Capítulo 17: Klaus.

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Así que, éste es el famoso tipo del bar

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Así que, éste es el famoso tipo del bar.

Supongo que es atractivo para las mujeres. No lo veo gran cosa la verdad.

Está mirando a Allana como si la hubiera estado buscando en cada rincón de esta ciudad. Lo que es bastante patético teniendo en cuenta que no se conocían hasta ese día y además, no se han visto más.

Al mirarlo bien me doy cuenta de que soy mucho más grande que él y más musculoso también. Sin embargo, él no tiene una maldita cicatriz que cruza su cara y me da la impresión de que es un hombre bueno.

O lo más bueno que se puede ser en esta ciudad y en esta vida.

Él me mira dándome un rápido recorrido y luego vuelve a mirar a Allana.

Pobre, sabe que no tiene ninguna oportunidad contra mí, porque ni siquiera haría falta que empleara toda mi fuerza y lo tendría en el suelo. Seguramente después de eso, Allana no querría verlo más. No va a querer estar con un débil.

Las comisuras de mis labios casi se levantan por ese pensamiento. Casi.

—No volviste al bar —le dice.

Ella se encoge de hombros y hace una seña al lugar.

—He estado trabajando y en la tarde llego muy cansada —responde ella con una voz bastante suave. Nada comparado a cómo me habla a mí. Mi rostro es estoico, no muevo ni un músculo ni digo nada, solo lo miro fijamente.

Este sería la clase de tipo con el que ella andaría. Es joven, y parece bastante decente, quizás incluso, un poco aburrido. Él me mira de reojo y cuando se da cuenta de quién soy, me mira incómodo. Le doy una pequeña sonrisa oscura.

Sí, pequeña mierda. Además, me acabo de follar a la chica que te interesa en esa mesa frente a ti.

—Entiendo. ¿Quizás te gustaría salir esta noche? —le pregunta.

Allana me mira de reojo y una sonrisa se comienza a esparcir por su rostro. Una sonrisa oscura que quiere ponerme a prueba, pero ella no es mía, y puede hacer lo que jodidamente quiera al igual que yo. Solo cogimos, nada más.

—Sale aproximadamente a las siete, así que puedes recogerla y así yo no tengo que venir —digo dando un paso hacia ellos. Allana frunce el ceño como si esa no hubiera sido la respuesta que esperaba de mi parte, pero me produce una grata satisfacción.

Quería joderme, pero no lo logró.

Haber si cuándo se lo folle, piensa en mí. Después de todo, la hice llorar de placer.

—Eso es perfecto —dice él.

Me acerco al oído de Allana y ella se estremece sutilmente, pero que no pasa desapercibido para mí.

—Límpiate las lágrimas que te saqué con el orgasmo —le susurro.

Ella se lleva las manos a la cara, pero no tiene nada. Al parecer su maquillaje es bastante resistente. Me fulmina con la mirada y yo salgo de la librería con aire ganador. Estoy empezando a entender a Allana. Le gusta provocar, le gusta ser admirada porque sabe perfectamente lo quiere.

Perversas Obsesiones.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora