Klaus.
Vivi años con un odio dentro de mí que podría haberme destruido por completo si le hubiera dado ese poder. Yo era una máquina de matar, lo sabía, había guardado mis emociones bajo llave y nunca nadie podría verlas realmente.
Excepto ella, con...
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Salgo de la casa satisfecha con lo que hice.
Corté su lengua y cada uno de los dedos de su mano para que no pueda decir quién se lo hizo, al menos en mucho tiempo. Y luego rebusqué en cada lugar de su casa hasta que encontré lo que era mío. Mi madre lo supo.
Ella sabía que al dejárselo a mi tía, nunca me lo entregaría, por suerte, lo escondió y solo yo sabía donde estaba. Ver como los ojos de mi tía se abrían cuando aparecí con la cantidad de dinero que había dejado mi madre en efectivo, fue muy satisfactorio.
Por suerte, el idiota no estaba trabajando en esta ciudad, sino que lo hacía en Stormwhite, justo donde me llevaron a mí, porque antes él trabajaba en la ciudad de Endler. En la cárcel se habla, y esta ciudad era manejada por Mason Cox, un famoso mafioso que tenía más poderío que cualquier otro.
Probablemente él trabajara para Cox, pero primero tenía que averiguarlo, seguir sus pasos sin que me viera. Claramente no podía llegar y aparecer ante él, quiero saber qué cosas hace cuando nadie lo ve, o cuando él cree que nadie lo ve.
¿Viola niñas?
¿Viola mujeres?
¿Toca a menores de edad?
¿Siquiera llora a su hija?
Probablemente la última pregunta, yo la sabía. Él claramente nunca la quiso, solo la veía como un objeto sexual con el cual satisfacerse. Me recrimino cada día de mi vida el no haberme dado cuenta de la situación, de no haberme dado cuenta por lo que Jada estaba pasando.
Quizás podría haberla salvado.
Al menos, voy a vengarla.
—¿Necesitas que te lleve a algún lado?
Miro al hombre a mi lado, bueno, al chico, porque debe tener unos veinte años. Me mira de arriba abajo y se pasa la lengua por los labios.
¿En serio?
Enarco una ceja y lo miro sin decir nada, hasta que él finalmente se da cuenta de que no me voy a subir y se larga. Odio a estos tipos que creen que con solo unas palabritas te hacen caer. Creo que en realidad, nunca he estado con un hombre y no he conocido a ninguno, porque todos los hombres en mi vida fueron una puta escoria.
Tuve un novio, obviamente el término de la relación fue algo implícito. Entré a la cárcel y nunca más volví a saber de él. No es como si me importara, es un hijo de papi con el pene corto.
Que vaya a dejar insatisfecha a otra tonta.
Hace mucho que no tengo un buen sexo, más años de los que he estado en la cárcel y creo que hoy es perfecto para remediar eso. Camino hasta un bar que encuentro en la avenida principal, al menos, puedo librarme de algún idiota si es un lugar más concurrido.
El bar está notablemente concurrido y apenas son las siete de la tarde. Supongo que no hay una hora determinada para beber, y claramente yo soy el ejemplo principal, excepto que no vine aquí solo a beber.