PRESENTE
Me removí en la cama incómoda sintiendo un fuerte dolor en el bajo vientre.
La doctora me había dicho que eran normales mientras que no se acompañasen de sangrados o molestias al orinar, pero eso no impedía que me preocupara por ello.
Abrí los ojos descubriendo la luz del vestidor encendida y una figura masculina salir de ella.
¿Qué hora sería ya?
-Aún es temprano, Leanne. Sigue durmiendo. –Me llevé la mano a la barriga evitando hacer una mueca de dolor mientras que lo veía anudarse la corbata frente al espejo.
-Anoche no viniste a cenar... Me prometiste que vendrías más amenudo...
-Por favor, no quiero discutir desde tan temprano. Tengamos la fiesta en paz.
-Pero lo habías prometido, Dorian... Y ya estoy cansada de que nunca cumplas tus promesas. –Me miró alzando las cejas seriamente.
-¿Me estás amenazando? Porque sí es así, déjame decirte que no te conviene para nada, Leanne. ¿O debo recordarte cual es la principal fuente de ingresos de tus padres?
Eso hizo que la poquita valentía con la que me había despertado se esfumara de un plumazo.
Odiaba que siempre me echara en cara cosas como estas. Ya sabía que él era el todo poderoso que hacía y deshacía a su antojo con todo el que le rodeaba, pero tampoco tenía que ir diciéndomelo siempre. No entendía lo molesto y perjudicial que eso podía ser para mí.
Lo oí suspirar antes de que se acercara para sentarse en el borde de la cama a mi lado.
-Lo siento... –Me acarició la mejilla con sus suaves dedos. –No me gusta verte enojada. Prometo recompensartelo esta noche. Incluso podíamos ir a cenar fuera, pero sabes que no me gusta que me recriminen las cosas y mucho menos que me controlen.
Se inclinó para dejar un casto beso en mis labios antes de hacerlo en mi barriga.
-Y ahora sigue descansando, por favor. Te vendrá muy bien para esos dolores. –Asentí viéndolo alejarse hacia la puerta de la habitación.
¿Cómo sabía que no me encontraba bien? Es decir, como mismo venían los dolores, desaparecían, pero esta vez no le había contado nada.
Apoyé la cabeza nuevamente sobre la almohada mirando hacia las espirales que conformaban el techo para acariciarme la barriga.
Nunca en mi vida había sido una persona de comer en cantidades extravagantes. Siempre era un poquito por aquí y otro poquito por allá para mantener la línea. El doctor siempre me decía que debía comer más, que mi peso era muy bajo para la estatura que tenía y bla, bla, bla... Pero no lo hacía queriendo, de verdad que no.
Con un vaso de agua me llenaba y ya engañaba al estómago, pero ahora no podía saltarme ninguna comida. No podía dejar de alimentarme o cierta personita se vería afectada por mis malos hábitos.
¿Me llegaría a acostumbrar alguna vez a estar embarazada? Es decir, lo había asimilado y estaba contenta con la noticia, pero con lo que no lo estaba era con mi barriga.
¿Por qué tenía tanta? Ya sabía que era lo normal en una mujer embarazada, que eso significaba que el bebé estaba creciendo sano y fuerte, pero lo comprendería viniendo de una mujer en estado muy avanzado. Sin embargo, yo recién empezaba en mi tercer mes y ya tenía forma de balón de fútbol americano. ¿Por qué?
Yo misma había sacado mis propias conclusiones y quería pensar que se me notaba más que a otras mujeres por mi delgado cuerpo, pero a veces pensaba que esto no era ni medio normal.
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Moneda De Cambio
Romance-Tus padres me habían dicho que eras muy reservada, pero nunca imaginé que tanto... -¿Y qué más te contaron? -¿Qué? -Eso no se lo esperaba. -Qué que más te contaron. Porque conociéndolos, se habrán inventado unas cuantas más cosas lejos de la rea...
