PRESENTE
Me lavé las manos antes de pasármelas por el cuello de manera refrescante.
Me había dado un leve mareo que había hecho que me viniera al baño corriendo con ganas de vomitar, pero finalmente no lo había hecho.
-¿Todo bien? –Miré en su dirección antes de encogerme de hombros.
-Todo perfectamente, gracias.
-Leanne... –Lo esquivé no queriendo compartir espacio con él, pero su mano me detuvo. –Ha pasado una semana...
-¿Y? Pues otra semana más que seguiré enfadada. –Me solté de su agarre lentamente.
Lo menos que quería era que alguno de los invitados se diera cuenta de nuestro trato en aquellos momentos.
Lo que debía ser un día feliz porque por fin conoceríamos el género de nuestro bebé, se estaba convirtiendo en un verdadero calvario. Y no solamente por mi enfado con Dorian.
A mi cuñada no le había faltado de nada a la hora de organizar la fiesta. Habían tantas personas invadiendo nuestro jardín, que incluso tuvimos que amarrar a los perros para que no se acercaran a los invitados.
Yo no estuve nada de acuerdo con aquello. Belial y Boston también eran parte de esta familia, y a quien eso no le gustase ya podría marcharse, pero todos no pensaban como yo.
-¿Qué más tengo que hacer para que estemos como antes? –Me crucé de brazos sin dejar de mirarlo.
Realmente lo que tenía eran ganas de abrazarlo y besarlo, pero tampoco quería parecer una blandengue y perdonarlo a la primera de cambio.
Lo que me había hecho no me había gustado ni un pelo, pero también era verdad que había pasado una semana...
Fui a abrir la boca para decirle que no tenía que hacer nada más porque ya estaba perdonado, pero una desagradable voz hizo que la cerrara quedándome alucinada.
-¡Dorian!
¡¿Pero quién diablos había invitado a la muñeca de porcelana?!
-Buenas tardes. –Saludó Héctor llegando a nuestra altura mientras que Marianne se agarraba al brazo de mi marido. –Pensábamos que llegábamos tarde.
-No, aún no hemos descubierto el pastel.
-¿Qué hacéis aquí? –Pregunté intentado no sonar tan maleducada.
No me hacía nada de gracia tenerlos en un día tan especial como lo era este, y menos sabiendo que mi padre también estaba entre los invitados.
¿Cómo iba a tomarse que el posible comprador de su empresa estaba en el mismo lugar que él?
-¡Mason nos invitó! –¿Mason? ¡Iba a matarlo!
-¿Todavía estás preocupada por lo de la empresa de tu padre? –Se dirigió Héctor a mí. –Te habrá dicho ya que hemos llegado a un acuerdo, ¿no?
-¿Cómo? –Ya estaba volviéndome a dar mareo.
¿De verdad habían llegado a un acuerdo? ¿Y mi padre se había dejado convercer? ¿Pero esto que era? ¿Se estaban riendo de mí?
-Tu padre aceptó la oferta de Héctor con los ojos cerrados, Leanne. Y si no te lo dije antes era porque quería esperar hasta después de la fiesta. – Dorian lo miró mal por haber abierto la boca.
-¿Tenía que ser un secreto? –Preguntó confundido el susodicho en nuestra dirección.
Quise gritar y echarlos a todos de mi casa. Por un momento me vi tentada en dar por terminada la velada y encerrarme en mi cuarto a llorar.
No podía creer que el motivo por el cual yo tenía la vida que tenía ahora hubiese dejado de ser importante. ¡Joder, que había preferido esa dichosa empresa mil veces más antes que a mí y ahora resulta que se la vendía al mejor postor!
-¡Aquí estáis! –Joselyn apareció en medio de tanta tensión con una sonrisa de oreja a oreja en la cara con su bonito vestido azul celeste. –¡Ya es la hora! ¡Vamos!
Se enganchó de mi brazo para arrastrarme con ella al jardín trasero sin percatarse de mi estado de ánimo o de la tensión que había en aquella habitación.
Ya no tenía ganas de estar allí. Mi alegría se había esfumado de un plumazo y lo último que quería hacer era fingir delante de los invitados, pero tuve que hacerlo.
Tuve que poner mi mejor sonrisa ante los ojos que nos observaban delante del photocall que Joselyn había preparado con unas grandes letras de neón con las palabras “girl or boy”, pero la cosa no había quedado ahí.
Nos había hecho vestirnos a todos de un color, rosa o azul, exceptuando Dorian y yo, que podíamos llevar ambos colores puestos.
Fueron Mason y Joselyn los encargados de agarrar aquellos cañones de confetis que nos revelarían el sexo del bebé, por lo que no tardaron en explotarlos haciendo que muchos papelitos rosados volaran por los aires hacia todos lados.
La gente aplaudía eufórica y gritaban felicitaciones mientras que Dorian no hacía más que estrecharme entre sus brazos sin dejar de sonreír.
Fue cuando me permití llorar a lágrima suelta, pero mi alegría no era el único motivo de ese llanto.
Estaba feliz por poder ponerle al fin nombre a mi bebé. Mi pequeña niña... Pero no podía evitar llorar también por todo lo que había tenido que vivir hasta llegar a este momento.
Nunca, en mis cuatro embarazos anteriores, habíamos llegado a saber que género era el bebé. Mi cuerpo nunca los dejaba desarrollarse hasta tal punto, por eso también lloraba de rabia que no sabía que aún sentía hacia mí misma.
-Vamos a tener una pequeña princesa... –Susurró Dorian en mi oído antes de mirarme a los ojos. –No puedo estar más contento en estos momentos, Leanne.
-Y-yo también... –Sus pulgares limpiaron mis lágrimas antes de besar la punta de mi nariz. –T-te quiero.
-Y yo a ti, que no te quepa la menor duda de ello.
ESTÁS LEYENDO
Moneda De Cambio
Romance-Tus padres me habían dicho que eras muy reservada, pero nunca imaginé que tanto... -¿Y qué más te contaron? -¿Qué? -Eso no se lo esperaba. -Qué que más te contaron. Porque conociéndolos, se habrán inventado unas cuantas más cosas lejos de la rea...
