Klaus.
Vivi años con un odio dentro de mí que podría haberme destruido por completo si le hubiera dado ese poder. Yo era una máquina de matar, lo sabía, había guardado mis emociones bajo llave y nunca nadie podría verlas realmente.
Excepto ella, con...
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—¡Allana, ven aquí! —me llama Venus haciéndome un gesto con su mano.
Al lado de ella hay una chica pelirroja que me mira con curiosidad, y un poco de timidez. Es preciosa y nunca la había visto antes por aquí.
—Esta es Blair, la novia de Adren —la presenta.
—Hola —saluda ella con una sonrisa amable.
¿En serio esta chica tan dulce es novia del carnicero?
Si alguien me lo hubiera contado, no lo habría creído.
—¿Novia? —pregunto por si acaso escuché mal.
Me da un gesto afirmativo con la cabeza y suelta una pequeña risa.
—Eso me han dicho.
Venus rueda los ojos divertida.
—Estos hombres son como cavernícolas. Lo único que dicen es: eres mía.
En eso si que tiene razón.
—Sí, he escuchado mucho eso —responde Blair, luego me mira—. ¿Allana es tu nombre?
Me acerco a ella para verla mejor. Irradia algún tipo de calma inexpicable. Es como aquellas personas a las que uno le confía sus peores pecados a segundos de conocerla. Puedo entender por qué Adren está con ella.
—Sí. Estoy un poco sorprendida de que estés con él —digo.
Su sonrisa vacila por unos segundos y me siento mal por la forma en que formulé mis palabras. O quizás sería el tono de mi voz. Hace tiempo que ya no finjo cómo me comporto, por lo que he olvidado como ser amable con otras personas. Perdí ese tacto.
—Es decir, que te ves muy dulce, y bueno... Adren es el carnicero —me explico.
—Sí, aunque no lo crean, es muy dulce conmigo.
Venus la mira con un brillo en los ojos. Quizás se siente identificada con ella, pero es claro que ni ella ni yo, somos como Blair.
—Lo puedo imaginar, si te quiere —le dice Venus.
Las mejillas de Blair toman un ligero rosa, que la hace ver bastante tierna.
—Al principio fue difícil, ya que nos conocimos en el club...
Mi mente se reactiva en ese mismo instante.
—¿Eres una puta? —pregunto.
—Escúchame una vez, Allana —me ruge Adren colocándose frente a Blair—. Vuelve a decirle algo así, cualquier cosa y me importa una mierda que estés con Klaus. Yo mismo te despellejo.
No es una amenaza, porque esas es muy probable que nunca se lleguen a cumplir. No. Esto era una advertencia para que yo mantuviera mi boca bien cerrada. Le creía, si yo misma lo vi en acción. La mano de Blair se posa en su brazo, y el cuerpo tenso de Adren se comienza a relajar.