PASADO
-¿Estas entonces? –Asentí con la cabeza.
-¡Muy bien! Os las haremos llegar en cuanto estén listas. Muchas gracias por confiar en nosotros, señor Beaumont.
La mujer toda sonrisas se despidió cargando su gran maletín plegable hasta la puerta de casa seguida por Dorian.
Casi dos horas habíamos estado decidiendo cuales eran las mejores alianzas para la boda.
Todas las que no me gustaban a mí le gustaban a Dorian, y las que le gustaban a él no me gustaban a mí.
Nos había costado encontrar un término medio, pero lo habíamos logrado. Y aunque él no estaba del todo de acuerdo con las que yo había propuesto, había terminado cediendo.
-Mira a quien me he encontrado en la entrada...
-¡Hija! –Abrí los ojos sorprendida al ver a mi madre.
¿Pero qué hacía aquí? ¿Y qué hacía abrazándome después de como había acabado nuestro último encuentro?
-Coincidí con la encantadora chica de la joyería que salía de aquí. ¡Qué gusto ver que ya estáis planeando la boda! –La mirada que me lanzó no pasó desapercibida para mí, pero tampoco para Dorian. –¿Ya tenéis fecha?
-Aún estamos en...
-Sí. –Afirmó él dejándome casi boquiabierta.
-¡Maravilloso! ¿Y puedo saber el día? ¡Necesito planificar mi agenda hasta la fecha!
-La descubrirás en breve en la invitación. –La sonrisa alegre que mamá le estaba dando hacía que mi corazón se encogiera cada vez más.
¿Cómo era capaz de estar feliz sabiendo lo que le había dicho? Es decir, mis pensamientos desde aquella discusión habían cambiado mucho, casi radicalmente, pero eso ella no lo sabía.
Para ella seguía siendo una cría malcriada obligada a casarse con alguien para beneficio de ellos.
-También tenemos que ir a mirar los vestidos, hija.
-No hace falta. Ya está todo en orden.
Juro que el pan subía cada vez que Dorian hablaba.
¿Pero se puede saber qué diablos estaba haciendo? ¿Por qué afirmaba cosas que aún no habían pasado?
-Oh, pues... Fenomenal. –Se limitó a decir mamá ante la seriedad de Dorian. –Bueno, pues... Sí necesitáis ayuda con...
-No, gracias. –Evité sonreír ante la cara ofendida de mi madre. –Y si nos disculpa, señora Pearson, mi futura esposa y yo tenemos asuntos de los que ocuparnos.
-C-claro... De todas maneras, ya me iba... –Dorian asintió llamando a Mauricie.
-¿Sí, señor?
-Acompaña a la señora Pearson a la salida, por favor.
-Por aquí, si es tan amable. –Mamá le sonrió falsamente a Dorian antes de lanzarme una mirada incrédula a modo de despedida.
-Ah, y señora Pearson. –La hizo frenar Dorian antes de que cruzara el umbral del salón. –No olvide la próxima vez avisar que vendrá a visitarnos. No soporto las visitas imprevistas.
Dicho esto, se cruzó de brazos a la espera de verla desaparecer de nuestras vistas.
-¿Qué ha sido todo eso?
-¿El qué?
-Todo eso. –Volví a decir alzando las cejas. –Solamente hemos elegido los anillos, Dorian. ¿Por qué mentir sobre la fecha o el vestido?
-Ah, sí... ¿Te molesta que te haya ayudado a librarte de tu madre? –Sus palabras me sorprendieron tanto o más que todas aquellas que se había inventado. –No me mires así, Leanne. No soy tonto, aunque a veces pretenda serlo. ¿Crees que no iba a darme cuenta de las miradas que te echaba? Esa mujer sigue queriendo controlarte y no se da cuenta de que ya no eres su responsabilidad. No sé da cuenta de que ya no eres la misma chica que dejó su hogar de la infancia para vivir en lo desconocido.
Dicho de esa forma...
Suspiré en cuanto sus dedos apartaron un mechón rebelde de mi cara.
-No te habrás dado cuenta, pero tu actitud ha cambiado mucho aunque solo haya pasado un mes desde que viniste, y tu madre lo sabe. Por eso quiere estar cerca. Quiere que todo salga como ella tenía planeado.
-Y todo está saliendo así...
-¿De verdad lo crees? –Me encogí de hombros. –Porque yo diría que no. Claro que no. Ahora mismo debe estar maldiciendome por echarla de casa, por no dejarla llegar hasta ti, por no dejar que siga manipulandote a su antojo.
-La última vez me dijo cosas muy duras... –Confesé por fin dejando caer la cabeza hacia delante para apoyarme en su pecho con los ojos cerrados. –Fue cuando me di cuenta que no era la persona que yo creía que era. Ya no era... Mi madre.
-¿Y algún día lo fue?
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Moneda De Cambio
Romance-Tus padres me habían dicho que eras muy reservada, pero nunca imaginé que tanto... -¿Y qué más te contaron? -¿Qué? -Eso no se lo esperaba. -Qué que más te contaron. Porque conociéndolos, se habrán inventado unas cuantas más cosas lejos de la rea...
