Klaus.
Vivi años con un odio dentro de mí que podría haberme destruido por completo si le hubiera dado ese poder. Yo era una máquina de matar, lo sabía, había guardado mis emociones bajo llave y nunca nadie podría verlas realmente.
Excepto ella, con...
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Alguien se había atrevido a arrebatármela.
Alguien se había atrevido a envenenarla en nuestra propia maldita casa.
A ella, cuando es el motor de mi jodida vida.
Creo que todos estos idiotas no entienden el poder que ella tiene sobre mí, porque si algún día me la quieren quitar no crean que me voy a quedar encerrado en mi oficina lamentándome, yo voy a cazarlos con todo mi jodido poder y voy a matar a todo aquel que esté involucrado o atente contra mi familia.
Y no me va a importar nada.
Ziven le conecta las bolsas de sangre en un brazo, le puso oxígeno para que no se fuerce al respirar y no canse a su corazón. Le acaricio el rostro con mi mano, se ve tan pálida que me asusta.
—Hace unos días tuvo un mareo y dolor de cabeza —digo sin mirar a Ziven—. Creímos que era migraña e iba a llamarte, pero me dijo que era solo un dolor pequeño, que había alguien a quien tú podrías estar salvando su vida y no ibas a interrumpirlo por ella.
—No podían saberlo —me dice.
Niego con la cabeza.
—Debí saberlo, mantenerla a salvo es mi jodida responsabilidad —digo furioso conmigo mismo.
—No podías saberlo, Mason —dice él nuevamente con voz firme—. La dosis era muy baja por lo que los síntomas no se presentaron con fuerza, ninguno de los dos podría haberlo sabido.
—Voy a encontrar a esa rata de mierda y no me importa quién sea, voy a destriparlo vivo —gruño.
—Ahora solo hay que enfocarse en salvarla lo más rápido posible y sin secuelas.
Lo miro.
—¿Secuelas?
Ziven asiente con la cabeza.
—No puedo saber con exactitud la cantidad de dosis que le dieron, por lo que no puedo asegurarte qué secuelas puede tener, pero al haber tenido este dolor de cabeza y el desmayo, podría despertar con alguna secuela neuronal.
Dios.
Miro a Venus, a mi diosa, a mi mujer, al jodido amor de mi maldita vida. Su rostro se ve pálido y sus labios resecos. Alguien nuevamente intentó quitármela y eso me pone tan mal y tan malditamente asustado. No me importa un carajo si despierta con alguna secuela, mientras la tenga conmigo, mientras pueda abrazarla, nada más importa.
La cuidaré, la cuidaremos todos y nunca le faltará nada. Solo necesito que despierte, que me mire con sus ojitos verdes y que me diga que me ama. No pido nada más.
—No me importa, lo único que necesito es que siga viva —digo. Le doy un beso en los labios y sigo con su mano en las mías, como si eso le pudiera dar el calor que necesita.
—Ella es fuerte —habla Ziven—. Va a despertar y yo creo que en perfecto estado.
—Porque si no lo hace este jodido mundo va a arder.