Klaus.
Vivi años con un odio dentro de mí que podría haberme destruido por completo si le hubiera dado ese poder. Yo era una máquina de matar, lo sabía, había guardado mis emociones bajo llave y nunca nadie podría verlas realmente.
Excepto ella, con...
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Dos semanas después...
—Si hubiera sabido que había tantas cosas que hacer, habría dicho que no —me quejo cuando veo a Ryu entrar con una hoja en donde está todo lo que tengo que hacer hoy. Y sí, me lo tiene que dar por escrito, porque luego yo me entretengo en alguna otra cosa y se me olvida.
Ryu me da una sonrisa burlona.
—Bueno, es lo que viene con el poder, hermanita —responde. Tomo la hoja de sus manos y le echo un vistazo.
A diferencia de la de ayer, ahora solo hay nombres. Levanto la mirada hacia él.
—Hoy haremos visitas a domicilio —dice contento—. La Yakuza ha perdido mucha de su influencia en Japón. Se han hecho leyes para prohibirnos la entrada en ciertos lugares. En resumen, hemos perdido el poder que solíamos tener y es momento de que recuperemos lo que nos pertenece en nuestro propio país.
—Son varios nombres —digo volviendo a ver el papel. Al menos siete personas.
—Sí. Son congresistas que han impulsado estas leyes.
Me levanto y asiento con la cabeza.
—Supongo que es momento de hacerles una visita —digo moviendo la mano—. No quiero que estar liderando una mafia sin poder en su propio país. Ahora la pregunta es: ¿Dónde está mi hombre?
—Está con Suzumi en la armeria —responde. Giro mi cabeza hacia él.
—¿Es ella o él? —inquiero.
Ryu se remueve incómodo, dándome la respuesta que necesitaba.
—Ella.
Comienzo a caminar a paso largo hasta la armeria seguida de Kenji y Haruki que siempre me siguen a cualquier lado. Literalmente son como mis sombras. Pero ¿quién demonios es Suzumi, y por qué está sola con Klaus? Mira, no me considero tan celosa, solo muy posesiva con lo que es mío, pero no me gusta que otra esté sola con él.
—Allana, debes tranquilizarte —me dice Ryu viniendo a mi lado.
Me detengo de golpe.
—¿Por qué? —inquiero.
—Suzumi es una buena guerrera, ella nunca se metería con él sabiendo que es tu pareja.
—Ah, hermano. Te sorprendería lo que es capaz de hacer una mujer cuando quiere a un hombre —le digo en voz baja—. Porque yo misma habría hecho lo que fuera por tenerlo, y poco me habría importado que él estuviera con otra.
—Pero él te ama a ti, no tienes nada de que preocuparte —intenta nuevamente.
Me encojo de hombros.
—No me preocupa él, pero no me gusta que anden moscas dando vueltas a su alrededor —espeto molesta.
Sigo caminando en dirección a la armería. Mi furia aumenta cuando la veo tan cerca de él. Klaus está de pie firme mientras le entrega un arma, y ella lo mira con una expresión que no me gusta para nada. Por el rostro de MI hombre, él es ajeno a ello. Cómo no, si todavía piensa que alguien no lo querría por esa cicatriz, la que claramente no le quita el atractivo.