Después de darnos cuenta de que Setne se escapó, fui a avisarle a Amos y los demás líderes de casa para magos para que estuvieran al tanto. Mi hermana se encontraba en un estado de shock al ver que la prisión se destruyó. Además de que Walt estaba apenas vivo. Sadie se quedó al lado de su novio moribundo mientras los demás alertamos a todos.
—Carter, debes mirar esto —me llamó Félix.
—¿Qué ocurre?
En la televisión estaban las noticias, donde explicaban que monstruos extraños habían aparecido alrededor de todo el planeta. En Nueva York, una hidra estaba luchando contra los militares. En México, unos duendes conocidos como "chaneques" estaban robando niños a plena luz del día. Noruega había reportado que un edificio gigante había aparecido en mitad de un lago.
—¿Soy yo o el glamour ha desaparecido? —pregunta la nueva aprendiz Nay.
—¿La onda lo destruyó? —Todos los aprendices empezaron a cuestionar y hablar en voz alta.
—¡Cállense! —gritó Amos.
—Amos, ¿qué haces aquí?
—Debemos reunirnos todos los magos. Lo que ha ocurrido es extremadamente poderoso. Carter, es momento de que tomes tu título como faraón y nos protejas de esta nueva amenaza. El terremoto, la onda y ahora Setne suelto, me suena que es necesario unir fuerzas entre todos.
—¿Todos los magos?—pregunta Sean.
—Todos aquellos cuyas vidas dependen de una mitología.
Entonces llegó a mí el recuerdo de aquella aventura que tuvimos hace un par de años atrás, con dos semidioses griegos. Percy y Annabeth, hijos de un dios y un mortal. Tengo que contactar con ellos, al final de cuentas, ya habíamos atrapado a Setne una vez juntos. Si ya no hay glamour, entonces será más fácil contactarnos y podremos deshacernos juntos de esta amenaza.
—La verdad es que ya algo así pasó una vez con Setne —admito, y les cuento la historia de Percy y Annabeth, cuando nos ayudaron a volver a encerrar a Setne.
—Aunque la magia griega y egipcia comparten muchos aspectos, igual no explica cómo es que el glamour que rodea a todo el mundo desapareció. —comenta Amos—. Hay magos con la habilidad de manipularla, pero jamás uno que pudiera destruirla por completo y mucho menos poder combinar poderes de todas las mitologías posibles para lograrlo.
—Tengo que ir al centro de Nueva York y buscar a Percy. Amos, quédate con los aprendices.
—¡Espera Carter! —Mi hermana se apareció con sus ojos hinchados de llorar. (Gracias por esa descripción)—. Yo voy contigo. No me puedo quedar sabiendo que Walt y Anubis están en peligro.
—¡Nosotros también vamos! —dijo Julián.
—No, ustedes se quedan aquí —le dije—. Julián, después de Jazz, eres el mejor aprendiz que tengo. Debes quedarte con Zia y cuidar de los demás.
—¿Después de Jazz? —se ofendio.
—Entre menos estemos afuera, menos atención llamaremos —agregó Sadie—. Ustedes quédense aquí.
Estaba en mi cuarto preparando las cosas para llevar al viaje. Ni siquiera sé dónde exactamente vive Percy; recuerdo que en nos encontramos en el centro de Nueva York, pero a tener suerte de volverlo a ver. Además de que no sé si usar la magia egipcia llamará mucho la atención de los monstruos.
—¿Carter? —me llamó Zia.
Ella me abrazó por la espalda, su calor me sacó de la niebla en la que estoy envuelto. Era increíble como ella lograba calmar mi mente con solo un roce y su sonrisa. Su cabello negro en mi cuello me llenó de un aroma a coco con rosas.
—¿Qué piensas hacer? —me pregunta.
—Buscaré a los griegos para unir fuerzas.
—¿Y después?
¡No sé! Pero no podía decirle eso. No sé qué está pasando. Setne está suelto seguro planeando la destrucción del mundo y volverse un dios de una nueva era. Alguien lo está ayudando directa o indirectamente. ¿Quién tiene el poder de deshacerse de una barrera mágica que cubre al mundo entero? Sea lo que sea, tengo que averiguarlo y luchar contra eso. Tal vez la respuesta esté con los griegos, o al menos una parte.
Después de una horas estábamos listos. Amos nos prestó su auto con el cual aprendí a manejar. Al menos no tendríamos que caminar desde Boston. Me despedí de Zia y le pedí que protegiera a los aprendices. Terminamos de despedirnos de todos, cuando Khufu me dio una pelota de basquetbol para que nos acompañara.
—Gracias, amigo. Cuidalos, por favor.
Sadie y yo nos montamos en el auto. Ella se despedía con su mano mientras yo sacaba el auto del garaje. Anduvimos por las otras mansiones que tenemos de vecinos, aunque ellos no pueden ver nuestra casa.
—Carter, ¿no sientes que esto es un adiós? —comenta Sadie.
—¿A que no vamos a volver? —Ella asiente con la cabeza—. Pase lo que pase. Los protegeremos.
Aunque nosotros dos no volvamos a nuestro hogar, la casa de Brooklyn seguirá en pie y con ellos la magia egipcia.
Durante un rato en el auto llegamos a la gran manzana, que parecía una escena de una película del fin del mundo. Carros abandonados por todas partes, calles desoladas y nada de ruido.
—¿No hay nadie en Manhattan? —pregunta Sadie.
—Ni siquiera en el Empire State.
Manejó más cerca de los barrios. Sadie nota que hay gente en las casas que nos miran desconfiados y cierran las cortinas apenas pasamos. Otros pusieron barricadas en las puertas para que alguien no entrara. Cuando llegamos al final de la calle hay un chico con la misma capucha que la persona que secuestró a Anubis. Pero este chico no se esconde en las sombras. El aire hace que se le caiga la capucha y se revele su pelo moreno. Una sonrisa macabra cubre su rostro. Levanta su mano y un báculo de mago aparece en ella.
—¡Caos Vortex! —gritó el mago y clavó su lanza en el suelo.
—¡Carter!
El carro se relincha para atrás mientras el piso se abre. Manejo lo más rápido que pueda el auto. Mi hermana lanza un hechizo al carro para que este vaya mucho más rápido de lo normal. Logramos salir del lugar que era consumido por el vórtice, pero la magia de mi hermana parecía incontrolable. El auto siguió conduciendo por sí solo y si trataba de frenar podríamos salir volando. Así que solo me asegure de mantenerlo en una carretera.
—¿Por qué no quiere parar?— le pregunto a Sadie.
—¡Ya no tengo el control! —me grita.
—Prepárate para saltar, en cualquier caso.
El auto siguió manejando por sí solo hasta Long Island. Hasta que entró en una calle fea donde nos sacudió hasta los órganos. Poco a poco el camino desapareció y las plantas tomaban el lugar. El auto frenó de repente y sonó el claxon por sí solo. Veo un arco que dice Campamento Mestizo.
—¡Mestizo! —le gritó a Sadie—. Así se autodenominaba Percy. Estamos donde los semidioses.
Una chica con camisa naranja y un casco griego nos observa.
—¡Nico! —ella grita.
Un chico que se vestía parecidisimo a Anubis sale.
—¿Qué pasa, Fer? —pregunta el gemelo de Anubis.
Salgo del auto con las manos arriba.
—Mi nombre es Carter Kane y busco al mestizo Percy Jackson. Somos magos egipcios y necesitamos su ayuda.
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Myth & War
FanfictionAlabaster y Setne han vuelto con su venganza y todo el mundo de las mitologías cae ante su poder. Solo Lester, Percy, Magnus y los Kane son capaces de descubrir sus planes y traer el orden al Cosmos. Con la ayuda otras mitologías, ¿podrá volver a la...
