Los labios de Cora, sabían tal como recordaba. Tener la oportunidad de volverla a besar era como estar en la gloria, se sentía muy bien, tanto que no podía evitar cuestionarme si se trataba de una realidad o un doloroso sueño.
Sin embargo, la desesperación de Cora, parecía comprobar que lo que estaba pasando no era producto de mi imaginación.
Empujé su cuerpo contra la pared que estaba justo al lado del ventanal. Bajando mis labios a su cuello para castigar su zona más sensible.
Mis manos comenzaron a moverse por si solas, acariciando sus piernas y levantando poco a poco su corto vestido. Hice a un lado su ropa interior, explorando sus pliegues con mis dedos. Conociendo a la perfección cada uno de sus lugares más sensibles mientras la dulce melodía de sus gemidos me animaba a continuar.
Habíamos estado separados por mucho tiempo, y mi cuerpo estaba consciente de ello. Necesitaba saciarme por completo de ella.
Nuestros besos se tornaron algo torpes por la desesperación, pero eso no importaba. Los dos queríamos lo mismo y ninguno parecía tener la intención de detenerse.
Como pude, desabroche mi cinturón, seguido del botón de mi pantalón de vestir y bajar la bragueta en cuestión de segundos.
Mi virilidad fue liberada de la prisión de mis boxers demostrando lo ansiosa que se encontraba por estar nuevamente en el interior de Cora.
Sobraba decir que tenía la polla más que dura, y ansiosa por sentir la calidez que la vagina de Cora podía otorgarme.
Sin mucho esfuerzo, levanté a la pelinegra entre mis brazos, obligándola a rodearme con ambas piernas mientras se sujetaba con fuerza de mis hombros.
Hice a un lado su diminuta tanga y sin esperar más, me introduje de una sola estocada, robándole un fuerte gemido. Su espalda hacia fricción contra la pared una y otra vez con cada uno de mis movimientos, pero no me importaba en lo más mínimo. Porque no pensaba ser cordial con ella. Pretendía hacerselo como se lo merecía, para poder mostrarle cuanto la había extrañado y lo mucho que me había hecho falta todos estos meses.
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Mientras me acomodaba los pantalones, escuché el sonido de la notificación de mensaje en mi móvil. Buscando el aparato entre mis bolsillos. Fruncí el ceño al percatarme de que no estaba por ningún lado.
Di media vuelta para buscarlo en el suelo, ya que probablemente debió escaparse de mi bolsillo y caer al suelo mientras estaba teniendo sexo con Cora. Sin embargo, en lugar de encontrarlo tirado en algún punto de la pequeña habitación, me lleve una sorpresa al verlo preso de la mano diestra de la pelinegra.
Me miró por algunos segundos, con una mirada que no fui capaz de descifrar. Antes de extender el teléfono hacia mí.
— ¿Qué significa esto? — pregunto, obligándome a mirar la pantalla de mi móvil. Encontrándome con un mensaje de SeokJin.