Capítulo 21

592 45 2
                                        

PRESENTE

Observé la lluvia caer desde el balcón de la habitación del bebé.

Aún no habíamos empezado a decorarlo, pero ya tenía algunas ideas en mente para ello. Sobre todo las paredes, que tenían que ser azul cielo porque era uno de mis colores preferidos.

Notando el frío que ya empezaba a hacer en la habitación, me abracé a mí misma delante del balcón.

En momentos como estos era cuando echaba de menos a mi abuela. Ver la lluvia me trasportaba a un mundo pacífico y me hacía sentir que estaba a su lado.

-Ojalá pudieras estar aquí para ayudarme cuando el bebé nazca... ¿Y si no soy buena madre? –Le pregunté al aire sabiendo que no obtendría respuesta de su parte.

Nunca me había parado a pensar en lo que un bebé te cambiaba la vida. Nunca me había dado tiempo de pensarlo, claro. Desgraciadamente, las veces anteriores que nos habíamos enterado de que estábamos en la dulce espera también nos habíamos llevado un chasco a lo largo de las semanas descubriendo su perdida.

Mi abuela me había acompañado en la primera ocasión. Aún recordaba las palabras tan cariñosas y alentadoras que me había dado incluso aunque no quisiera ver a nadie.

Para mí ese momento fue muy desagradable y devastador enterarme de la noticia. Era mi primer bebé, mi primera ilusión...

-Aquí estás. –Sonreí en cuanto sus brazos me rodearon tiernamente. –Vas a ponerte enferma como sigas aquí delante sin nada para abrigarte...

-Estoy bien. –Afirmé agarrándome a su mano izquierda como si tuviera miedo de que desapareciera. –Sabes que adoro la lluvia.

-La lluvia, pero no el frío. –Ninguno de los dos quiso añadir nada más y por unos minutos nos quedamos en silencio observando el paisaje frente a nosotros.

Compartir momentos como estos con Dorian eran únicos. Normalmente me regañaba por hacerlo, como ahora, pero respetaba mis momentos de tranquilidad.

-¿Por qué no salimos a dar una vuelta? Hace mal tiempo, pero eso no implica que no podamos movernos por la ciudad.

-¿A dónde propones ir? –Giré la cabeza hacia un lado para poder observarlo.

-A donde tú quieras. ¿Por qué no ir a tomar chocolate?

-Hmm... Es muy tentador... –Sonrió antes de dejar un beso en la punta de mi nariz. –Me has convencido.

-¡Muy bien! Yo ya estoy listo.

-Espera unos segundos más... – Murmuré volviendo la vista al balcón. –Solo un momento más.

No respondió, pero tampoco se apartó dándome a entender que aceptaba mi propuesta.

Dejando que otra ráfaga de aire nos envolviera, me llevé su mano izquierda a mi boca para besar aquella parte de su muñeca que tanto me gustaba.

Al principio lo había tachado de loco e insensato, pero sus locuras me habían hecho quererlo aún más. De estar feliz con la decisión que había tomado con mi vida.

§§§

-¿Por qué me miras así? –Pregunté después de dejar mi taza de chocolate sobre la mesa.

Por su parte, extendió la mano sobre la mesa para que le diera la mía y así hice. 

Su pulgar acarició el anillo de compromiso delicadamente antes de hablar.

-Elegí este anillo porque me recordaba mucho a ti. Es más, lo veo y sigue siendo perfecto. Tan delicado y puro...  Como tú. –Sonreí tontamente.

-¿Imaginaste alguna vez esto? – Pregunté sin dejar de observarlo. – ¿Imaginaste alguna vez estar así conmigo? Bueno, no conmigo, ¿con otras mujeres?

-Soy un lobo solitario, amor. A la vista está. –Rodé los ojos.

-Eras. –Corregí. –Ahora mismo estás disfrutando de mi compañía.

-Es cierto. Disfruto de tu compañía, pero eso no significa que siempre me guste estar acompañado. Me crié solo en un mundo de empresarios que hicieron que me convirtiera en quién soy hoy.

-Incluso ellos tienen la necesidad de formar una familia, Dorian. Ya sea por tener herederos o por el motivo que sea, pero siempre terminan formando una familia.

-¿Crees que estoy contigo por tener herederos?

-Al principio sí... –Confesé casi temerosa de que mi respuesta lo enfadara. –Pero ahora ni se me pasaría por la cabeza. Me dolería descubrir que fuera todo lo contrario...

-Y a mí no me sorprende que llegaras a pensar eso. Admito que no me porté demasiado bien cuando nos conocimos... Pero creo haber cambiado con el tiempo...

-Has cambiado. –Aseguré entrándome unas ganas tremendas de besarlo. –Y yo también lo he hecho. Ambos hemos cambiado junto al otro.

-Hemos madurado. –Sonreí asintiendo de acuerdo con él. –Y seguiremos cambiando por el bebé también.

-Solo te pido que no desaparezcas, Dorian. –Me miró sin comprender. –A mí me dan igual tus ausencias. Puedo con ellas aunque no me gusten, pero no quiero que el bebé las sienta. No quiero que se sienta ignorado por su padre...

-¿Te sientes ignorada por mí? –Su mirada reflejó la misma confusión que expresaban sus palabras.

En ocasiones sí. Por eso digo que puedo manejarlo, pero un niño no podría...

-Nunca quise que te sintieras así. Tenías que habermelo dicho antes. – Negué con la cabeza sonriendo.

¿Cuando se supone que se lo tenía que decir si no le gustaba que le echaran las cosas en cara?

-Joder, y yo creyendo que había cambiado...

-Y lo has hecho. –Eché la silla para atrás para sentarme en la que estaba a su lado. –No quería que te sintieras así... No lo hago para que te sientas así, Dorian. De los errores se aprenden, y aún quedan casi seis meses para enmendarlos.

-Eso haré. –Aseguró sellando su promesa con un beso sobre mi anillo.

Pero desgraciadamente, me hubiese gustado creer en sus palabras.


Moneda De CambioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora