Klaus.
Vivi años con un odio dentro de mí que podría haberme destruido por completo si le hubiera dado ese poder. Yo era una máquina de matar, lo sabía, había guardado mis emociones bajo llave y nunca nadie podría verlas realmente.
Excepto ella, con...
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Hoy por fin tendría mi venganza.
En esos años en la cárcel planeé demasiadas cosas. Muchas no me iban a servir porque sabía que no tendría mucho tiempo, sobre todo al hacerlo sola. Pero ahora, no estoy sola, es más, ahora incluso pertenezco a la Yakuza. Bueno, quizás decir que pertenezco es demasiado. Simplemente conocí al hombre que me engendró y a mi medio hermano.
El resto, probablemente me querrá matar cuando sepan de mí.
—¿Estás nerviosa? —me pregunta Venus.
Ambas estamos sentadas en las sillas que están frente a la piscina. Dejó a su hijo con la madre de Mason y otros chicos que sigo sin saber de quién mierda son. Aunque todos le dicen "mamá" a la madre de Mason, no veo muchas posibilidades de que ella sea realmente su madre.
—Nerviosa no. Ansiosa —respondo y la miro—. Con unas tremendas ganas de ponerle mis putas manos encima —termino en un gruñido que incluso a mí me sorprende.
Venus asiente como si me comprendiera.
—Entiendo, me sentí igual la vez que Mason trajo al tipo que me había violado de niña.
Verdad.
A veces olvido que ella fue abusada de niña, creo que por años. Me hubiera gustado que mi hermana...
¡Basta!
Ya pasó. No puedo quedarme con los "y si..." porque no va a pasar. Ella está muerta y a menos que la reviva, lo que difícilmente podría suceder, no tiene sentido que siga torturándome con eso. Todos somos diferentes, obviamente mi hermana no pudo con la presión social a la que se vio sometida cuando todo salió en la televisión. Su puto padre era una figura conocida.
—¿Te sentiste mejor luego? —pregunto volviendo mi vista hacia la piscina.
El sol comienza a esconderse, por lo que van quedando los últimos resquicios del día. Los últimos rayos hasta que todo se sumerja en oscuridad. Antes nunca me cuestioné si luego me sentiría mejor, ¿por qué iba a hacerlo? A fin de cuentas, eso era lo único que me mantenía con vida.
—No. Me costó dejar todo eso atrás porque es algo que a fin de cuentas nunca se va a del todo —Sé que sus ojos están en mí—. Las habrás vengado, le habrás dado lo que se merece, pero no las traerás de vuelta.
—Lo sé —digo.
Trago saliva y cierro los ojos unos segundos. Sé que no las traeré de vuelta, y no puedo decir que nos veremos en otra vida. Dónde ellas están, es seguro como la mierda que yo no iré. Estoy en paz con eso, al menos tendré a mi propio diablo conmigo.
—Tú y Klaus se ven bien —dice Venus y una sonrisa se abre paso en mi rostro. La miro—. Tus ojos brillan —Se ríe.
—Nunca me había sentido así con otro hombre antes —confieso. Ella asiente lentamente.