PASADO
No sabía cuánto tiempo llevaba llorando a lágrimas sueltas. No sabía cuánto tiempo llevaba mi abuela intentado consolarme del suceso tan desgarrador que había vivido.
-Ya está, ya está, hija... Eres fuerte y joven, ya verás que más adelante todo saldrá mejor.
Ni sus manos acariciando mi pelo hacían que me calmara. Tampoco quería calmarme. No podía en aquellos momentos.
-Míralo desde otra perspectiva. – Prosiguió sentada en el borde de la cama mientras que yo seguía llorando en silencio desde el suelo. –Si el destino no quiso que ese bebé naciera ahora, quizás sea porque aún no es su momento.
-Creo que ya es hora de que nos dejes a solas, Eloise. –Mi mirada se cruzó con la suya en cuanto se acercó a nosotras. –Gracias por hacerle compañía.
-Es mi nieta. Siempre estaré en los buenos y malos momentos. –Mi abuela besó mi cabeza antes de levantarse. –Y recuerda que todo saldrá bien, Leanne.
No la vi marchar, el cuerpo de Dorian me había tapado la visión de la puerta, pero sí que me había fijado en la fea mirada que le había dado a mi abuela.
¿Había oído las palabras que me había soltado antes de que nos interrumpiera? Porque a mí tampoco me habían gustado.
-Levanta, Leanne. –Extendió la mano en mi dirección, pero yo no me moví. –Por favor, cariño. El frío no es conveniente para tí en estos momentos.
-Soy una mala madre...
-No digas eso. –Me agarró por los brazos obligándome a levantarme del suelo. –Lo que pasó no es culpa tuya. Nadie tiene la culpa aquí, en realidad. ¿Cómo íbamos a saberlo? Por eso se le llaman abortos espontáneos.
Cerré los ojos negando con la cabeza mientras que más lágrimas corrían por mis mejillas.
Solo oírle pronunciar la palabra “aborto” en voz alta había hecho que todo lo vivido el día anterior volviera a mi cabeza simultáneamente.
Los dolores estomacales, la sangre en mi ropa interior, el hospital, el diagnóstico del doctor...
Me aferré a su cintura en cuanto sus manos me rodearon el cuerpo estrechándome contra él.
-Tienes que recomponerte y dejarlo pasar. Sé que duele, era nuestro bebé, pero hay que seguir adelante. No puedes dejarte derrotar en la primera batalla.
-Y-yo... No sé... No puedo...
-Sí que puedes, Leanne. Claro que puedes. –Me separó de él para mirarme a los ojos. –¿Cómo no vas a poder? Estoy aquí contigo, y no voy a irme. Vamos a intentarlo una y otra vez hasta que el resultado vuelva a ser positivo.
Mi labio tembló angustiada sin saber que decirle.
Nos habíamos enterado de la buena nueva al regresar de la luna de miel. Nos sorprendimos un poco al principio, ninguno de los dos esperaba enterarnos de que estaba embarazada en tan poco tiempo, pero lo ilusionados que estábamos después había combatido contra todo lo demás.
¿Quién iba a imaginarse que semanas después íbamos a perderlo?
-¿C-cómo puedes tener la sangre tan fría? –Mis palabras entrecortadas debió sorprenderlo por la expresión que puso.
-Uno de los dos tiene que ser el fuerte de la relación, Leanne. Y no voy a negarte que también me dolió lo sucedido, pero no podemos hacer otra cosa. –Pasó sus pulgares por mis mejillas apartando todas las lágrimas. –Y ahora sonríe, por favor. No me gusta verte en este estado. Piensa en tí, o en nosotros.
Mi mano voló instintivamente hasta su muñeca en busca de aquella palabra tatuada en su piel.
Aquella palabra escrita de mi puño y letra la noche de nuestra boda y que significaba un mundo para mí.
-T-te quiero...
-Yo también, amor, yo también.
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Moneda De Cambio
Storie d'amore-Tus padres me habían dicho que eras muy reservada, pero nunca imaginé que tanto... -¿Y qué más te contaron? -¿Qué? -Eso no se lo esperaba. -Qué que más te contaron. Porque conociéndolos, se habrán inventado unas cuantas más cosas lejos de la rea...
