62. TAEHYUNG

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Sirviendo un poco de whisky en un vaso de cristal. Estuve dispuesto a beber los tragos que fueran necesarios para poder lidiar con la magnitud de la situación.

Cuando me lleve el vaso a los labios, una mano me arrebato de inmediato mi tan necesitado trago.

— Te necesito sobrio — soltó Jimin.

— No seas aguafiestas — me queje. — Sabes que lo necesito.

— Puedes ahogarte en alcohol todo lo que quieras después de presentarte frente al público — bufé.

— Descuida, no voy a arruinar tu evento — respondí con sarcasmo.

— No es por eso amigo — poso su diestra sobre mi hombro. — Lo que quiero decir, es que no vale la pena querer ahogar tu dolor.

Entendía a la perfección lo que sus palabras significaban.

Cora...

Apreté los dientes en un auto reflejo de lo mierda que me hacía sentir el hecho de que la mujer amaba, fuera a casarse.

Si bien, desde que me había enterado de la noticia por boca de los Wang, hace más de una semana. El dolor seguía presente en lo más profundo de mi pecho.

Simplemente, no entendía como es que ella había podido comenzar de cero con alguien más. A tal grado de dar un paso tan grande como lo era el matrimonio. Mientras que yo, me había convertido en un maldito zombie desde que la había perdido.

— ¿Estás listo? — la voz de Jimin disipó mis pensamientos negativos. Lo miré por un par de segundos y respirando profundamente asentí.

Al adentrarme al salón principal de la galería, no pude evitar mirar a Jimin con mala cara

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Al adentrarme al salón principal de la galería, no pude evitar mirar a Jimin con mala cara.

Se suponía que el evento sería algo pequeño e íntimo. Pero, en lugar de eso, el lugar estaba repleto de gente y reporteros.

— Voy a matarte — le hice saber a Jimin. Él cual decidió ignorarme por completo para acercarse al centro del lugar y dar inicio a su discurso de bienvenida.

Suspiré rendido. Meditando en la posibilidad de salir huyendo. Sin embargo, yo no era el tipo de hombre que retrocedía.

Por supuesto que nunca había tocado el piano para nadie más que para mí, mis seres más cercanos y ella. Por lo qué, hacerlo en este momento frente a una cantidad exagerada de personas, sería un reto complicado.

Cuando Jimin termino de agradecer a todos los presentes y fue mi momento de lucir. Me acerqué al piano que yacía en una de las esquinas del lugar.

Me repetí una y otra vez a mi mismo que esto no era nada. Lo había hecho cientos de veces.

Llene de aire mis pulmones y antes de concentrarme en las hojas de la tonalidad frente a mí. Decidí darle un rápido vistazo a mi alrededor.

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