Klaus.
Vivi años con un odio dentro de mí que podría haberme destruido por completo si le hubiera dado ese poder. Yo era una máquina de matar, lo sabía, había guardado mis emociones bajo llave y nunca nadie podría verlas realmente.
Excepto ella, con...
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Si tuviera una lista, seguro que habría tachado el desmayarme por placer.
No creí que fuera real, es decir, ¿qué clase de placer era tan intenso como para provocarlo? No pensé que pudiera existir, pero tampoco sabía que existia Klaus. Y él es la definición del placer intenso. No importa de la forma en la que lo hagamos, todo es tan malditamente intenso que es arrollador. Klaus me bañó, me lavó con delicadeza, pero igual me calenté.
¿Qué puedo decir?
Pero don "hay que guardar energía, no vayas a desmayarte nuevamente" lo arruinó todo. Y tuvo el descaro de decirme que si me portaba bien, luego me daría mi cariñito. ¿Qué se cree? Por supuesto que me portaré bien para poder tener mi cariñito. No me avergüenza admitirlo.
—Hermano, te ves rejuvenecido —le digo a Ryu cuando ya estamos todos en la sala de armas para arreglar lo último.
—Igual tú, hermanita —me guiña un ojo.
Por suerte, Ryu y Klaus ya tenían todo listo en base a las coordenadas que Mason envío. Dividieron el grupo, los caminos que se seguirían, las armas, las municiones. Sin embargo, la mitad de los hombres solo llevaban Katana. Otros, se colocaron hasta chaleco antibalas. Yo no me lo iba a colocar, porque cómo, si yo soy la líder, pero ahí estaba después con él puesto.
—Ni se te ocurra sacártelo —me advirtió Klaus cuando me lo abrochó.
Puse los ojos en blanco. Pero él también se colocó uno, al igual que Ryu. Klaus dirigiría nuestro grupo, Ryu el otro. Así que cuando ya estuvimos listos, nos subimos al avión para llegar más rápido. La Yakuza tiene veinte aviones "Boeing 747-8" así que los usamos todos. Algunos con todoterrenos y armas. Los demás con nuestros hombres. Obvio que me fui en primera clase y gratis.
Ventajas de ser la líder.
Eso porque no me dejaron manejarlo.
Bueno, me dormí todo el viaje. Es decir, Klaus realmente me agotó, y si a eso le sumamos que me desmayé, el doble de cansancio. Ahora estoy mirando a mi hombre mientras hace los últimos repasos con Ryu y otros dos hombres. Como él conoce el lugar, les da los últimos detalles y consejos. No puedo dejar de pensar en lo que hicimos, en la forma en que se había tensado cuando comencé a besar su cicatriz. Peor aún, cuando me preguntó si acaso no me daba asco. Jesús, me trago su pene hasta la garganta, y si eso no me da asco, menos una tonta cicatriz.
Es claro que fue una cicatriz que no recibió ninguna atención, de ahí a que hayan partes levantadas por la mala cicatrización. Debe haber sido extremadamente dolorosa. Cuando me encuentre a Petrov en el infierno le voy a hacer una cicatriz peor que la que le hizo a mi hombre. Klaus debe sentir mi mirada porque levanta la vista y me encuentra comiéndomelo con la mirada. Mueve la cabeza divertido, les dice algo a los otros y camina hacia mí.
—¿Cómo está la bella durmiente? —me pregunta. Pongo los ojos en blanco y me estiro para que me bese. Él lo hace—. Ya vamos a aterrizar, para que estés lista.