Capítulo 26: Klaus

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Dejo a Allana en la cama, desnuda y con la sábana hasta la mitad de su espalda

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Dejo a Allana en la cama, desnuda y con la sábana hasta la mitad de su espalda. La follé como nunca; de hecho, el pene me arde por la fricción. La embestí con fuerza y ella lo recibió todo. Me miraba a los ojos y sonreía como la maldita diabla sádica que es.

Allana me vuelve loco, y eso nadie lo puede negar. La maldita química que tenemos en el sexo y el hecho de que cada vez que la veo quiero tocarla y apoyarla contra cualquier superficie a la vista. Definitivamente es una obsesión que podría terminar muy mal. Mientras la miro no puedo evitar pensar que en algún momento ella podría encontrar a un tipo de su edad, sin cicatrices en la cara ni en la mente.

Muevo la cabeza y salgo de la habitación en dirección a la oficina de Mason que nos está esperando. Al parecer hay problemas porque nunca nos llama a esta hora y son las tres de la mañana. Me encuentro con Ron cuando salgo de la habitación, y él sonríe.

—Carol pregunta por ti cada vez que vamos —me dice, y yo muevo la cabeza.

—He estado ocupado.

Asiente con la cabeza.

—Me imagino —dice, y su tono de voz es divertido.

Adren abre la puerta de la entrada, aunque debería estar en su habitación. No olvido las palabras de Todd diciéndome sobre la obsesión que desarrolló con una chica del club, y por la que incluso iba a pelear con Rocco. Si es que aún no han dejado de hacerlo.

Efectivamente, Rocco está en la oficina y Adren gruñe cuando lo ve. Pero la cara de Mason no es nada buena y Rocco tiene los hombros caídos.

—¿Qué sucede? —pregunta Ron.

Rhys, Todd y Kyle, ya están en la oficina y tienen los mismos rostros.

—Mataron a Leonardo —suelta Mason.

—¿Qué? —dice una voz desde la computadora de Mason.

Aaron.

—Lo mataron en Italia, y un nuevo Don asumió allá, sin embargo, se ha convertido en un baño de sangre —informa Rocco.

Su voz suena apagada, a pesar de que él debe asumir el puesto de Leonardo en este país.

—No puede ser —dice Aaron.

Mason se pasa los dedos por la barbilla. Su mente debe ir a mil por hora.

—Joder —exclama Ron.

—En Inglaterra y en Cánada hay dos Don de la Cosa Nostra que eran leales a mi tío —dice Rocco—. Me acaban de avisar que también los mataron.

—Ellos van a venir por ti —le dice Mason, y Rocco asiente—. El tema es, que los rusos definitivamente están detrás. Una puta corazonada.

—Sí, después de todo, él también ayudó a destruir a Petrov —dice Aaron y Mason asiente—. Y yo también.

Perversas Obsesiones.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora