PASADO
"Sí, quiero"
Esas dos palabras aún resonaban en mi cabeza como un eco de nunca acabar.
A partir de ahora dejaba de ser la señorita Pearson para convertirme en la señora Beaumont.
Todos los invitados nos felicitaban felices por nuestro enlace. Todos parecían felices de verdad, incluso aquellos familiares de Dorian que aún no había tenido la oportunidad de conocer y que había conocido ese mismo día.
Todos se alegraban por nosotros. Todos excepto mis padres, que solo se alegraban por ellos mismos.
No me creí ni un abrazo de mi padre ni una lágrima de mi madre. Para ellos aquel día solo significaba la firma a que su estilo de vida y su empresa se mantuvieran en pie.
Me odie por ayudarlos en aquellos momentos. Me odie por haberme dejado engañar por sus palabras, incluso me odie por haber sido su moneda de cambio... Pero cada vez que mis ojos se posaban sobre Dorian, sobre mi recién marido, me sentía en paz y completa. Igual era él a quien necesitaba para que me rescatara de las garras de mis padres.
-Leanne...
-¿Hmm?
-¿En qué estás pensando, cariño? ¿Te hice daño? -Giré sobre la cama hasta quedarme de cara a él boca abajo. Su mirada preocupada solo me incitaba a que le arrancara la sábana que cubría su desnudez para...
Contrólate, Leanne.
-¿Conóces esa sensación de probar algo nuevo y no querer más que comer solamente eso? -Su semblante se relajó mirándome ahora más divertido. -Pues así me siento yo ahora... ¿Es normal?
-Claro que es normal. -Sonrió. -Pero también es normal descansar, ¿sabes? Vas a dejarme exhausto y solo es el primer día... -Mis mejillas se tornaron rojas a más no poder.
¿Cuántas probabilidades habían de que una se convirtiera adicta a algo en menos que cantaba un gallo?
Después de pasar unas cuantas horas con los invitados, sacarnos fotos, escuchar los discursos de nuestros padrinos y partir la tarta, decidimos que ya era hora de retirarnos.
Esa noche, la tan esperada noche de bodas, la pasaríamos en una suite del mejor hotel de la ciudad. Realmente nos alojaríamos allí hasta la noche siguiente, cuando por fin pondríamos rumbo hacia nuestra luna de miel.
El destino era todo un secreto para mí, Dorian no quiso relevarme nada para que fuera sorpresa.
El sol comenzaba a colarse por los ventanales de la habitación dando paso a un nuevo día, y a pesar de que anoche no había dormido mucho, me sentía enérgica y pletórica. Desbordaba adrenalina por todos lados sin haber bebido siquiera una taza de café.
De anoche no tenía mucho que hablar... O sí, tenía mil y unas palabras que decir sobre lo que había vivido y sentido.
No podía decir ninguna mala porque no las había. La ternura y el cuidado que había sentido por parte de Dorian habían sido infinitas.
Me había imaginado muchas veces como sería mi primera vez. Cómo sería compartir un acto tan íntimo con otra persona. Cómo sería sentir todas y cada una de las sensaciones que harían vivir a mi cuerpo, y debía decir que habían superado con creces mis expectativas.
Creí que sentiría vergüenza de antemano. Dorian ya era un hombre muy experimentado a diferencia de mí, que malamente lo poco que conocía sobre este tema era a base de los libros que había leído a lo largo de mi vida o lo que él me había enseñado en nuestra corta relación.
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Moneda De Cambio
Romance-Tus padres me habían dicho que eras muy reservada, pero nunca imaginé que tanto... -¿Y qué más te contaron? -¿Qué? -Eso no se lo esperaba. -Qué que más te contaron. Porque conociéndolos, se habrán inventado unas cuantas más cosas lejos de la rea...
