37. CORA

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Tras llegar al restaurante de siempre y ordenar nuestros respectivos platillos. Mi padre y yo nos sumergimos en una conversación amena como en cada una de las ocasiones en las que podíamos pasar tiempo de calidad como padre e hija.

No obstante, a pesar de prestarme la atención de siempre. En esta ocasión, la evidente insistencia en su móvil fue algo que no pude pasar desapercibido.

— ¿Esta todo bien? — cuestione, al verlo fruncir el ceño mientras parecía estar leyendo un mensaje de texto.

Mi progenitor tardo algunos minutos en responder.

— Emm... solo son asuntos del trabajo — pasó saliva con dificultad. — Déjame hacer una llamada... enseguida regreso — dijo, a lo que me limite a asentir.

La figura trajeada de mi padre desapareció por el pasillo del segundo piso en donde se ubicaban los sanitarios.

Di un vistazo a mi alrededor, soltando un pesado suspiro, recargando mi espalda sobré la silla mientras el cúmulo de emociones guardadas, comenzaban a dar señales de querer salir a flote.

La conversación que tuve con Nika por la mañana, me había hecho reflexionar mi situación con Taehyung, de una manera que antes no había sido capaz de ver.

Tal vez, mi mejor amiga tenía razón.

Sentir algo por alguien no estaba mal.

Aún así, no era sencillo para mí. No lo era, porque desde que mi madre había partido de este mundo, el dolor de su ausencia era algo que en la actualidad todavía no había sido capaz de superar. Y el simple hecho de que un hombre como Kim Taehyung hubiera hecho de las suyas para hacerme sentir amor por alguien más que no fuera mi padre, era algo que me tenía fuera de mi zona de confort.

A pesar de mi corta edad y de la poca experiencia que pudiera tener en el ámbito del amor. Podía asegurar que ningún hombre con el que me hubiera relacionado en el pasado. Fue capaz de hacerme sentir algo similar a lo que mi corazón y cuerpo sentía cada vez que tenía la imponente figura de Taehyung frente a mí.

Era cierto que la diferencia de edad era evidente. Él era prácticamente un hombre con la vida resuelta. Una persona que ya había vivido y pasado por cientos de relaciones amorosas, hasta llegar al punto de comprometerse en el pasado. Y puede que su experiencia sea un punto a favor o en contra para lo que se supone que tenemos. Ya qué, su madurez sería algo que podría comprender mis arranques de juventud, así como, también podría chocar totalmente.

Salí de mis pensamientos en el momento que la comida llegó frente a nuestra mesa. Le agradecí al mesero con amabilidad y mirando nuevamente el pasillo por el cuál mi padre había desaparecido, hice una pequeña mueca de disgusto al notar que ya había tardado demasiado en aquella llamada.

Bebí un poco de mi copa de vino dándole un par de minutos más de tiempo para volver y así poder comenzar a compartir nuestros alimentos juntos. Y tal parece que mi paciencia no tuvo que durar mucho, ya que mi progenitor se hizo presente sentándose en su lugar al cabo de unos minutos más.

— Lo siento... era una llamada muy importante que no podía posponer — se disculpo de inmediato, tomando una de las servilletas de tela para colocarla sobré sus piernas.

— Está bien — me encogi de hombros restándole importancia al tomar el tenedor para pinchar un trozo de mis verduras cocidas.

Mi padre me sonrió con su característico gesto, a pesar de que su semblante se sentía un tanto extraño.

Sin embargo, no quería sonar pesada al querer saber que era lo que verdaderamente sucedía. Me preocupaba el hecho de que estuviera teniendo problemas en la empresa porque eso era algo que lo ponía de muy mal humor y lamentablemente la única persona que lograba hacer que todo su estrés se esfumara como magia, tristemente ya no estaba.

Una sonrisa melancólica se forma en mi rostro al recordar la imagen de mis padres sonriendo juntos mientras se abrazaban con amor. Lo que me lleva a soltar aquello que había estado repasando en mi mente una y otra vez.

— Papá... — llame su atención, haciendo que dejará de comer para poner toda su atención en mí. Y con solo mirarme supe que era libre de decirle lo que desee. — Estaba pensando... que como el aniversario de mi madre es dentro de unos meses... podríamos hacer una donación a una fundación contra el cáncer en su honor y a su nombre.

Mi padre permanece quieto, analizando mi propuesta por algunos minutos.

El tema es algo muy complicado para ambos, y eso lo sabía muy bien.

— Me parece una extraordinaria idea... — respondió trás unos minutos, con una sonrisa. Una que le fue imposible no contagiarme. — Pensándolo bien... ¿qué te parece si organizamos un evento en la empresa y tú eres la encargada de organizar todo como reflejo de tu primer movimiento como futura cara de la empresa?

Engrandeci los ojos de inmediato.

— ¿Yo? — mi padre asintió. — Ni siquiera se si soy capaz de hacer algo tan grande como eso — confesé con sinceridad.

Mi padre me sonrió con ternura y me tomo de la mano sobré la mesa.

— Eres capaz de hacer cualquier cosa que te propongas, princesa — ejerció un pequeño apretón sobre mi mano.

Aparté mis ojos de los suyos y miré la unión de nuestras manos, sintiendo el calor fraternal de mi padre. Llenándome de vitalidad con su amor sincero y puro hacía mí, el cual se había dedicado a demostrarme durante toda mi vida, en especial en los últimos 3 años, tras la perdida de mi madre.

Kim SeokJin, no era solo un exitoso empresario, también era un hombre que me había dado la mejor educación y todas las herramientas para convertirme en lo que era hoy en día. Y eso, era algo de lo que siempre le estaría agradecida de por vida. Porque, mi padre, merecía lo mejor del mundo. Merecía ser feliz y yo en verdad esperaba que en algún momento fuera capaz de encontrar aquello que hiciera que su corazón volviera a sentir calidez.

 Merecía ser feliz y yo en verdad esperaba que en algún momento fuera capaz de encontrar aquello que hiciera que su corazón volviera a sentir calidez

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Muy pronto se nos viene el drama de la historia, así que prepárense 👀

Con este capítulo, ya son 3 en que nuestros protagonistas no interactúan y mi ansiedad está a tope 😂

¿Les pasa lo mismo?

INDECENT © KTHHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora