Capítulo 12

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No me podía creer que ese sentimiento despertara en mí.

¿Eran celos?

Ya lo creo que sí.

Haber contemplado como ese brujo rubio rondaba a Damara, me había hecho hervir la sangre.

¿Qué me estaba pasando? ¿Me estaría volviendo débil como me habían asegurado Harkan y Eros?

No me lo podía permitir.

Debía ser la conexión que sentía con esa bruja. No encontraba otra explicación.

Después de haber hablado con ella en el exterior de la mansión, había decidido seguirla hasta su dormitorio, asegurándome que se quedaba sola.

Y tras varios minutos intentando averiguar sus movimientos dentro de la habitación, respiré tranquilo y subí a la mía.

Me quité la camisa, y la lancé de mala gana contra la cama, mientras me pasaba las manos por el pelo y resoplaba.

Estaba cabreado. No entendía nada de lo que me estaba pasando. Incluso me repetía una y otra vez que había sido un verdadero error salir del infierno.

Pero ya no había marcha atrás.

Debía cumplir con mi propósito.

—Me cago en mi puta vida

Me dejé caer en la cama con los brazos abiertos mirando a la nada.

Y así, estuve un buen rato. Pensando en que era lo próximo que debía hacer.

«Estoy aquí dentro, puedes pasar» le dije mentalmente a Eros que estaba parado en el pasillo esperando mi aprobación.

La puerta se abrió, y el rubio de media melena entró.

—Qué haces ahí tirado, la fiesta sigue allí bajo.

—Ya he aguantado a bastante gente por hoy.

—Señor yo

—No me llames así Eros, ya no estamos en el infierno —le dije desganadamente.

—Perdón, es la costumbre.

Con toda la confianza del mundo, el rubio de ojos verdes, se sentó en un sofá que componía aquella buhardilla justo delante de la cama.

—¿Te puedo ayudar en algo Duque?

La verdad era que no. No me podía ayudar en nada.

—Estoy bien si es lo que quieres saber —le contesté incorporándome con los codos en la cama para mirarlo—. Solo he de asimilar que estoy aquí.

—A nosotros también nos costó acostumbrarnos, pero créeme, después merece la pena.

—Si tú lo dices

El diablo rubio sonrió.

—¿Qué es lo que te preocupa Ciro?

Volví a echar la cabeza hacia atrás y suspiré.

—Nada.

—Yo creo saber que es —dijo muy seguro de sus palabras.

Lo miré de nuevo y esperé su respuesta.

—Lo que te pasa Duque, es que nunca nadie en el averno te ha contado las consecuencias que conlleva entrar en este plano y retar a una bruja en su territorio.

—¿Consecuencias?

—Correcto. Has estado siempre tan pendiente de tus legiones, que nunca quisiste saber más sobre el ritual —siguió diciendo mientras se acomodaba mejor en el sofá rojo—. Y sé, que fue por que años atrás, vosotros, los altos cargos, no podíais salir del infierno.

La Meiga Número 5Donde viven las historias. Descúbrelo ahora