Capítulo 5

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PRESENTE

Suspiré apoyando el cuello en el borde de la bañera cómodamente.

No sabía cuánto tiempo llevaba con el cuerpo bajo el agua caliente, pero me sentía muy a gusto y relajada. Saber que después tendría que ir a una cena que no esperaba, me había puesto muy nerviosa y en tensión.

No me malinterpreteis, la familia Beaumont no eran unos monstruos. Es más, Joselyn me caía muy bien, a diferencia de su madre.

Abrí los ojos en cuanto sentí una leve presión sobre mis labios sobresaltándome.

-Hola.

-Hola... Me asustaste... –Murmuré viendo cómo se desvestía para meterse en la ducha frente a mí.

Me hubiese gustado preguntarle cómo estaba, qué tal le había ido el día y todas esas preguntas que una mujer le hacía a su marido al llegar a casa, pero ninguna de ellas había salido de mi boca.

No podía pronunciarlas al ver semejante semental duchándose frente a mí como si yo no estuviera allí.

Me dio la espalda mientras se pasaba las manos por el pelo bajo la cascada de agua que sobresalía de la parte alta de la pared exhibiendo sus músculos y glúteos.

Afortunadamente, ninguno de los dos tenía pudor a estar desnudo frente al otro. Ya no, ¿para qué? Nos habíamos acostumbrado a la presencia del otro muy rápidamente.

Además, si no hubiese sido así, ahora mismo no tendría la oportunidad de observarlo descaradamente.

Dorian era uno de esos hombres que estaban bien ejercitados, pero sin pasarse demasiado. Lo suficiente para estar en forma y sentirse bien con uno mismo.

Volvió a ponerse de cara a la cascada y de perfil a mí mientras se enjabonaba.

Piel bronceada, abdominales bien marcados... Podría seguir describiéndolo de cintura para abajo, pero esa parte mejor me la reservaba solo para mí.

Todo en él era de buen agrado para la vista del ser humano, y yo me sentía muy afortunada de que fuera todo para mí.

-¿Qué tal el día?

-Bien... –Musité escuetamente. Mi día no había cambiado mucho desde la última vez que hablamos por teléfono, cuando lo había llamado para comunicarle lo de la cena. –Me hubiese gustado ir a cenar fuera, a un restaurante, pero al menos hoy sí que lo podemos hacer juntos...

-No empieces de nuevo con eso. –Me encogí de hombros mientras que él fruncía el ceño cerrando el contacto del agua.

Adiós a mi espectáculo visual.

Cogió una de las toallas blancas que habían colgadas junto a la ducha para secarse un poco por encima con ella antes de amarrarsela a la cintura.

Acto seguido, agarró otra y enseguida supe que era para mí.

Me ofreció la mano para poder salir de la bañera antes de comenzar a secarme con la toalla.

-Sabes que esto lo puedo hacer yo...

-Y tú sabes que a mí me gusta hacerlo. –Medio sonreí dejándolo hacer.

Era cierto, las pocas veces que nos bañábamos juntos siempre me colmaba de atenciones, y las otras tantas que coincidíamos como hoy, también lo hacía, y a mí me gustaba.

Sin añadir nada más, cogió la loción corporal que había sobre la estantería para aplicarsela en la mano y extenderla por mi cuerpo.

Empezó por mis hombros, luego los brazos, y finalmente mi torso.

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