66. TAEHYUNG

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Mi pierna subía y bajaba en demostración de un tic nervioso. Pasaban de las 9 y no había rastro de Cora.

Sentirme desilusionado era poco, ya que, había preparado una deliciosa cena en caso de que la mujer de mi vida decidiera venir. Por supuesto, que existía la posibilidad de que ella no se presentará, pero después de los ánimos que Jimin y la intervención de Jin, algo dentro de mí, mantenía la esperanza.

9:30 pm

Pase mis manos por mi rostro en forma de frustración.

¿Era posible que ella ya no me amará?

Con pesadez, fuí directo a la alacena para buscar un copa. Definitivamente necesitaba un buen trago para sobrellevar mi situación.

Ni siquiera le preste atención a la botella de vino que había elegido para ahogar mis penas. Tan solo... necesitaba perder el conocimiento para no tener que lidiar con esto.

Una vez que serví el líquido dentro de la copa de cristal, y estuve por darle el primer trago. El timbre de la puerta se hizo presente, dejándome completamente paralizado.

Mi corazón latió con fuerza.

No esperaba a nadie más que no fuera ella, entonces no había duda de que la persona que estaba del otro lado de la puerta era Cora.

Como si me tratará de un niño apunto de recibir su juguete nuevo. Camine hasta entrada principal, pasando saliva pesadamente mientras era consciente de los fuertes latidos de mí corazón.

Mis ojos se llenaron de lágrimas en el momento que abrí la puerta y visualice la figura del amor de mi vida.

Por su parte, Cora me miró de una manera que no supe interpretar.

— Viniste... — musite por lo bajo, lleno de felicidad.

La pelinegra asintió y sin decir nada, se adentro al interior de mi departamento.

Se retiró el abrigo y entregandomelo junto a su bolso debido a mi petición. Deje ambas pertenencias en el perchero de la entrada para que ella pudiera sentirse cómoda con la temperatura del aire acondicionado.

La observé en silencio desde la distancia. Repasando su figura con detenimiento.

Traía puesto un conjunto de 2 piezas, falda y blusa de manga larga color blanco con negro y diseño de cuadros. Sus botines de tacón estilizaban sus piernas esbeltas y largas mientras que su cabello negro, ahora más corto que antes, brillaba tanto como ella.

— ¿Quieres una copa de vino? — le pregunté sin saber como iniciar una conversación con ella después de lo ocurrió en la galería de Jimin.

Cora asintió y eso fue suficiente para buscar una copa limpia y servirle del mismo vino que había elegido hace unos instantes.

Ser cohibido, era algo que no me representaba en lo absoluto. Pero, al estar frente a semejante mujer, no podía actuar más que al igual que un pequeño cachorrito temeroso.

Con cuidado le entregué la copa de vino, rosando sus delicadas manos con las mías sin despegar mi mirada de sus orbes.

Sus ojos brillaban intensamente al igual que la luna. Tanto, que podía verme reflejado en ellos.

Cora también tenía miedo, lo podía notar en su respiración y en la manera en la que se movía.

Sin dejar de mirarnos, se llevó la copa de vino a los labios, para darle un pequeño trago.

Algo tan simple como eso, me hizo recordar las miles de veces que la tuve aquí mismo, en mi departamento, bebiendo y pasando las mejores noches de nuestras vidas juntos.

Ella también pareció recordarlo puesto que decidió alejarse un poco de mí para explorar mi departamento.

— Todo sigue igual — musito cuando llegamos a la habitación donde yacía mi piano.

La pelinegra paso sus delicados dedos por la madera del artefacto musical.

— Cora... — la llame, desesperado por decirle todo lo que necesitaba que supiera. Sin embargo, en lugar de dejarme hablar, pidió algo más.

— ¿Tocarías para mí?

No tenía ni la menor idea de lo que pasaba por su cabeza. Pero, no podía negarme a nada de lo que ella me pidiera.

Me senté en el banquillo y colocando mis manos sobre las teclas, comencé a recitar una de mis melodías favoritas. Por instinto, cerré los ojos disfrutando del momento, sumergiendome en mi propio mundo mientras tocaba para la mujer que amaba.

Los minutos transcurrieron en cámara lenta, tanto que perdí la noción del tiempo hasta que mis manos se detuvieron por si solas en un acto de memoria muscular.

En el momento que volví a abrir los ojos, me encontré con una Cora apunto de llorar. Tuve la intención de levantarme para consolarla. Pero, ella fue más rápida dejando la copa de vino sobre el piano para poder acercarse a mí.

La miré desde mi posición al tenerla justo enfrente, disfrutando de la calidez de su tacto cuando sus manos me sujetaron de las mejillas.

Nos miramos por largos minutos en completo silencio. Y fue ahí, cuando entendí que no había necesidad de decir absolutamente nada. Bastaba con verla a los ojos para entender que ella sentía lo mismo que yo.

Se inclino un poco para poder besar mis labios y por supuesto que yo le correspondí sin dudar. El beso había vuelto a ser temeroso como aquella vez, con la única excepción de que en esta ocasión no la dejaría ir.

Me levanté del banco sin despegarme de sus dulces labios. Tomándola de la cintura para aferrarme a ella con toda mi fuerza.

Tenía una enorme necesidad por sentirla, tanto que no me importo exigir de más. Sus labios me siguieron el ritmo con experiencia, mientras acariciaba mi pecho lentamente.

Baje mis manos un poco más hasta llegar a su bonito trasero, dándole un leve apretón para restregarla contra mi.

De sus labios salió un jadeo lo suficientemente audible para encenderme.

Permanecimos besándonos un par de minutos más hasta que la falta de aire nos obligó a separarnos.

— Te extraño tanto — le confesé, acariciando la piel descubierta de su cintura.

Cora me miró a través de sus espesas pestañas.

Pasó su dedo pulgar por mis labios y mirándome fijamente respondió:

— Yo también — dicho eso, volvió a unir sus labios con los míos. Dejándome más que claro, que su corazón aún me pertenecía.

 Dejándome más que claro, que su corazón aún me pertenecía

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¿Estamos llorando? 😭

Ya extrañaba mucho a mi parejita favorita

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