Klaus.
Vivi años con un odio dentro de mí que podría haberme destruido por completo si le hubiera dado ese poder. Yo era una máquina de matar, lo sabía, había guardado mis emociones bajo llave y nunca nadie podría verlas realmente.
Excepto ella, con...
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La verdad no sé qué esperaba de la reacción de Allana después de haberle dicho que la amaba. A la primera mujer que se lo decía, y a la primera por la que lo sentía. Pensé en no decírselo, pero nuestra vida es efímera; no sabes si mañana estarás. Entonces no tenía caso guardármelo, porque no me hacía menos hombre.
No sabía si ella me lo diría de vuelta, pero al menos si yo muriera mañana, sabría que yo la amaba. Que no tenía que pensar que no era capaz de ser amada, o que después de su madre y hermana, nadie más la amaría. Cómo dije, no sé que esperaba, pero ver esa mirada de triunfo en su rostro me confundió.
Se veía como si acabara de ganarse el premio gordo de la lotería.
—¡Sí! —gritó echándome los brazos encima.
Nos da vuelta en la cama subiéndose sobre mí, agarrando mi cara en sus manos.
—Pensé que nunca me lo dirías —confiesa sonriendo y con sus ojos brillando—. Yo también te amo, mi amor.
Me besa y hace un sonido como si fuera algún tipo de gritito. Me descoloca un poco lo emocionada que está, sencillamente me esperaba cualquier reacción, menos está. Pero de todos modos me hace sonreír. Nos vamos a bañar juntos, ya que estábamos llenos no solo en sudor, sino que también en sangre. En ese momento a ninguno de los dos nos importó.
Difícil que lo haga teniendo en cuenta que tuvimos sexo al lado de un muerto al que le había cortado el cuello. Además, la cama estaba llena de sangre. Esto no es nada. Volvemos a hacerlo en la ducha. Cada vez que escuchaba sus gemidos me sentía como en el cielo, y lo mejor de todo, es que no importaba la forma en que lo hiciéramos, siempre se sentía jodidamente bien.
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Con Lana íbamos caminando hacia el templo. Nos custodiaban dos tipos que tenían nombres extraños, que sí bien, ella me los presentó, ya los había olvidado. Los miraba de reojo y cauteloso. Todavía no puedo confiar en ellos y fiarme que no le hagan nada a Allana. Uno nunca sabe el momento en el que se puedan dar cuenta que esto no es lo que quieren. Algunos hombres pueden ser muy machistas.
—Relájate, parece que los quieres matar —me susurra Allana divertida.
—No confío, así que no me relajo —respondo mirando los alrededores—. No confío en nadie, solo en Ryu.
—Después de que hagamos esto, quiero visitar a la madre de Ryu. Para asegurarme de que está cómoda y tenga todo lo que necesita —me mira con diversión.
Enarco una ceja divertido.
—Tú lo que quieres es jugar con ella —le digo.
Se encoge de hombros.
—¿Es que acaso eso es delito?
No puedo evitar la risa que sale de mí en ese momento, porque de verdad que sus ocurrencias son peores que las de Adren. Ellos dos se habrían llevado bien si hubieran tenido más tiempo para conocerse. Aunque bueno, después del encuentro que habían tenido por lo de Blair, seguro que iba a estar tenso.