Capítulo 45: Klaus

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—Ya les he hablado de la guerra que se va a pelear —les dice ella a todos los hombres que están reunidos en el templo—

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—Ya les he hablado de la guerra que se va a pelear —les dice ella a todos los hombres que están reunidos en el templo—. Comienza ahora, así que como mi primer acto de liderazgo, mi regalo para ustedes es que dejen caer el infierno a los rusos.

Todos gritan y se abrazan entre ellos como si estuvieran celebrando cualquier otra cosa. No puedo evitar pensar en lo raro que me parece esto. Vengo de un lugar en que los hombres son más serios, tanto grito y abrazos me incomodan. Pero bueno, más me vale acostumbrarme.

—Me da mucha risa que hagan eso —susurra Ryu a mi lado.

Me rio entre dientes asintiendo con la cabeza.

—Será mejor que nos preparemos, porque partiremos en algunas horas.

Lana se levanta y toma mi mano para llevarme de vuelta a la habitación.

—Allana —la llama Ryu, pero sin girarse levanta una mano.

—Hermano, me voy a tirar a Klaus y, luego soy toda tuya.

Suelto una carcajada. Nunca deja de sorprenderme la forma en que se expresa.

—Bueno, supongo que yo también iré a buscar a alguien para liberar tensión.

—¡Excelente idea, hermanito!

—Jesús, nena. A veces las palabras salen de tu boca sin pasar por tu cerebro —le digo divertido.

—Estoy pensando con mi vagina, mi amor.

Abre la puerta de nuestra habitación, y literalmente me empuja hacia adentro, cerrando de golpe. Me giro a mirarla con una ceja levantada, mientras ella comienza a desvestirse como si la ropa le quemara.

—Tan desesperada —digo sentándome en la cama para observar el espectáculo.

Estoy duro desde hace rato, así que la escena lo único que logra, es hacer que me duela.

—Arrodíllate —le digo. Allana obedece, dejándose caer lentamente al suelo, completamente desnuda—. Gatea hasta mí.

Lo hace, provocando que el movimiento de sus caderas y su culo, haga salir las primeras gotas de semen de mi pene. Me abro el pantalón para darme un respiro, saco mi pene y lo acaricio con mi mano. Ella se endereza cuando llega hacia mí. Estira la mano para tocarme, pero niego con la cabeza.

—¿Por qué debería dejar que me toques? —le pregunto, sin dejar de mirar su cuerpo y sin dejar de acariciarme.

Allana se pasa la lengua por los labios en anticipación. Le encanta tenerme en su boca, y se come todo como la buena puta que es. ¿Quién lo iba a pensar?

—Porque eres mío.

Le doy una mirada maliciosa sin dejar de acariciarme bajo su atenta mirada.

—¿Quién lo dice? —la provoco.

Perversas Obsesiones.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora