36. TAEHYUNG

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— Hazle llegar estos documentos a SeokJin, por favor — le ordene a mi secretaría. Una vez que avale los detalles del nuevo proyecto al que pensaba invertir.

— Por supuesto, Señor Kim — atendió de inmediato. Tomando la carpeta entre sus manos para salir de mi oficina y acatar la orden dicha por mí. Volví mi mirada a otro posible prospecto para invertir, sin embargo, mi concentración fue interrumpida en el momento que mi secretaria volvió a hablar. — Lo siento señorita, pero no puede entrar sin una cita previa.

— No necesito una cita, soy una vieja amiga de Taehyung — mi cuerpo entero se congelo al escuchar aquella voz. Y perdiendo la tranquilidad de mi semblante, miré hacía la puerta, en donde mi secretaria se encontraba impidiéndole el paso a la mujer que me había hecho mierda hace mucho tiempo. — ¿No es así, Taehyung? — cuestionó, con una gran burla en su rostro.

Había olvidado lo mucho que odiaba su manera de comportarse.

Aún así estuviste apunto de casarte con ella — habló mi consciencia.

Solté todo el aire acumulado con disimulo. Sin demostrar algún tipo de emoción en el rostro antes de responder.

— Dejala pasar — mi secretaria me miró dudosa por algunos segundos hasta que finalmente se hizo a un lado. No obstante, fue lo que menos me importó, ya que la expresión en el rostro de Hanna, me fastidio lo suficiente.

— Ya oíste — bufó la rubia, mirando a mi secretaría como si se tratará de una sanguijuela.

Con el profesionalismo que siempre se manejaba la mujer que era mi mano derecha desde hace varios años. Salió de la oficina en silencio, no sin antes dejarme en claro que la llamará en caso de necesitar algo.

En el momento que la puerta se cerró y me quedé completamente solo, con el fantasma de mi pasado. Me recrimine mentalmente por haber aceptado. Aún así, no podía retractarme ante el demonio de cabello rubio frente a mí.

— ¿Y bien? ¿No me ofrecerás sentarme? — inquirió indignada.

Manteniendo la calma, me resistí por no poner los ojos en blanco. Y en lugar de eso, señale las sillas acolchonadas frente a mí escritorio, invitándola a tomar asiento muy a la fuerza.

Observé atentamente sus movimientos, con todos mis radares en alerta.

— ¿Qué es lo que quieres? — pregunté sin tapujos.

— ¿Así es como recibes a tus visitas? Joder, si que has perdido tus modales — chilló, fingiendo estar indignada, una vez más.

Rodé los ojos.

— No tengo tiempo para tus teatritos y creó recordar que te lo dije la primera vez que viniste aquí.

— No pensé que lo dijeras en serio — se encongio de hombros, restándole importancia. — Sabía que estarías molesto de verme, pero esperaba que él día de hoy, al menos te mostraras un poco más humilde.

Una risa burlona brotó de mis labios.

— Voy a preguntarlo por última vez... ¿Qué es lo que haces aquí, Hanna? — su sonrisa se ensanchó. Sin duda, estaba jugando con mi poca paciencia.

— Extrañaba la manera en la que mi nombre sonaba a través de tu voz.

— Ya fue suficiente — dije molestó, tomando el teléfono sobré mí escritorio para contactarme con mi secretaria. — Llama a seguridad.

— ¡No, espera! — chilló la rubia, alzando sus manos a modo de petición.

Examine su semblante algunos minutos, escuchando los llamados de mi secretaria a lo lejos, antes de ceder una última vez.

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