PRESENTE
-¿Cómo se encuentra, señora?
-Bien. Gracias, Grettel. –Le respondí mientras me acomodaba en la cama. Acto seguido, me ayudó a poner los almohadones a mis espaldas.
La fiesta había durado algo más de lo esperado, pero yo ya no me encontraba con ánimos para despedir a los invitados. En mi lugar, se había quedado Dorian con ellos.
-Debe de estar muy feliz. ¡Va a tener una niña!
-Sí, solo espero que sea más inteligente que yo. –Grettel no pareció encontrarle sentido a mi frase, pero yo sabía muy bien a lo que me refería.
-Ahora ya puede empezar a decorar el cuarto como guste. ¿Es normal que yo también esté ilusionada con ello? – Reí sin poder evitarlo.
-Lo es. No quiero ni llegar a imaginar cómo era de frío este hogar antes de que yo llegara.
-Mucho... Siempre me alegré de que el señor la hubiese conocido. Yo no llevaba mucho más tiempo que usted cuando llegó trabajando aquí, pero los demás me han contado cosas...
-Prefiero no oírlas, Grettel. –Ella asintió no sintiéndose ofendida por ello. –Es mejor que no sepa las cosas que hacía Dorian antes de mi llegada, gracias.
-Mis labios estarán sellados.
Asentí sin poner impedimento ninguno antes de que la puerta se abriera.
-Ya puedes retirarte a descansar, Grettel.
-Como guste, señor. Que tengáis buena noche... Y felicidades nuevamente. –Me sonrió cómplice antes de salir cerrando la puerta tras ella.
-Hay que darle más días libres.
-¿Qué? –Preguntó sin comprender de que hablaba.
-Grettel. Debería salir más. Aún es joven para ello.
-¿Insinúas que se pasa el día encerrada aquí? –Alcé las cejas.
-Eso es lo que hace prácticamente, Dorian. Qué Maurice se sienta bien consigo mismo sin necesidad de formar una familia no significa que los demás también.
-Grettel mantiene una relación con Ronnie.
-¿Qué? –Mis ojos se abrieron como platos mientras que él se desvestía divertido. –¿Desde cuándo?
-Desde hace un año aproximadamente. Fue él mismo quien me lo confesó.
-¿Y eso está permitido?
-¿El qué? ¿Las relaciones entre empleados? –Asentí. –En otras circunstancias lo negaría, desde luego, pero tampoco veo nada de malo en que se diviertan de vez en cuando. Eso sí, como vea un solo fallo en el trabajo de alguno de los dos, saben que estarán de patitas a la calle al siguiente minuto.
-Vaya... –Murmuré aún alucinada.
¿Quién iba a pensar que entre Grettel y Ronnie había algo?
Es decir, no tenía el gusto de compartir tanto tiempo con Ronnie como con los otros empleados porque él se pasaba todo el tiempo en la caseta de seguridad vigilando todo, para eso era el jefe de seguridad, pero me sorprendía que Grettel no fuera capaz de decírmelo.
No estaba obligada a ello, claro, pero era lo más cercano a una amiga que tenía dentro de casa...
-¿Pueden tener hijos?
-¿Qué?
-¿Tiene permitido quedarse embarazada?
-¿Pero qué te piensas que soy yo? ¿Un monstruo? Son libres de hacer lo que quieran, Leanne. Que sea su jefe no me da derecho a entrometerme en sus vidas.
-Grettel está emocionada con el bebé... ¿Crées que quiera tener uno propio?
-¿Y yo que sé? Eso debes preguntárselo a ella.
Así que Grettel y Ronnie... Ahora cada vez que la tuviera alrededor iba a picarme la lengua queriendo saber más sobre su relación.
Ahora que lo pensaba, hacían buena pareja. Ambos tenían más o menos la misma edad. Es más, me sorprendí un poco al ver que el jefe de seguridad fuera tan joven, pero Maurice me había confesado en nuestro tour por la casa que Ronnie era el hijo del anterior jefe y que prácticamente se había criado junto a su padre en la caseta. Eso le daba una mayor experiencia que alguien de fuera no tendría.
-¿A dónde te fuiste? –Miré a mi marido ya sentado junto a mí. –No es para tanto. ¿A ti te molesta?
-¿Qué tengan una relación? ¡Para nada! Aún sigo sorprendida, es eso. No me lo esperaba...
-Ya ves. Y tú queriendo que saliera por ahí...
-Eh, que puede salir por ahí sin necesidad de buscar novio. Una razón más que me estás dando para darles más días libres. A los dos.
-Para que habré abierto la boca... – Murmuró rodando los ojos antes de levantarme la blusa para posar la mano sobre mi pancita. –Tu madre es una romántica empedernida, princesa...
Sonreí sin poder evitarlo.
Íbamos a tener una niña... ¡Íbamos a tener una niña!
-Tenemos que buscarle un nombre.
-¿Tenemos? Creí que ya lo tenías decidido. –Lo miré confundida.
En ningún momento nos habíamos sentado a pensar en nombres para bebés creyendo que no podríamos ponérselo.
No quisimos hacernos ilusiones como las veces anteriores.
-Aunque si me das oportunidad de opinar. Me gustaría sugerir uno.
-¿Cuál?
-Hera.
-Hera... –Repetí sintiendo cada letra dicha. Lo miré con curiosidad. –¿Por qué?
-Porque es la diosa del matrimonio, las mujeres, el cielo y las estrellas. Un poco vengativa, eso dicen, pero será toda una guerrara que luchó por seguir aquí y elegirnos a nosotros como padres.
Mis ojos se llenaron de lágrimas ante sus últimas palabras.
Mi bebé era una pequeña superviviente, y así se lo haríamos saber en su debido momento.
-¿Te gusta?
-¡Sí!
-Entonces está decidido. –Volvió a dirigirse a mi barriga. –¿Oíste eso, princesa? Ya podemos llamarte por tu nombre.
-Hera...
-Hera Eloise Beaumont. –Completó haciendo que lo mirara una vez más sin palabras. –Queda mucho mejor así, ¿no crees?
Su sonrisa fue el incentivo que me impulsó a casi tirarme sobre él abrazándolo con lágrimas en los ojos.
-¿Ves? No soy tan malo como parezco...
-Te quiero, Dorian. No sabes cuánto.
-Y con esto supongo que ya estoy perdonado... –Canturreó haciendo que lo golpeara en el hombro. –¡Oye! Que era una broma... No quiero que pienses que lo hago por eso. Sé lo importante que tu abuela era para ti y nuestra hija merece que lleve su nombre.
-Gracias.
-No las des. –Sonrió antes de recostarme sobre el colchón con cuidado de no hacerme daño. –Y ahora déjame demostrarte lo mucho que te quiero yo también.
Sus labios sobre los míos fueron lo único que necesitaba para saber que la noche terminaría siendo inolvidable.
ESTÁS LEYENDO
Moneda De Cambio
Roman d'amour-Tus padres me habían dicho que eras muy reservada, pero nunca imaginé que tanto... -¿Y qué más te contaron? -¿Qué? -Eso no se lo esperaba. -Qué que más te contaron. Porque conociéndolos, se habrán inventado unas cuantas más cosas lejos de la rea...
