Epílogo: Lester Papadopulos

20 3 0
                                        

Lester fue al apartamento de Ayla apenas recobró la conciencia. Estaba en la puerta, tomando las agallas para entrar, pues no quería asustarla siendo Apolo. Quería que le conociera como Lester primero. Antes de tomar el picaporte, alguien abrió la puerta. Una mujer de bienes raíces con una pareja joven salía del apartamento. Adentro estaban los mismos muebles que había antes.

—¿Viene para el open house? —le preguntó la señora.

—Sí —no le quedó otra cosa qué responder.

Tuvo que soportar una hora actuando como si le interesaba el apartamento, tratando de encontrar una forma de que la vendedora de bienes raíces le soltara información si Ayla había vivido ahí, pero parece que no.

¿Dónde podría estar Ayla? Una bruja, hija de Helios, solo podía estar en la isla de Circe. Así que Apolo fue con su hermano, Hermes, para que lo guiara hasta la isla.

—¿Por qué quieres ir a ver a Circe? —le pregunta Hermes.

—No es Circe a quien busco —le confiesa Apolo—. Es una de sus brujas.

—Pues necesitaras suerte; Circe odia que vengan por sus brujas. Sería hasta mejor que vinieras por ella.

Apolo y Hermes se encontraron a la bruja en plena construcción de su isla. Había ninfas de toda clase trabajando en lo que parecía la remodelación de esta, aunque el lugar era un caos debido a que las ninfas utilizaban sus poderes. Circe les gritaba que se enfocaran, pero las ninfas parecían estar jugando.

—Disculpa, Circe —le interrumpe Apolo.

—¡Qué! —grita Circe muy molesta—. ¿No ven que estamos ocupadas? Los voy hacer en carnitas mexicanas.

—Perdóname, solo estoy buscando a Ayla —le explica Apolo; la mirada de Circe se oscurece con más furia.

—¡Esa traidora! —Circe tira sus papeles al piso—. ¿De dónde la conocen?

Apolo tartamudea tratando de explicar la situación.

—No importa —dice Circe para callarlo—. Desde que se fue no la he vuelto a ver. Escuché que estuvo con los semidioses romanos y que luego se fue con Hécate.

—¿Con Hécate? —pregunta Apolo.

—Si, dijo que logró entrar a la renovada Academia de Hécate —confiesa Circe—. No entiendo la necesidad de cambiar el aire natural de esta isla al de Nueva York todo contaminado.

Considerando que el lugar era un desastre, no le sorprendió a Apolo que Ayla decidiera quedarse en Nueva York. El dios decidió salir de ahí lo más rápido que pudo, antes de que las ninfas hicieran enojar más a Circe y la bruja se desquitara con él.

Fue hasta la mansión de Hécate, cuya entrada era muy rara, pero logró que la diosa le abriera. Dentro de la mansión había muchos monstruos y humanos jóvenes en uniforme. El lugar estaba lleno de personas.

—Hécate, ¡en serio reviviste el lugar! —le felicita Apolo.

—¿Qué quieres Apolo? —dice Hecate sin emociones.

—Estoy buscando a ...

—¿Qué hace esta sabandija en la casa, mamá? —Ahí estaba Alabaster, quien también utilizaba el uniforme de los demás estudiantes—. ¡Salte de aquí! Este es un lugar sagrado. Seguro anda detrás de una estudiante.

Apolo se sonrojó, ya que sí estaba detrás de una estudiante; pero ya no era ese Apolo mujeriego que siempre echaba a perder sus relaciones. Quería ver a su amiga, saber si estaba bien y hacerle saber que podía contar con él.

—¡No es así! —dice Apolo—. Quiero ser maestro en la magia de la curación.

Todo el mundo quedó congelado ante la propuesta de Apolo. Hasta los estudiantes más desmadrosos se quedaron viendo al dios.

—No solo eso. He disuelto todas las restricciones que pusieron a los participantes del ejército de Cronos. —Apolo nota cómo una chica está bajando las escaleras es la única que se mueve—. Alabaster, podrás ir al campamento el siguiente verano.

—¿Y quién dice que yo quiero volver a ese lugar? —gritó Alabaster.

—No seas tonto, Alabaster. —Ayla estaba ahí, también vestida con su uniforme impecable—. Por fin lograste tu cometido. Ahora es momento de disfrutar tu juventud.

—Ya no quiero nada de ellos; ahora solo quiero mi venganza —confía el hijo de la magia.

Ayla saca un libro y se lo tira a la cara.

—¡Vas a ir a ese campamento y harás las paces con Percy Jackson! —grita Ayla mientras le sigue pegando mientras Hécate se queda observando la escena como si fuera lo más normal del mundo.

—Está bien, te pondré a prueba —le dice Hécate—. Por un tiempo.

Apolo, tomando la identidad de Lester, fue todos los días durante.el año escolar hasta el verano, momento en el que, junto a Ayla, acompañó a los estudiantes semidioses al campamento mestizo. Ahí Ayla demandó más la construcción de cabañas para dioses menores, o mini casas como las llamaba Annabeth. El campamento se llenó rápidamente de muchos más semidioses. Junto a un Alabaster, muy resentido, lograron que el campamento fuera más un hogar para todos ellos.

Cinco años habían pasado cuando Lester escuchó una melodía en violín que lo llamaba desde el bosque. Hipnotizado, caminó entre las myrmekes, hormigas gigantes; ellas no le dijeron caso, pues la canción evitaba que los monstruos molestaran a Lester.

Cuando el dios llegó a la Arboleda de Dodona, se encontró con Ayla hablando con un chico encapuchado. Se veía muy preocupada y molesta mientras el chico trataba de tranquilizarla. Lester no podía moverse ni acercarse a ellos.

—¡Yo no quiero! —gritó Ayla, tratando de zafarse, pero el chico evitó que se soltara de su mano.

—Es la única forma de devolverle a tu familia su honor —dijo el muchacho—. Él reinará de vuelta pero solo tú lo puedes traer.

Ayla logra salir huyendo de la arboleda por otra parte y Lester se descongela. El chico se queda la capucha, cansado y se sienta en el césped. Lester lo reconoció como hijo de Percy, Equus.

—¿Qué le dijiste? —pregunta Lester, enojándose con cada segundo—. ¿Qué haces aquí?

—Eso no te incumbe. —Equus sacó una flecha del bolsillo. Lester retrocedió apenas notó cuál flecha era—. Me dijeron que esto te pertenece.

—La flecha de Dodona... —Reconoció Lester—. Imposible.

—No me gusta esa palabra. —Equus se la puso en la muñeca—. Esto es un préstamo, hasta que su nuevo dueño aparezca. Tal vez no hable mucho hasta que eso pase. Así que no pienses que te estafé.

Equus retrocedió lentamente para que Lester no lo notara. Una ráfaga de hojas lo hizo desaparecer por arte de magia. El dios buscó entre las hojas pero el bosque parecía haberlo escondido.

Cuando Lester volvió al campamento, Ayla no estaba. Había vuelto a la academia más temprano. Justo con el fin del verano, los estudiantes de la academia volvieron a sus clases y Lester se encontró a la hija de Helios viendo directamente la luna en un balcón. Su cabello estaba blanco como las veces que usaba sus poderes.

Ayla, al notar su presencia, ocultó su cabello pálido, miró a Apolo directamente y le sonrió.

—Volviste temprano —le dijo Apolo.

—Tenía que aclarar unas cosas. —Ayla caminó más cerca del dios—. A veces solo hay que hablar con una vieja amistad.

—¿Estás mejor? —le preguntó Apolo.

—Asustada, pero no nerviosa —confesó y miró al suelo. Apolo le tomó en la barbilla para que lo viera—. Usurpador, ¿qué haces?

Ambos rieron. Ninguno de los dos sabía lo que les deparaba el futuro, pero al menos estaban el uno para el otro. 

Myth & WarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora