Capítulo 22

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PASADO

-No entiendo porqué tengo que seguir aquí. Ya estoy perfectamente.

-Eso no es verdad, señora Eloise.

Sonreí mientras seguía escuchando a mi abuela refunfuñando a diestro y ciniestro.

Asomé la cabeza en el umbral de la puerta y pronto no tardaron en notar mi presencia.

-Leanne, quiero volver a mi casa. – Dayana rodó los ojos antes de dejarnos a solas.

Ambas, tanto mi abuela cómo ella, se habían estado quedando en casa para su mejoría. Por eso, y porque me apetecía compartir unos días enteros con ella.

-¿No quieres que pasemos más tiempo juntas?

-Claro que sí, pero también extraño mi casa. –Sonreí tumbándome sobre la cama para apoyar la cabeza en su regazo.

-¿Puedes acariciarme como cuando era pequeña?

-Claro, hija... –Sus manos empezaron a acariciarme el pelo relajadamente.

No fueron hasta unos minutos después de un agradable silencio que mi abuela volvió a hablar.

-¿Estás segura de lo que estás haciendo? –Suspiré abriendo los ojos, pero sin moverme sabiendo el tema que volveríamos a tocar.

No iba a mentirles, se había enfadado un poco mucho enterarse la última de que iba a casarme con Dorian. Ella no entendía que tanta prisa teníamos para ello, pero tampoco me atreví a decirle el verdadero motivo de esta boda.

-No me malinterpretes, hija. Dorian ya es un hombre hecho y derecho. Muy maduro y con casi media vida recorrida ya...

-Aún le quedan casi quince años para llegar a los cincuenta, abuela.

-¿Y te parece poco? –Volví a suspirar. –No es por meterme, Leanne, pero podría ser tu padre...

-Abuela... –Murmuré incorporándome para mirarla a los ojos. –Dorian y yo... Solo hemos compartido unos cuantos besos...Mentira, pero no iba a confesarle nada más.

-No me refiero a eso, Leanne. No entiendo que tenéis en común para querer casaros tan apresuradamente.

-Dorian es muy bueno conmigo. –Lo defendí casi sin pensarlo. –Sabe respetarme y me cuida mucho. Tenemos muchas más cosas en común de lo que podrías imaginar.

-Hmm... No sé yo... Espero que esto lo hagas porque de verdad estáis enamorados y no por algún tejemaneje de esos de tu padre y su mujer. –Volví a retomar mi postura anterior evitando su mirada.

Papá y ella no tenían muy buena relación a pesar de ser su único hijo. Ella siempre decía que era debido a mi madre. Qué ella había sido la responsable de alejar a su hijo de ella, pero qué conmigo no iba a conseguirlo.

Antes no le daba importancia a esas cosas, pero ahora que había visto otra cara de mamá... Estaba más de parte de la abuela.

-No te preocupes, abuela...

-Está bien. Debes ayudarme a elegir un vestido de pantalón y chaqueta entonces, ¿eh? Y un tocado muy grande también.

-Encantada. –Sonreí volviendo a sentir sus manos en mi pelo. –Oye, abuela... ¿Conocías mucho al padre de Dorian?

-Un poco, sí, por los negocios que tu abuelo, en paz descanse, empezaba a hacer con él. De vez en cuando los recibíamos en casa a él y a su hijo.

-¿A Dorian?

-Sí... Era un crío por ese entonces. No tenía la misma edad que tu padre, pero se llevaban bien.

-Hmm... –Me hubiese encantado verlos juntos a esa edad.

-Es más. Creo que en casa tiene que haber alguna foto por ahí... Recuérdame buscarlas cuando vayas a casa.

-Lo haré. Me muero de curiosidad...

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