Equus Aventure: Ruta de Eros

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Tik...tak...tik... tak

Equus estaba en su habitación en la ciudad subterránea. Ahí se la pasaba cuando volvía de sus viajes temporales. Tomó su máscara de caballo de la comodada y se la colocó. En el pasillo aún había ciertas construcciones ocurriendo. Verán, en el nuevo futuro, la ciudad subterránea se construyó mucho más tarde. Ahora solo era un lugar de oración a los dioses del inframundo, no uno para esconder a Equus. De hecho, la gente ni siquiera usaba máscaras.
Para el descendiente de Poseidón, las máscaras eran sagradas., pues le habían permitido actuar sin temer provocar repercusiones a su hermano o que simplemente no lo reconocieran. Así logró robarle una máscara de esqueleto a un tal Mic, pero solo la usaba en momentos especiales.

Apenas salió a la superficie, se quitó la de él. Le gustaba ver el paisaje del bosque en Nueva Roma. Era lo único que no había cambiado, en este futuro ajeno al que él había conocido. Ahora se sentía como un fugitivo de la ley. Chronos no dejó que sus memorias cambiaran y la línea del tiempo donde creció seguía intacta en su mente. Sus conocidos no entendían porque amaba la oscuridad o por qué se sentía tan ajeno a ellos desde que cumplió los 14 años.

Después de unos minutos, llegó a lo que supuestamente era su hogar, pero él no lo sentía así ya que no había crecido ahí. Trató de abrir la puerta, pero estaba cerrada. Por supuesto, no traía llaves consigo. Tocó la puerta con fuerza  y llamó a su padre.

—¿Ere? —Su hermana Palas estaba detrás de él con su uniforme del colegio público de Nueva Roma—. ¿No deberías estar en el campamento?

La excusa que Equus usaba para su familia era que vivía en el Campamento Júpiter todo el tiempo junto a su hermano mayor, Egeo. La verdad era que viaja por el tiempo y se escondía en la ciudad subterránea, pero ya había acabado sus misiones por el momento así que podía volver a casa. 

—Tengo gripe —mintió Equus.

Palas suspiró y abrió la puerta para ambos.
—Recuerda quitarte los zapatos que mamá se enoja —le advirtió su hermana—. ¡Ya llegamos, papá!

Nadie respondió, era extraño que Percy no estuviera en casa a esas alturas del día. Ambos hermanos buscaron alrededor, pero en la cochera no había ningún automóvil, así que supusieron que no estaba nadie.

Equus fue a su supuesta habitación, aunque no sabía quién la había decorado ya que no era nada su estilo. Tenía demasiado color para su gusto, con cortinas azules y una cama del mismo tono. Lo único decente era la alfombra de calavera que su padrino le había regalado. Se cambió la ropa a algo más normal: una camiseta y una pantaloneta para que su madre no se quejara de su mal gusto.

De repente, se escucha el sonido del garaje abriéndose y dos autos entran. Palas sale de su habitación y llama a Equus para recibir a ambos padres. Percy es el primero en entrar con una bolsa de comida, detrás de él viene Egeo. Seguidamente, entra el carro de Annabeth Chase al garaje.

¿Qué hacía su hermano mayor ahí? ¿Ahora como le creerían que estaba enfermo si Egeo decía que no sabía nada? Equus debía pensar un plan inmediatamente. Si tan solo hubiera tenido un momento a solas con su padre, ambos hubiera podido inventar una excusa, pero no lo fue, así que estaba solo. Debía sacar la Atenea que llevaba en su mente, aunque este nunca se haya manifestado de su lado.

—¿Equus? —preguntó Percy al menor de sus hijos.

—¿No sabías que venía Ere aquí, papá? —preguntó la bocona de Palas.

—Veran yo mandé a Ere devuelta a casa por... —Egeo busca una confirmación de su hermanito de que excusar dar. Equus hace que estornuda y parece que Egeo lo capta—. Por una gripe, pero después llamé a papá porque resulta que se me olvidaron ciertas cosas para el campamento.
Palas no se la creía.

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