Capítulo 41

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PRESENTE


-No vayas... –Murmuré abrazándome a su cuerpo en cuanto escuché la alarma del despertador.

-Tengo que ir a trabajar...

-Quedate hoy en casa, por favor... – Volví a decir agarrándome aún más fuerte a su cuerpo. –Por favor...

-¿Te levantaste mimosa hoy? –Asentí con la cabeza mientras que lo oía reír. –Está bien, pero quedarme en casa significa trabajar desde aquí.

-De acuerdo. –Festejé interiormente antes de buscar sus labios. 

Realmente no quería tener que enfrentar a mi hermana sola.

¿Con qué cara la vería marcharse con su hijo a vayan a saber dónde? ¿Sin recursos y sin trabajo con el que poder mantenerse? ¿De qué se alimentarían? ¿Cómo se asearían?

No podía ni quería estar sola con mis pensamientos, y Dorian era el único que podría distraerme de ellos.

§§§

Pasé la hoja de la revista de bebés que tenía en las manos.

Ya habían pasado las once de la mañana y mi hermana aún no había hecho acto de presencia.

Dorian había cumplido con su palabra y se había encerrado en el despacho a trabajar después de desayunar.

Por mi parte, me decidí a quedarme tranquilamente en el jardín ojeando una revista que me inspirara ideas para el cuarto de Hera. Aún así, no dejé de darle vueltas en la cabeza a lo que Dorian me había contado el día anterior. 

Según él, nos habíamos conocido en casa de mis abuelos cuando yo era una niña y él todo un adulto responsable.

Yo no recordaba ese día ni ese momento, pero si él lo decía...

La silueta de Grettel hizo acto de presencia en la lejanía del jardín cargando con los cuencos de comida de Belial y Boston.

Esta era mi oportunidad para disculparme.

-¡Grettel! –Esperé a que llegara a mi lado para seguir hablando. –Disculpa mi comportamiento de ayer. No debí hablarte así.

-No tiene que disculparse por nada, señora. Usted es la que manda, y yo acato órdenes.

-Pero no de esa manera. –Proseguí. –Sabes que os considero a todos como parte de mi familia y no me gustó mi propio comportamiento. Lo siento. – La chica sonrió negando con la cabeza.

-¿Quiere que le traiga algo de tomar?

-No... ¿Samantha o el niño aún no han bajado?

-No, señora. –Fruncí el ceño ante aquello.

-¿Podrías subir a comprobar si aún siguen dormidos?

-Por supuesto. –Se retiró mientras que yo me quedaba aún mosqueada en mi sitio.

Conociendo a mi hermana, estaba segura de que estaba montando toda esta escenita para irse lo más tarde posible de casa, pero al menos mi sobrino debía alimentarse.

Boston apareció a galope en mi dirección haciéndome sonreír.

-¡Hola, amigo! Ya desayunaste, ¿eh? –Lo rasqué tras las orejas mientras que él no dejaba de mover la cola de lo contento que estaba. –¿Tu hermano donde está?

El perro siguió dejando que lo rascara tras las orejas como tanto le gustaba.

-Eres todo un acaparador, ¿eh?

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