Permanezco en silencio observando a Jackson y a su padre preparar todo para encender la chimenea.
El clima de hoy era perfecto para permanecer arropado entre la comodidad de tu cama. Así que, no podía negarme a sentarme frente al calor del fuego con una taza de chocolate caliente.
— ¿Todo está bien querida? — me pregunta la madre Jackson.
Con cuidado, aparto la mirada de los dos hombres frente a mí, para mirarla a ella.
Wang Jina, seguía siendo una mujer muy atractiva a sus cincuenta años. Con facciones delicadas pero definidas, las cuales le había heredado en su totalidad a su primogénito.
Verla, me hacía tratar de imaginar cómo luciría mi mamá a su edad.
Una pequeña punzada atraviesa mi corazón, y haciendo a un lado el sentimiento de tristeza. Pongo la mejor sonrisa del mundo para responder.
— Por supuesto.
La mujer asiente y recargando sus brazos sobre la barra, mira a su esposo e hijo con una enorme sonrisa en el rostro.
Un sentimiento extraño se forma dentro de mí pecho y no tardo en descubrir que se trata de algo totalmente ajeno para mí.
Una familia completa.
Tomo un poco de aire con disimulo, tratando de sobrellevar la incomodidad que siento justo ahora.
Los Wang, eran como una segunda familia para mí. Eso era cierto, me conocían desde que yo era una niña, incluso desde que papá se casó con mamá. Siempre habían sido muy amable con nosotros, y sus inversiones con mi padre habían sido parte fundamental del imperio que ahora poseiamos los Kim. Sin embargo, a pesar de sentirme en familia, no podía evitar sentirme triste por todo lo que había pasado.
— Jackson esta muy feliz de tenerte aquí — suelta de la nada, sacándome de mis pensamientos. Hago contacto visual con ella por algunos segundos, tratando de entender lo que sus ojos parecen querer gritarme. — Él ha estado enamorado de ti todos estos años, Cora — confirma, haciéndome pasar saliva con dificultad.
— Jina...
— Se bien que ya tenías conocimiento de ello — añade, mirando a su hijo con ternura. — Todo el tiempo habla de ti.
— Yo... — intento decir algo, pero las palabras parecen no querer salir.
La mujer me mira de nueva cuenta.
— Jackson es demasiado noble como para intentar arruinar su amistad contigo. Pero, como su madre, no puedo quedarme de brazos cruzados — dice, y no puedo ni siquiera juzgarla. Entiendo su sentimiento o al menos trato de hacerlo. — Eres como una hija para mí, Cora. Y en verdad, me gustaría que un día llegarás a ser parte de mi familia.
Dicho eso, se aleja de mí como si nada. Acercándose a su marido para darle un pequeño abrazo. Acaricia la mejilla de Jackson y casi como si se tratara de una señal, él susodicho, gira su rostro hacia mi dirección, sonriéndome con calidez.
Una que me confirma cada una de las palabras de Jina.
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