La limusina de la academia de Hécate olía a incienso, cosa que le daba alergia a Equus. Tenía demasiado sueño así que mientras la chica hablaba de la misión, el pequeño Jackson solo podía cerrar los ojos. Tal vez era una combinación de picazón y cansancio que no le dejaban estar despierto.
—¿Me estás poniendo atención? —pregunta la japonesa—. Esto es de vida o muerte para todo el planeta.
—¡Son las doce de la noche! —se queja.
—Está bien, duerme. —Hayate no se veía muy convencida—. Por lo menos lo que queda de viaje.
Equus empieza a acomodarse en el asiento cuando el vehículo empezó a correr a una velocidad extrema, lo que provocó que cayera en el suelo de la limosina mientras Hayate solo se hacía las uñas como si nada. Así como empezó, terminó, y la limusina paró.
—Llegamos, espero que tu siesta hubiera sido de provecho. —La chica baja del carro—. Apúrate que Hécate está inquieta.
Equus bajó a vomitar en la acera y aún así se sentía mareado.
—Ahí se fue mi cena de Doritos.
Hayate lo agarra del hombro y lo lleva adentro de la academia. Tres cabezas de animales empiezan a balbucear palabras, pero a la japonesa no parecía importarle lo más mínimo. Con un simple movimiento la puerta de la gran casa se abrió.
Adentro estaba repleto de monstruos y humanos, conviviendo como si fuera lo convencional y vistiendo el mismo uniforme verde. Su ropa era el típico uniforme de colegio privado. La mayor parte era una camisa polo blanca, con una chaqueta verde con el escudo. Algunos usaban faldas de paletones, otros pantalón de vestir formal, ambos de color verde. Dependiendo del monstruo, en lugar de chaqueta usaba chaleco de lana, mientras que otros ni siquiera usaban zapatos. A pesar de las horas, el lugar parecía estar más vivo que nunca. En una esquina, dos conocidas se le acercaron, eran June y Vale del campamento mestizo, hijas de Hécate.
—¡Chicas! —Las hermanas lo notaron y corrieron hasta él—. ¿Qué hacen aquí?
—Aquí es donde mamá nos obliga a venir durante el año escolar, pero ¿tú qué haces aquí? —cuestiona Vale, su cabello rojizo con el uniforme verde le hacía ver como la antigua pitia Rachel.
—Mamá nos levantó a todos; parece que tiene un anuncio. —June parece buscar a alguien entre la gente—. ¡Helios!
Un chico rubio de ojos color celeste aparece entre la multitud. Podía medir un metro con ochenta centímetros. Su uniforme lucía igual al del resto con una sola característica que lo hacía único: Era azul. Saludó a las chicas tímidas, y se fue detrás de un señor que usaba un traje de los colores de la academia. A Equus le pareció muy descortés esa actitud, pero no debía juzgarlo.
—Recuerda que Helios no debe estar fuera del alcance del maestro Alabaster —regaña June a su hermana—. Perdona, es un amigo de nosotras, pero es el estudiante especial de nuestro hermano mayor.
—Llevamos juntos magia lumínica, aunque él es mucho mejor que yo —confiesa Vale.
—¿Enserio? —pregunta Equus sorprendido—. Pero eres la mejor en todo el campamento.
—Helios no es un semidiós; es algo más —explica June—. Aquí no puede entrar cualquiera que tenga un poco de poder. Solo aquellos con habilidades extraordinarias reciben el llamado de Hécate.
June parecía resentida con ese tal Helios. A Equus le molestaban las personas que ya recibían muchos méritos solo por existir. La gente lo veía a él mismo como un chico bueno e impotente por sus padres, pero él no creía ser así. Más bien le molestaba cuando lo comparaban con familiares, en especial su hermano mayor.
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Myth & War
FanfictionAlabaster y Setne han vuelto con su venganza y todo el mundo de las mitologías cae ante su poder. Solo Lester, Percy, Magnus y los Kane son capaces de descubrir sus planes y traer el orden al Cosmos. Con la ayuda otras mitologías, ¿podrá volver a la...
