Mientras abrochaba los botones de mi camisa de vestir, observe mi rostro demacrado y con ojeras. No había dormido absolutamente nada desde que había ido a casa de SeokJin, mucho menos cuando llegue a mi departamento en compañía de Cora.
La discusión que habíamos tenido, no había sido más que el reflejo de mi inseguridad ante la posibilidad de volver a perderla.
A pesar de que me había mantenido conforme con esperar, sabía muy bien que en el fondo de mi corazón tenía miedo de que ella no me eligiera.
Me había comportado como un completo idiota, porque dije cosas que no eran realmente ciertas y que ni siquiera sentía.
Tenía miedo sí, pero decir que Cora solo me estaba utilizando era algo que nunca me paso por la cabeza.
Ella me amaba, podía sentirlo en sus besos, en sus caricias, y en la manera en la que me miraba.
Cuando tomé la corbata pasándola por mi cuello para hacerle un nudo. El insistente toque de la puerta me hizo fruncir el ceño.
Deje a un lado la corbata y mirando la hora de mi reloj, me pregunté a mi mismo quien podría venir hasta mi departamento a las casi 7:00 am.
Rápidamente me dirigí a la entrada y en cuanto abrir la puerta, mi cuerpo entero se paralizó al ver que se trataba de Cora.
Sin dejarme asimilar su presencia, se me fue encima, abrazándome con fuerza del cuello mientras la escuchaba sollozar.
— ¿Qué te paso? — cuestione preocupado al verla en tal estado. Pero, la pelinegra no dijo palabra alguna. Tan solo se aferro con muchísima más fuerza a mí.
Mi corazón latía con fuerza y mis nervios estaban al tope por no saber con exactitud que era lo que estaba pasando.
— Mi amor, dime qué es lo que te pasa — volví a insistir, apartandola de mi camisa empapada por sus lágrimas para poder mirarla a la cara.
Su maquillaje estaba corrido y sus mejillas completamente rojas. La observe con detenimiento asegurando de que estuviera intacta, hasta dar con algo que me perturbo.
Retiré las manos de sus brazos, notando marcas de dedos en su blanquecina piel.
Mi sangre hirvió de inmediato.
— ¿Quién te hizo esto? — pregunté con la mandíbula apretada. Sintiendo como la furia crecía y crecía a cada segundo que transcurría. Desde su posición Cora, lloró con más intensidad. — Voy a matarlo — sentencie, dispuesto a ponerle las manos encima al hijo de puta de Jackson.
¿Cómo se atrevía a tocar a mi mujer?
— Tae espera... — me detuvo, sujetandome del brazo. — Eso ya no importa.
— ¡Claro que importa! — alce la voz. — Mira lo que te hizo... — continúe, lleno de enojo.
— Pero estoy bien — me aseguro, colando sus manos sobre mis mejillas mientras recargaba su frente con la mía. — Y ahora estoy aquí, contigo.
Respiré hondo una y otra vez, para tratar de calmar mis emociones o de lo contrario podría cometer un crímen.
Tome las delicadas manos de Cora, y deposite un pequeño beso en cada una, hasta darme cuenta de un gran detalle.
El anillo de compromiso no estaba.
Abrí los ojos con sorpresa y la mire directamente en busca de respuestas.
Cora asintió, con una pequeña sonrisa en los labios mientras las lágrimas seguían brotando de sus ojos.
Entonces sin pensarlo mucho, la bese, la bese como nunca antes. Sintiendo como todo rastro de enojo se esfumaba para ser reemplazado por felicidad, calida y pura.
— Se convirtió en una persona completamente diferente... — susurro, una vez que nos separamos. — Tenía mucho miedo y lo único que quería era volver contigo.
Volví a atraerla a mí, cubriendola con mis brazos mientras me sentía mal por no haber podido estar a su lado para defenderla.
Entonces fue cuando caí en cuenta de las estupideces que le había dicho antes.
— Mentí respecto a lo de hace rato — le hice saber, separándome un poco de ella para hacerla mirarme.
— Lo sé.
— No, déjame hablar, necesito decirlo — pedí, a lo que acepto, manteniendo silencio.
— Nunca dude de ti, es solo que... temía por nosotros. Tenía miedo de que no quisieras quedarte conmigo y te fueras una vez más — sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas. — Perdoname, dije cosas que realmente no sentía ni creía.
— El que debería perdonarme eres tú — dijo, mientras me sujetaba de las manos. — Por mi culpa y mis berrinches es que estuvimos tanto tiempo separados.
— No tienes la culpa de nada, Cora. Yo también cometí muchos errores — era la verdad. Le había ocultado mi pasado, no había sido sincero con ella desde el principio y había cometido acciones cuestionables que justificaban completamente su reacción.
— Ahora nada de eso importa, ¿Sabes por qué? — negué. — Porque te elijo a ti, siempre a ti y a nuestra vida juntos.
Sin pensarlo, la bese.
Mi corazón estaba lleno de felicidad, una enorme felicidad que solo había descubierto desde que Cora había aparecido en mi vida como un rayo de luz, cálido y brillante.
— Me hiciste esperar demasiado, tonta — dije como pude, sin ninguna intención por dejar de besarla.
Cora se esforzaba en hacer lo mismo.
— Voy a recompensarte todo el tiempo que estuvimos lejos — susurró en mis labios, causandome cosquillas.
Rodeé su cintura con mi brazo izquierdo, mientras que bajaba mi mano restante hasta su bonito y redondo trasero.
— ¿Qué te parece si empiezas desde ahorita? — bromee, dándole un pequeño apretón que la hizo reír.
Aún existían muchas cosas por hacer, y poner a Jackson en su lugar después de lo que le había hecho a Cora, era lo primero que encabezaba la lista. Pero, por ahora, me permitiría disfrutar del asombroso momento que estaba teniendo con la mujer que amaba.
Porque así como ella había dicho que me elegía una y otra vez. Mi corazón también había hecho lo mismo desde la primera vez que la vi borracha en casa de SeokJin.
En ese momento, me prometí a mi mismo que esos ojos intensos me mirarían con amor algún día. Ese era mi pequeño secreto.
Nos habíamos enamorado, nos amamos, nos amábamos y nunca dejaríamos de amarnos.
Porque esa era la vida que quería tener con ella por el resto de mi vida. Una en donde Cora existiera y se quedará junto a mí por siempre y para siempre.
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Estoy chillando 😭
Que hayamos llegado hasta este punto de la historia solo significa una cosa y ustedes y yo lo sabemos muy bien :')