Capítulo 50

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Cuanto había echado de menos es esa voz.

Mi amiga del alma estaba allí, caminando hacia mí con las manos en jarra y cara de pocos amigos.

Miré a Ciro y este sonrió, soltó mi cuerpo envuelto en sus brazos y dejó que me acercara a la morena de cola de caballo que cada vez estaba más cerca.

La miré con cariño, con adoración y con todas las ganas del mundo de correr hacia ella y abrazarla. Pero cuando iba a hacerlo, observé como al inicio del camino, un chico se apoyaba en el muro que componía la enorme valla del pazo.

No le di mucha importancia, pues estaba segura de que era algún guerrero de Ciro, entonces la miré, y sonreí al verla a tan solo unos pasos.

—Voy a acabar con tu vida, te lo juro —me dijo Ágata levantando el dedo amenazante.

—Yo también te he echado mucho de menos amiga mía —le contesté abriendo mis brazos para que se acercara.

Nos fundimos en un intenso y fuerte abrazo. Llorábamos a lágrima viva por volver a reencontrarnos de nuevo. Sentía su pecho agitado mientras hipaba por el llanto sin ni siquiera poder mirarme a la cara, hizo que mi alma volviera a estar completa de nuevo, pues es cierto lo que dice el refrán «Quien tiene una amiga tiene un tesoro» Y yo lo tenía, pues ella era tan importante y preciada para mí como una hermana.

—Nunca te perdonaré lo que has hecho.

—Pues ponte a la cola guapa, Ciro ha dicho lo mismo que tú se me acumula la faena —respondí con cariño mientras besaba su frente y nos mirábamos con los ojos anegados en lágrimas.

—No vuelvas a irte nunca más, creía que me moría sin ti —me contestó secándose las lágrimas.

—Eso no volverá a pasar, te lo prometo.

—Regresemos a la casa, todos tienen que estar impacientes por volver a verte —dijo la voz de Ciro detrás de mí.

—¿Todos? —pregunté mirando a Ágata.

—Si amiga, todos. Leire, Iris, Harkan, Jeremy, Duna, Haritz, el ejército del pelirrojo y Gina. Ella también nos ha querido acompañar.

Mi hermana.

Mi pequeña valiente había venido también.

—Vamos amor, no quiero volver a pasar ni un solo segundo más alejado de Katia.

—Por la diosa Damara necesito que me lo cuentes todo —me dijo Ágata alterada—. Esa niña acaba de pasar por mi lado y cuando me ha mirado con esos ojos amarillos casi me muero de un infarto. Era una pequeña Ciro andante pero en guapa.

El aludido sonrió y me agarró de los hombros para andar hacia la casa.

—Tranquila, te lo contaré todo, tu nueva sobrina te va a encantar.

—Eso no lo había dudado —dijo agarrando mi brazo y caminando junto a mí y Ciro.

Estaba feliz, volvía a serlo.

Aquella sorpresa no me la había esperado y mi yo anterior chillaba a gritos para volver a relucir.

Mientras caminábamos y llegábamos hasta el final del camino que nos conducía a la casa de mi antepasada, me fije en el chico que estaba allí apoyado observándonos.

Era guapo, todo había que admitirlo.

Un chico moreno, con el pelo casi rapado y con un tatuaje que le nacía desde detrás de la oreja derecha y le desaparecía bajo la camiseta que tenía ceñida al cuello. Nos miraba con sus ojos rojos y expresión seria. Estaba fornido también, musculoso y grande, vestido al estilo militar, parecido a la vestimenta de los inquisidores, solo que este llevaba una camiseta arrapada blanca y unos pantalones ceñidos con bolsillos metidos en las botas anchas negras. Si no lo hubiera encontrado el parecido no lo recalcaría, pero ese demonio, era clavadito en apariencia al espectacular y buenorro Channing Tatum. Nos esperaba cruzado de brazos, y a medida que nos íbamos acercando, aprecié que él también llevaba símbolos tatuados en los brazos.

La Meiga Número 5Donde viven las historias. Descúbrelo ahora