Yo pasé con diez Profecías -Lester

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En el auto, me tocó en medio de los Kane y creo que debo disculparme con mi madre por las peleas que tuvimos Artemisa y yo. Sadie y Carter no paraban de discutir sobre un papel que les habían dado  los aztecas, el cual contenía una profecía. Ellos pidieron mi opinión como dios de las profecías.

—Después de leerla, les puedo asegurar que quien la escribió con costos sabía rimar —les comento—. Es que le falta musicalidad, apenas rima y, cuando  lo logra, es muy pobre.

—Hablamos de su contenido —me regaña Sadie—. ¡No de si está bonita!

—Hay un pequeño problema: Si no la escribo yo, no tengo idea de qué significa.

—Léanla en voz alta —dijo Percy desde el volante.

Desde que salimos, Percy se siente distante. Su mirada se queda fijamente en la carretera, listo para sacar su espada y destruir a quien se le cruce. Daba un poco de miedo; bueno, siempre ha dado miedo, pero hoy está como una cabra loca.

—El primer parrafo dice: El día que el cielo cayó, el mundo pereció; pero ante él, la luz de la esperanza brilló y en cinco se partió —nos lee Sadie.

—¿Se estará refiriendo al día del terremoto o al día que ese héroe disque venció a Caos? —pregunta Carter.

—Podrían ser los dos. —les digo—. Verán, algo muy divertido en las profecías es que a veces se refieren a muchas cosas a la vez.

Los hermanos Kane se me quedan viendo con desprecio. Culpo el hecho de que son egipcios y que les gustan más las imágenes sin sentido en lugar de la prosa profética. No todos entendemos el arte de recitar, por eso es arte.

—¿Se acuerdan de esa película Chicken Little? —pregunta Carter—. Donde gritaban el cielo se cae. ¿No será que las estrellas son como algo así? El cielo está cayendo, pero en verdad es la perspectiva de que las estrellas están bajando.

—Digamos que el primer párrafo es sobre nosotros, pero el que sigue dice  «buscar a los cinco» y «una antorcha contra la oscuridad». ¿Llevamos antorchas? —Sadie tenía un buen punto. Las antorchas son importantes contra vampiros y otras criaturas de la noche—. Esperen, Excalibur dice que es una metáfora para algo que trae luz. Así le decía Arturo al santo grial, una antorcha que ilumina la oscuridad, ya que vence a los malos espíritus.

—Nunca entendí la obsesión con esa copa. Una vez que Ganamides pierde la copa y cae en manos de Jesús , ya todos dicen que la pueden conseguir —comento—. Cuando por fin nos admitió su error, Merlín ya había creado un montón de héroes a base de buscarla.

—¿Dices que el Santo Grial y el cáliz de los dioses son lo mismo? —pregunta Percy.

Antes de poder contestar, llegamos al lago de Eagle Creek, pero alguien ya nos estaba esperando  ahí. A mitad del lago, una nave espacial se estaba hundiendo mientras un chico atestigua la escena. Carter parece reconocerlo y sale del auto.

—¡Ah! ¿Ya llegamos? —se despierta Magnus.

—¿Esa nave no es la del bando chino que luchó contra los incas? —le pregunta Sadie a Magnus, pero este sigue desorientado.

—Solo hay una forma de saberlo. —comenta Percy—. Magnus, trae tu barquito.

Carter se queda quieto a unos cuantos metros del chico. Llegamos junto a él y logro notar que, en efecto, es un chico asiatico y su cabeza está cubierta con sangre.

—¿Qué haces aquí? —le pregunta Carter.

—¡Aléjense! —este grita.

De la nave hundiéndose sale una silueta de forma  alargada, que empieza a retorcerse para salir. Cuando los pequeños rayos solares tocaron su cuerpo, se reveló a un dragón asiatico. Su cuerpo era azul con bigotes dorados y rugió ante ser liberado. El chico sacó un bastón y se quitó su capa revelando una cola de mono.

—Yo lo detendré, pero no creo que dure mucho —dice el chico cola de mono antes de lanzarse contra el dragón. En su salto se termina de transformar en un mono con armadura.

—¿Ese quién es? —pregunta Magnus.

—No importa —dice Sadie—. ¡El barco, Magnus!

Magnus corre al lago donde coloca su pañuelo que, de inmediato, se transforma en un barco. Percy nos ayuda a montarnos para después guiar las aguas para que nos lleven más adentro.

—¿Cómo haremos que vuele? —preguntó.

Carter Kane empieza a dibujar en el suelo unos jeroglíficos que sinceramente no sé qué son. No soy egipcio. Tuve una novia de por allá, pero fue cuando los romanos los jodimos, así que no me pudo enseñar mucho.

—Avisen cuando estemos en lo más hondo —grita Carter.

—¡Ya!

Antes de que Carter logre activar la magia, el chico mono cae en el barco, adolorido. El dragón se da cuenta que estamos a punto de escapar.

¿A dónde creen que van? —Debo admitir que la voz de los dragones parece más un chillido de una gallina que lo que Hollywood nos ha hecho creer; pero eso no la hace menos atemorizante.—. Nadie puede salir del planeta tierra sin el permiso de los cuatro guardianes celestiales.

—¡La humanidad está en peligro! —grito al dragón—.Yo, el dios Apolo, los acompañaré.

—Déjalo. Los dioses chinos siempre han sido muy burocráticos. —El chico mono usa su bastón para levantarse o—. Solo sigan mi plan; yo los sacaré. Pero con una condición: Pídanle perdón a Kunturi de mi parte.

Una vez, escuché una leyenda sobre un mono que se volvió más fuerte que los dioses. Muchos me decían que un griego nunca sería capaz de escribir una historia tan épica como la de aquel mono travieso que solo Buda pudo detener. Ahora que lo veo en persona, creo que tenían razón.

Con su bastón contra el dragón, se creó una onda que elevó al barco con tan solo ese golpe. Carter pudo controlar una vez que estuvimos en el aire. Si no fuera por el Rey Mono, nunca hubiéramos logrado escapar de ese dragón.

El barco navegaba entre las corrientes de aire. Era como el Argo II pero sin asientos seguros y en vertical. Me sujeté de las barandas, al igual que los demás. Fue un viaje corto, pero muy intenso. Justo chocamos contra una de las islas flotantes, por lo que medio barco quedó incrustado en un templo. Bajo rodando hasta tierra firme y los demás me siguen, pero no son tan épicos como yo.

—¿Dónde estamos? —pregunta Sadie.

Le responden unos chillidos encima de nosotros y unos ojos rojos nos ven desde el techo. Una de las criaturas, la más grande, se lamió sus colmillos.

—Les doy la bienvenida, Cinco. —Su voz ronca y varonil me pone los pelos en punta—. Pero es de mala educación despertar a los demonios.

Myth & WarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora