Magnus pon atención -Carter

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Sostengo el papel donde escribí las palabras de Magnus y, de mi bolsillo, saco la hoja que me dio Will Solace. Parece que la de Will es más larga, así que mi teoría de que la profecía está incompleta es cierta. Las palabras son confusas, parece ser un idioma muy antiguo o que no se relaciona con el inglés.

Debemos ir a Indianápolis, pero no quiero dejar a los magos otra vez. Debemos estar unidos; de lo contrario, el enemigo podrá atacarnos fácilmente. Sería más fácil si tan solo pudiera tener más pistas y no un poema sin sentido. Ya ni sé que día es hoy, las fuentes de energía empezaron a fallar y todos los electrodomésticos murieron. Tenemos hielo para comida, pero hasta eso se va acabar. ¿Quién querría un mundo sin vida, desolado y deteriorado?

—¿Puedo pasar? —Es Zia—. ¿O vas a seguir lamentándote?

—No me lamento; solo pienso en qué hacer. —Ella se acerca a mi cama y coloca mi cabeza sobre su regazo—. Siento que estamos dando círculos. Quien haya planeado esto, lleva años haciéndolo y sabe todas nuestras defensas. Ni siquiera conseguí contactar con Percy Jackson o con Annabeth Chase. Solo con su primo, que tras de eso drogaron.

—Tuve un sueño en el que todo esto acababa y volvía la luz —comenta mientras acaricia mi cabello—. Había alguien con un cetro o bastón; cuando lo levantaba, creaba una luz que hacía que renaciera la vida.

—¿Lo lograste identificar?

—No, solo lo vi en forma de sombra.

—Ojalá alguien pudiera deshacerse del mal, así de fácil.

—Una vez, él me contó una historia. —Sus manos junto a su historia me empezaron a hipnotizar—. Sobre una estrella que decidió ser libre y escapó de la oscuridad, haciendo que el universo se creara.

—¿Quién te la contó? —Zia no me responde, entonces la vuelvo a ver para no encontrar a nadie.

Me despierto en mi cama, sin Zia. ¿Fue todo un sueño? Afuera, parece que ya amaneció, pero el sol es tan tenue que ni hace calor. Abro las ventanas para observar mejor afuera. El sol está siendo bloqueado, como en un eclipse. Pero este no se mueve para ver el sol, sino que se hace más grande.

—Si tapan el sol, la vida en la tierra morirá.

Corro hasta la terraza donde dejé el telescopio que compré; con esto, podré comprender la forma de tapar el sol. Para mi sorpresa, es un tipo de roca muy grande que parece moverse junto al sol para que la tierra no reciba su luz. ¿Pero cómo es esto posible? ¿Quién es tan poderoso? Ve a los confines del cosmos. Si alguien puede crear una luna falsa para tapar el sol, significa que nos puede llevar a este lugar, ¿verdad?

Vuelvo a dentro para encontrarme con mi hermana. Ella siempre parece estar un paso adelante, pero hace poco se desmayó y parece que no volvió siendo la misma. Llego a su habitación y la veo acomodada en su cama y rodeada de unos cuadernos.

—Permiso —le llamo—. ¿Puedo pasar?

—Al final viniste —me dice—. Cierra la puerta. Tenemos que hablar.

Sabía que ese «tenemos que hablar» era malo. Me siento en la cama de mi hermana. Sus mechones rosas han estado perdiendo color, ya que no puede teñirse con la poca agua que nos queda. Debo decir que cada vez se parece más a mamá. Me pregunto si ellos estarán bien en el inframundo. ¿Sabrán lo de Anubis?

Mi hermana me entrega una hoja con otra parte del poema.

El día que el cielo cayó, el mundo pereció.

Pero ante él, la luz de la esperanza brilló

y en cinco se partió.

Al son de la sombra, un ángel descenderá,

y a los confines del universo nos guiará.

—Un ángel me la dictó —confiesa mi hermana—. Me dijo que falta otra parte, pero que es nuestro deber encontrarla.

—¿Un ángel? ¿Cómo a Mahoma? —Sé bastante de la religión islámica ya que me la pasaba viajando con mi padre a Egipto—. ¿No vas a ser líder de un culto?

—Creo que ya somos líderes de un culto.

—Touché.

Le entrego justo el papel donde escribí lo de Magnus, y la nota de Will. Con este pequeño fragmento, parece que solo nos hace falta otro para completarla. Si tan solo supiéramos el idioma de la completa.

—Debemos ir a Indianápolis.

—¿Pero cómo? —pregunta mi hermana—. Está a medio día en carro y ni siquiera con el mágico ese estamos asegurándonos de llegar a tiempo. Además, Magnus no está en condiciones de curar a Walt.

—Magnus nunca estuvo destinado a curar a Walt —confieso—. Hemos perdido tiempo aquí debemos irnos. ¿Dónde está Dana?

—En la tina del baño.

Sin creerlo, me dirijo al baño de mi hermana para confirmar lo que dice y encuentro a Dana dormida justo en la tina. Parece muy cómoda, aunque no lo entienda.

—Dice que le recuerda a las camas de su hogar —comenta mi hermana.

Voy a ignorar el hecho de que una loca está durmiendo en el baño; no me interesa que sea una diosa. Mas bien, me parece que debería ser más pretenciosa. (Sadie me regaña que los dioses celtas no son como los egipcios; pero no puedo dejar de ignorar el hecho de que Dana es rara).

—Volviendo al tema, no podemos movernos con toda la mansión hasta Indianápolis. —Mi hermana tiene razón. Apenas cabemos en el auto los cuatro; menos podríamos llevar a toda la mansión—. Además, no me parece que todos nos despleguemos a la batalla. Alguien debe quedarse aquí.

—Suenas como toda una estratega. —Mi hermana observa el suelo; está ocultándome algo definitivamente—. Entonces yo opino que dejemos a Mag....

De pronto el techo se abre y revela una gigantesca nave en nuestras cabezas. Han filtrado nuestras defensas. Cubro a Sadie con mi cuerpo, pero Dana aparece y crea un escudo protector. Aún así, logró observar cómo se llevaban a los demás magos en unas burbujas.

—¡Zia!

Al terminar de llevarse a todos, una pantalla se crea en la nave. Un chico vestido con túnica de profesor y lentes con muchísimo aumento aparece.

—Saludos, hermanos Kane, Magnus Chase y Dana —dice a través de la pantalla—. Vengo en nombre del Ejército del Caos. Les tenemos un trato: Entreguen su luz vital y devolveremos a su gente.

—¿Y si no lo hacemos? —pregunta Sadie.

—Entonces, nos tocará esperar a que se pudran con su planeta. —El tipo comienza a reír maliciosamente—. Disfruten la Tierra, que pronto morirá con todas sus criaturas.

La nave se largó con todos los magos de la mansión menos nosotros y Magnus, incluso se llevaron Walt en estado vegetal. Observo a mi hermana y ella asiente con la cabeza.

—Tenemos que ir a Indianápolis para buscar a ese Leo Valdez —le confirmo.

Entra a la habitación un Magnus cansado rascándose los ojos. Este se queda viendo, como si no notara que no hay techo. Hasta que abre los ojos como platos.

—¿Qué rayos pasó?

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