Klaus.
Vivi años con un odio dentro de mí que podría haberme destruido por completo si le hubiera dado ese poder. Yo era una máquina de matar, lo sabía, había guardado mis emociones bajo llave y nunca nadie podría verlas realmente.
Excepto ella, con...
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Lo tomo en mi boca, apenas si alcanzo a meter la mitad de su pene, pero es suficiente para hacerlo gruñir, sobre todo cuando chupo con fuerza. Agarro la base con mis dedos y los muevo junto con el movimiento de mi boca. Klaus agarra mi cabello en un puño y me empuja para tomar más. Lo dejo, trago y respiro por la nariz para evitar el reflejo ante la intromisión de su pene.
—Así mismo —gruñe él.
Lo saco de mi boca cuando él me tira la cabeza hacia atrás. Tomo aire y siento como la saliva cae de mi boca en dirección a su pene que descansa tan duro y mojado contra su abdomen. Un maldito abdomen marcado. La v de sus caderas me incita a pasar la lengua y es justo lo que hago.
Sus ojos azules están oscurecidos y tiene el ceño fruncido en su frente. Me paso la lengua por los labios con una media sonrisa y él se levanta tan rapido que por un momento no sé que mierda pasó. Pero rápidamente vuelvo en mí cuando estoy en cuatro sobre la cama con sus dedos tocando encarecidamente mi clítoris.
Agarro las sábanas en mis manos y apoyo todo mi torso en la cama, dejando solo mi culo levantado hacia las mágicas manos de Klaus que me hacen gemir como una maldita desquiciada. No hay vergüenza en mis gemidos y jadeos, incluso me muevo para obtener más fricción sacándole una risa.
—¿Te chupó? —pregunta.
Miro hacia el lado. Apenas puedo ver la mano estirada de Dexter y sé que acabo de hacer algo jodidamente malo y que podría llevarme de vuelta a prisión, pero antes de ello me mato. No voy a volver a ese horrible lugar nunca más. Klaus me golpea con fuerza una nalga al ver que no he respondido.
Me arde el culo por su golpe, pero se siente tan jodidamente bien que estoy tentada a quedarme nuevamente callada. Klaus vuelve a dejar su mano en el mismo lado y el escozor aumenta arracándome un gemido.
—¡Te hice una puta pregunta! —gruñe tomándome del pelo y pegándome a su pecho.
Niego.
Él me da un golpe en un seno.
—¿Te comieron la lengua? Habla —ordena.
Cuando usa esa voz...
—No me chupó, amo.
La mano de Klaus que está en mi pecho lo aprieta con fuerza, mi pezón entre sus dedos duele, pero es ese dolor mezclado con placer. Él me empuja hacia la cama nuevamente y empuja mis muslos para que los abra más. Lo hago obedientemente y un gran gemido se me escapa cuando él mete su boca en mi vagina, pasando su lengua por toda ella.
Muerde mi clítoris y yo grito.
—Mmm, sabes tan bien —susurra—. Como saben las buenas putas.
Sonrío con mi mejilla en la cama.
—¿Ahora soy su puta, amo? —le pregunto.
Klaus se queda en silencio unos segundos, agarra mi trasero y lo aprieta con fuerza.