Capítulo 35

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PRESENTE

-¿Te gusta?

-Todas las obras que usted pinta son espectaculares, señora. –Sonreí dejando el pincel sobre el soporte del caballete antes de limpiarme las manos con el papel.

Observé el lienzo recién pintado antes de mirar a la chica.

No se me había sacado de la cabeza aquel detalle de su relación con Ronnie.

¿Por qué no quería decirme tal cosa? ¿Temía mi reacción? ¿Y si le preguntaba yo?

-¿Quiere decirme algo, señora?

-Hmm... –Negué con la cabeza mordiéndome la lengua para no hablar.

No era nadie para meterme en la vida de nadie.

-¿Qué va a hacer con la pintura? ¿Va a colgarla?

-Sí, creo... Me gustaría ponerla en el cuarto del bebé. Y dibujar en una de las paredes también. 

-¡Quedará precioso! –Asentí de acuerdo con ella.

El paisaje y los cuerpos tumbados de Belial y Boston eran lo que adornaban el lienzo. Así Hera tendría siempre con ella un recuerdo de nuestros queridos amigos perrunos.

-¿Quiere que le traiga algo de beber?

-Por favor. –Grettel desapareció dentro de casa mientras que yo me quedaba sola en el jardín.

Mis pinturas adornaban toda la casa y agradecía que fuera lo suficientemente grande para poder colgarlas por todos lados.

Suspirando, me dejé caer sobre el sillón queriendo descansar un poco sin apartar la vista de mis fieles amigos.

Tenían suerte de ser dos y de estar siempre acompañados.

Yo dudaba mucho que mi hija fuera a tener a alguien con quien jugar a pesar de que lo deseara con toda mi alma.

No sabía si en algún momento de mi vida iba a poder quedarme embarazada de nuevo, pero sin ninguna duda, íbamos a volver a intentarlo hasta el último momento.

Grettel volvió con una jarra de lo que parecía limonada sobre una bandeja con vasos de cristal.

Me sirvió un vaso ofreciendomelo con una sonrisa en los labios.

-Está recién hecha. ¡Finn se encargó de ella!

-Muchas gracias, Grettel. –Le di un sorbo saboreándola. –¿Por qué no te sirves también?

-No, yo estoy bien, gracias. –Asentí antes de que la silueta de Ronnie apareciera en nuestro campo de visión.

Vaya, dichosos los ojos que lo veían...

-Buenas tardes, señora Leanne.

-Hola, Ronnie. ¿Pasa algo?

-Nada que no pueda solucionarse. Cambiamos unas cámaras del exterior y necesitamos la firma del señor Dorian, pero como no está...

-Tengo que firmar yo. –Asintió pasándome una tablilla y un bolígrafo.

Firmé donde me había indicado antes de alzar la vista hacia la parejita frente a mí.

Ni siquiera se habían dirigido la mirada ni una sola vez.

-¿Algo más?

-No, gracias y disculpe las molestias.

-Esto no son molestias. –Respondí antes de que diera media vuelta para regresar por donde había venido.

Grettel lo contempló hasta desaparecer por las puertas de cristal que daban al interior de casa.

-¿Qué piensas de él?

-¿Qué? –La chica me miró sorprendida.

-Sí. ¿Qué piensas de Ronnie? Es majo, ¿no? –Volví a decir queriendo que confesara.

-Bueno... Todos en esta casa somos majos...

-Oh, vamos, Grettel. –Me quejé entre divertida y ofendida. –Lo sé todo. ¿Por qué no me lo habías dicho antes?

-¿Q-qué sabe todo? –Asentí con la cabeza sonriéndole.

-Ya sé que tienes una relación con Ronnie. ¡Y si mi marido no llega a decírmelo ni me hubiese enterado!

-Disculpe, señora...

-¿Disculpas por qué? ¡También tienes derecho a hacer tu vida! –Mis palabras le sorprendieron tanto como si le hubiese lanzado un globo de agua. –¿Por qué no me lo habías querido contar antes?

-No sé... –Se encogió de hombros. –Al principio no lo vi apropiado y después... Lo dejé pasar. –Volví a sonreírle mientras que dejaba el vaso sobre la mesa.

-Bueno, no pasa nada, pero es que si no te lo decía iba a reventar. Y aprovechando que había aparecido... –Grettel rió por primera vez desde que había sacado el tema.

-Ronnie y yo prometimos que nuestra relación no interfería en nuestro trabajo.

-Sí, sí, se nota... –Murmuré pensativa antes de que Maurice hiciera acto de presencia en nuestra charla de chicas.

-Señora, disculpe la interrupción, pero Ronnie acaba de informarme que hay una señorita con muy malas pintas en la puerta de entrada con un niño. –Fruncí el ceño. –Se hacen presentar como su hermana y su sobrino.

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