PASADO
¿Cuántos días debían pasar para que me acostumbrara a esta casa? ¿A estar rodeada de empleados? ¿A la soledad?
Porque sí, era más el tiempo que pasaba sola en casa o con los perros que en compañía humana.
Dorian venía a cenar cuando le apetecía, y a pesar de que nuestras conversaciones eran interesantes, ahí se quedaban.
-¿Señorita Leanne? -Brinqué en mi sitio al no esperarlo. -Tiene visita.
-¿Yo?
-Así es. ¿O es qué tu madre no puede venir a visitarte?
-¡Mamá! -Corrí hasta sus brazos apretándola fuertemente contra mí. De reojo vi como Mauricie nos dejaba a solas en el jardín.
-Que grande es esta casa, cielo.
-Es como un castillo... -Murmuré separándome de ella. -¿Quieres dar una vuelta mientras hablamos? - Asintió con la cabeza mientras que nos poníamos a andar. -¿Y papá?
-Trabajando. Ahora está más centrado en los negocios que nunca. -Rodé los ojos no muy conforme con eso. -Pero cuéntame. ¿Cómo es vivir aquí? ¿Cómo es el señor Beaumont?
-Quiero volver a casa, mamá...
-¿Qué?
-Aquí no estoy bien... No voy a ser feliz...
-¿Pero qué estás diciendo, Leanne? ¡Ni se te ocurra volver a decir tal barbaridad! -La miré sorprendida ante el grito que me había dado.
¿Por qué se ponía así?
-No vuelvas a decir algo así, Leanne. Vas a casarte con el señor Beaumont y punto. Vas a vivir aquí y vas a darle muchos herederos.
-P-pero...
-Y nada de peros. ¿O quieres vernos a tu padre y a mí viviendo bajo un puente y sin nada que llevarnos a la boca para comer?
-N-no, pero...
-¿Otra vez con el pero? ¡Deja de ser una cría, Leanne! -Volvió a gritarme. -Y ahora veo que hice bien en venir a visitarte. ¿Cuándo será la boda?
-¿M-mis sentimientos y lo que yo quiero no cuentan?
-Claro que no. Deja de montarte películas, hija. Los sentimientos vendrán con el tiempo. ¿O crees que tu padre y yo estábamos enamorados cuando nos casamos? -Sus palabras me sorprendieron aún más. -Así que déjate de boberías y empieza a hacer lo que tienes que hacer como mujer.
-¿Y si no quiero?
-¿Cómo dices?
-¿Y si no quiero hacerlo? ¿Y si me niego? -Su mano voló hasta mi mejilla audazmente.
-No vuelvas a contradecirme ni a replicarme en algo. No te crié así ni para que me faltaras el respeto de esta manera. Y más te vale que la próxima vez que vuelva a visitarte haya encontrado una mejoría en tu comportamiento, Leanne. De lo contrario...
§§§
Miré la fina cortina que no dejaba de moverse a causa del viento que entraba por la ventana.
No había hecho nada más y nada menos que estar aquí acostada en la cama después de que mi madre se hubiera ido.
No tenía ni las ganas ni las fuerzas para moverme. ¿Para qué? Tampoco era como si tuviese algo que hacer.
Los pasos de alguien dentro de la habitación llenaron la estancia, pero tampoco quise girarme a ver quién era.
-Hola. ¿Estás despierta? -No respondí, tampoco tenía ganas de hacerlo. - ¿Leanne?
Mi campo de visión se vio afectado por un gran cuerpo corpulento.
-Oye, ¿estás bien?
-Sí, perdona... -Alcé la vista hasta sus ojos. -Creo que voy a enfermar...
-Déjame ver... -Fruncí el ceño cuando hizo un hueco a mi lado para sentarse en el borde de la cama y estirar la mano hacia mi frente. -No noto que tengas fiebre, pero debería venir el doctor para examinarte.
-No... -Murmuré deteniéndolo por el brazo en cuanto quiso alejarse.
-¿Qué tienes ahí? -Volví a fruncir el ceño.
¿Qué tenía en donde?
Dorian volvió a sentarse para acariciarme la mejilla delicadamente.
Mierda, mi madre tuvo que dejarme marcas.
-Nada... Tropecé en el baño al salir de la ducha, pero estoy bien. -Me inventé sintiéndome mal por haber mentido.
Solo esperaba que nunca descubriera lo que mi madre me había hecho. Me moriría de la vergüenza.
-¿Puedes abrazarme?
-¿Qué?
Nunca me había atrevido a pedirle tal cosa, y a lo mejor podía haber sonado más indiscreta, pero en estos momentos necesitaba un abrazo. Lo ansiaba.
Dorian, aún sorprendido, se inclinó hacia sus pies para quitarse los zapatos antes de tumbarse a mi lado para abrazarme.
Se suponía que la visita de mamá debía de animarme y hacer que me sintiera mejor, pero había sido todo lo contrario.
Siempre había visto el matrimonio de mis padres con amor y respeto, y ahora resultaba que todo había sido una farsa durante años.
¿Por qué permitieron que eso pasase si no se amaban? ¿Si no se conocían de nada?
-¿Cómo dos personas pueden involucrarse hasta tal punto de contraer matrimonio siendo dos desconocidos?
-¿Qué? -Su voz sonó aún más confundida que nunca. -Discúlpame, Leanne, pero hoy no te estoy entendiendo nada. ¿Qué te pasa realmente? ¿Es por nosotros? ¿Por nuestro matrimonio?
-N-no, pero... Podría...
-Es normal hacerse esas preguntas. Lo raro sería no pensarlas. -Suspiró. -Entiendo que todo esto sea difícil de entender para ti, y que hayas creado un prototipo de chico ideal en tu cabeza que no se parece en nada a mí, pero me gustas. -Alcé la cabeza sorprendida. -Y no solamente por tu atractivo. Hay algo en tu carácter que me atrae a ti como a un imán magnético. Y sé que aún no estás preparada para hablar de boda ni nada de lo que eso conlleva, por eso quiero proponerte algo.
-¿Qué?
-Conocernos más a fondo. Pasar más tiempo juntos para conocernos mejor. ¿Qué dices?
-M-me parece bien...
¿Pero cómo pretendía que eso ocurriese si pasaba el mínimo tiempo en casa?
ESTÁS LEYENDO
Moneda De Cambio
Romance-Tus padres me habían dicho que eras muy reservada, pero nunca imaginé que tanto... -¿Y qué más te contaron? -¿Qué? -Eso no se lo esperaba. -Qué que más te contaron. Porque conociéndolos, se habrán inventado unas cuantas más cosas lejos de la rea...
