Capítulo 48

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PRESENTE

DORIAN

-Sí, podríamos mirarlo...

-¡Fenomenal! Muchas gracias por querer ayudarme siempre, Dorian. Te debo demasiado y no sé cómo pagartelo...

-No te preocupes... –Comenté levantándome del sillón en el que todavía me encontraba.

-No, en serio. Te llevaré un día a cenar al restaurante que quieras. ¡Prometido!

-Está bien... –Murmuré resignado. – Tengo que colgarte, Marianne. Ya hablamos. –Esperé a que se despidiera antes de colgar rodando los ojos.

No sabía cómo Héctor podía soportarla tanto. Esa mujer no se callaba ni debajo del agua.

-Maurice.

-¿Sí, señor?

-Si alguien pregunta por mí, di que no estoy. Quiero tener una cena normal en familia.

-Por supuesto, señor.

-Estaré arriba. –Subí las escaleras para dirigirme al cuarto de Ryan creyendo que mi encantadora esposa aún estaría allí, pero no era así. –¿Ry? ¿Estás solo?

-La tía Leanne acaba de irse... 

-Que bien. –Esquivé su diminuto cuerpo que yacía sentado en el suelo entretenido con una pelota de baloncesto para ir a sentarme en el borde de la cama.

Leanne se lo había llevado como había prometido a elegir muebles para su habitación. Quiso que mi hermana fuera con ellos, pero finalmente quién los acompañó fue mi madre.

Sabía que Leanne no se encontraba muy cómoda en su presencia, pero no puso impedimento a ello. Es más, mamá no dejó de hablar puramente maravillas de Ryan en cuanto regresaron.

-¿Qué tal la tarde en el parque?

-Bien...

-¿Solamente bien? –Se encogió de hombros.

Todas las semanas lo llevábamos a terapia y después a jugar al parque. Tres veces por semana, para ser más precisos, y a pesar de que el psicólogo nos había dicho que había avanzado demasiado con él, a Ryan aún le costaba mantener una conversación fluida con nosotros.

-Esa señora de antes...

-¿La vieja bruja? –Una sonrisita de lado surgió de sus labios casi tímidamente. –¿Qué pasa con ella?

-¿Tengo que volver a verla?

-Espero que no. –Confesé imaginando la cara que Leanne pondría al oírme decir esto. –Todo depende de lo que quieras. Aunque a Leanne no le gustaría que fuera así.

-Dijo algo feo de... –Calló volviéndose a encoger de hombros como si la siguiente palabra le costara decirla en voz alta.

¿Pero como no iba a costarle nombrar a su madre? Lo había abandonado después de todo.

-Olvida esa conversación, Ryan. E incluso ese encuentro. Esa mujer no sabe más que decir boberías.

-El doctor dice que debo expresar siempre lo que siento.

-¿Y que sentiste en ese momento?

-No sé... No quería que la tía Leanne hablara con ella.

-Muy bien. –Sonreí en cuanto nuestras miradas se cruzaron. –Gracias por cuidar de ella cuando yo no estoy.

-La tía Leanne siempre me cuida a mí.

-Eso es porque le importas mucho. A los dos. –Afirmé haciéndole señas para que me pasara la pelota. –Yo también me preocupo por ti y quiero que te sientas lo más cómodo posible en esta familia.

-Yo me siento bien... La abuela Miranda me hizo un regalo...

-¿Ah, sí? –Asintió con la cabeza mientras que se levantaba en busca del regalo.

Mi madre no me había dicho nada respecto a ese supuesto regalo, es más, ni siquiera Leanne lo había mencionado.

A diferencia de lo que en un principio creí, Miranda se tomó muy bien que Ryan apareciera en nuestras vidas.
Cómo ya había dicho, el día que fueron de compras al regresar mamá estuvo una hora encerrada en mi oficina recriminándome que no le hubiese contado antes sobre Ryan.

Yo no añadí nada nuevo que ya no le hubiese contado, pero aun así ella siguió en sus trece y no quería entrar en razón.

Finalmente se pasó la siguiente media hora dándome consejos sobre como tratar con niños pequeños como si prácticamente yo no hubiese criado a mi hermana ya.

-Mira... –Ryan se acercó con un colgante de plata en las manos del que colgaba una pelota de baloncesto plana del mismo material.

-Vaya. ¿Te gusta? –Asintió. –¿Y por qué no lo usas si es así? –Se encogió de hombros huyendo de mi mirada.

Aquí había algo más que no quería contarme.

-No sabes cómo ponértelo. ¿Es eso?

-No...

-¿No? ¿Entonces? –Volvió a encogerse de hombros. –¿No decías que el doctor te dijo algo que debías hacer?

Lo sé, estaba jugando un poco sucio, pero sino nunca iba a aprender a expresarse correctamente.

-Lo escondí porque... Para que no me lo quitaran...

¿Para que no se lo quitaran?

-¿Quién va a quitártelo, Ryan? Es tuyo.

-Mamá... –Casi susurró con temor. –Se ve muy caro y no quiero que se lo lleve...

-Ry... –Por primera vez desde que lo había conocido algo en mi interior se removió.

Cuando me enteré de la aparición de Samantha con él creí que había sido para sacarnos dinero, pero no de la manera en la que lo hizo robándonos, sino a través de cualquier chantaje.

No quise que estuviera aquí. Lo admito. No tenía ninguna ganas de criar al hijo de otra persona, y mucho menos al de Samantha, después de todo lo que hice por ella y de ver en la manera en la que me lo agradeció.

Ni siquiera sentí lastima por él cuando lo abandonó a su suerte. Incluso llegué a pensar que podía ser una estrategia que lo dejara aquí para sacarnos más dinero, pero a medida que los días pasaron con él a nuestro alrededor me di cuenta que igual me había equivocado por completo. Había terminado pagando con un niño toda la rabia y rencor que sentía hacia su madre y no era justo ni sano.

Ryan no merecía que lo tratara mal después del historial que tenía con su madre. Pondría mis dos manos al fuego a que nunca conoció lo que es ser querido por sus padres, y desgraciadamente, yo me quedé huérfano de padre como él, pero la única diferencia es que mi madre estaba allí para darme cariño y la suya no.

Nos parecíamos mucho más de lo que podría imaginar, y entre eso y que Leanne no hacía más que metermelo por los ojos, no pude evitar no encariñarme con él. 

-Date la vuelta. Voy a ponértelo. –Le di la vuelta para ponérselo alrededor del cuello delicadamente. –Nadie en esta casa va a quitarte nada, ¿me oyes? Nadie de esta casa ni de esta familia, Ry. –Lo giré hacia mí para mirarlo a la cara. –Se que no has tenido una infancia fácil y me duele no haber podido contribuir más para que eso no fuera así, pero tampoco puedo cambiarlo. No podemos darle al tiempo para atrás, pero podemos cambiar el presente y el futuro, y voy a hacerlo.

-Q-quiero quedarme aquí para siempre... No quiero volver con mamá...

-No lo harás. No lo permitiría, no ahora. Además, Leanne pelearía por ti con uñas y dientes incluso estando embarazada. –Sonreí queriendo aligerar el ambiente. –Ahora en serio, Ryan. Esta casa siempre tendrá las puertas abiertas para ti. Da igual las decisiones futuras que quieras tomar, las personas que vuelvan a tu vida, ¿de acuerdo? Leanne y yo seremos tus padres hasta que decidas lo contrario.


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