al punto más dulce de la excitación. Por lo que, no dude en embestirla con más fuerza.
Una, dos, tres, cuatro, cinco veces más hasta que nos corrimos al mismo tiempo.
Me aferré como pude de su cintura, mientras me vaciaba en su interior.
Como extrañaba esto...
Cuando mi pene perdió firmeza, salí de su vagina observando atentamente como la combinación de su excitación y me semen, se escapaban de poco de su intimidad.
Desde su posición, Cora me miró con una sonrisa en el rostro.
Su pecho subía y bajaba con violencia, su rostro estaba completamente rojo y la pequeña capa de sudor en su frente hacia brillar su piel.
Había sufrido tanto por ella en este largo tiempo, pero poder mirarla así nuevamente, puso un curita en mi corazón, consciente de que Kim Cora, era mía y solo mía.
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Con la oscuridad rodeando por completo mi habitación y la vista aún borrosa. Tantee el otro lado de la cama para acercar el cuerpo de Cora con el mío. Sin embargo, ella no estaba ahí, lo que me hizo levantarme con desesperación de la cama.
¿Acaso se había ido?
Pensarlo, me rompía el corazón.
Con rapidez, tome el primer pantalón de pijama que encontre para poder cubrir mi desnudes.
Ella no podía haberse ido después de lo ocurrido ¿Verdad?
A pasos rápidos revisé el interior del baño encontrándolo completamente vacío. Lo que hizo latir mi corazón con temor.