Klaus.
Vivi años con un odio dentro de mí que podría haberme destruido por completo si le hubiera dado ese poder. Yo era una máquina de matar, lo sabía, había guardado mis emociones bajo llave y nunca nadie podría verlas realmente.
Excepto ella, con...
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Venecia:
Durante el entrenamiento militar que tuve de joven, nos habían enseñado a cómo lidiar si perdíamos un soldado, no importaba que fuera un amigo, hermano, padre, hijo, lo único que importaba era seguir adelante y completar la misión. Aunque doliera. La única forma de ayudar a uno de los nuestros era si estaba herido y tuviera probabilidades de vivir.
Y yo siempre fui criada de forma diferente, mi hermana era la niña buena y delicada. Pero nunca me sentí así, sabía que no estaba hecha para un matrimonio arreglado, odié siempre esa idea y por esa razón me uní al ejercito. Era la única forma en que podía librarme de un matrimonio concertado. No quería lujos como mi hermana, sin embargo, cuando ella se casó, supe que había elegido bien mi destino.
Leonardo era un buen hombre, lo conocíamos, y mi hermana estaba puesta para ello, sin embargo, no era suficiente para ella y comenzó a amargarse de una forma horrible. No era mi hermana, mi confidente, sino que se había convertido en una víbora despreciable que sacrificaría a quien fuera para obtener más.
Sospechaba que ella estaba detrás de la muerte de Leonardo y probablemente de la de Rocco.
¡Miserables!
Lo atacaron cuando no podía defenderse.
No hay nada más cobarde que matar a alguien cuando no puede defenderse.
Y yo que estaba aquí para cuidarlo, no había podido salvarlo, mantenerlo con vida. Se sentía como una misión fallida, y el sentimiento de que debía pagarlo con mi muerte estaba latente en mi pecho y en mi mente.
Sin embargo, las palabras de Aaron, nuestros momentos juntos, todo eso me había hecho entender que ya no estaba en el ejercito y que la muerte de esta noche no debía quedar impune jamás. Leonardo había sido un buen amigo, me había dado mi lugar y había hecho uso de mis mejores atributos nombrándome parte de su ejercito. Algo que nunca antes se había dado.
Pero Rocco había sido un confidente, porque nuestras edades no eran demasiado alejadas y él estuvo siempre a nuestro lado.
—Debe estar por algún lado, busquen jodidamente todo —dice un hombre mientras otras pisadas lo siguen detrás—. Esa perra es táctica, sabe técnicas militares y aún debe estar aquí. No va a salir con vida, pero de eso me encargo yo.
Alessio.
Aprieto los puños al reconocer su voz.
Se supone que estaba en Italia, se suponía que al crecer ambos en familias adineradas nuestro matrimonio concertado era seguro, y así fue. Pero yo dije que no y me alisté al ejercito con el apoyo de mi padre. Claramente eso no le gustó. Era un hijo de puta machista que creía que solo sería una vagina virgen para follar cuando él quisiera.
Siempre me dio asco su forma de ser.
Así que perdí mi virginidad con un tipo en un club que conocía a Alessio, de esa forma no me querría de vuelta y no habría escándalos.