PRESENTE
Las palabras de Maurice aún resonaban en mi cabeza.
No quise creerme nada hasta que no la viera con mis propios ojos.
Aquella chica sucia y desaliñada era la viva imagen de mi madre.
No dudé ni un segundo más en decirle a Grettel que les sirviera un plato de comida y luego los acompañara a darse un baño.
Todo eso bajo la insistencia de Maurice para que le contara a mi marido lo sucedido.
-¿Está segura de que no quiere que llame al señor? –Prosiguió mientras que yo no dejaba de mirar pensativa por la ventana del despacho de Dorian.
-Ya he respondido a esa pregunta, Maurice. No insistas.
-Pero sigo pensando que debería... – Su voz quedó en silencio en cuanto unos pasos se adentraron en la estancia vociferando.
-¡Hermanita! Una de las criadas me dijo que te encontraría aquí.
Me giré hacia ella para mirarla nuevamente.
Ahora era toda una mujer renovada. Su pelo había dejado de estar enredado y graciento para dar paso a una cabellera peinada y brillante. Estaba mucho más mayor y delgada de como la recordaba, pero sin lugar a dudas era ella. Era Samantha.
Obvié el comentario que había hecho respecto a las chicas que trabajaban en casa antes de darle una mirada significativa a Maurice.
-Estaré cerca por si me necesita. –Se limitó a decir antes de dejarnos a solas en el despacho.
-¿Quién iba a decir que hasta mayordomo ibas a tener? ¡Vaya con la niña! Y yo que creía que ibas a quedarte solterona por el resto de tus días... –Me senté en el sillón que le pertenecía a Dorian queriendo demostrar aquella seguridad que tanto me faltaba. –Me gusta esta ropa. Hacía tiempo que no me ponía nada de marca tan cara. ¿Puedo quedarmela?
-¿Qué haces aquí, Samantha?
-¿No me echaste de menos en todos estos años? –Prosiguió toqueteando todo a su antojo. –¿Qué se siente al robarme mi vida?
Mis ojos se abrieron con incredulidad.
¿De qué hablaba?
-Te fuiste de casa hace muchos años.
-Correción. Me echaron de casa, por si lo habías olvidado.
-Nunca quisiste estar con nosotros.
-¿Ah, si? ¿O siempre fueron nuestros padres los que no querían que estuviera con vosotros? –Negué con la cabeza.
No me sentiría aludida de ello. Yo nunca quise que se marchara.
-Viviste en esa casa igual que yo, Leanne. Ambas teníamos nuestro futuro escrito incluso antes de ser conscientes de las cosas que pasaban a nuestro alrededor. ¿Cómo iba a dejar que controlasen mi vida de esa manera?
-Te quedaste embarazada muy pronto.
-Sí, pero mamá hizo lo mismo conmigo, ¿no? –Sus manos se apoyaron en el escritorio frente a mí. –Ese día no solamente fui yo quien dio una noticia bomba en casa. Ese día había otro hombre en el despacho con papá. Mi prometido... –Escupió casi con asco. –Un prometido que yo no quería por mucho dinero que tuviese.
-¿Dónde está el papá del niño? – Pregunté avergonzandome de ni siquiera conocer el nombre de mi sobrino. –¿Dónde te has quedado todos estos años? ¿Con él?
-Ryan no tiene padre. Murió de sobredosis cuando tenía tres años. – Mi corazón dejó de latir por unos segundos. –Era un malnacido que se ganaba la vida a base de vender drogas, pero al menos nos dio un techo donde vivir hasta el día de su muerte. No nos quedó más remedio que abandonar aquella casa cuando el banco nos la arrebató por impagos. Qué irónico, ¿eh? Tú aquí con todo lo habido y por haber y nosotros sin ni siquiera un sitio donde dormir.
-Y-yo no sabía nada...
-Claro que no. Las princesas con vestidos rosas nunca saben nada. – Rió dándose la vuelta para volver a las estanterías que habían de fondo. – Conocí a una chica en las calles que se apiadó de nosotros. A cambio tenía que ayudarla con algunos trabajillos sin importancia.
-¿Qué trabajos?
-No creo que tus oídos estén preparados para escuchar esas cosas, hermanita. –Sonrió de lado maliciosamente. –No fue hasta hace unos meses que descubrí a través de una revista del corazón que Don Dorian Beaumont iba a ser padre, y su cara nunca iba a olvidarseme en la vida. Mi sorpresa fue cuando descubrí que con quién se había casado había sido con mi querida hermana.
-¿D-de qué conoces a mi marido? –Pregunté un tanto confundida por la cara que había puesto al hablar de Dorian como si lo conociera de antes.
Ella sonrió maliciosamente de nuevo.
-Vaya, vaya... Con qué se guardaron la mejor parte, ¿eh? El hombre que estaba con papá el día que me echaron era él. ¿Qué se siente ser el segundo plato?
ESTÁS LEYENDO
Moneda De Cambio
Romantizm-Tus padres me habían dicho que eras muy reservada, pero nunca imaginé que tanto... -¿Y qué más te contaron? -¿Qué? -Eso no se lo esperaba. -Qué que más te contaron. Porque conociéndolos, se habrán inventado unas cuantas más cosas lejos de la rea...
