Jason el gato se fue hasta mis brazos como si fuera lo más normal haberse transportado por los confines del universo. Su pelaje está perfecto, justo como Ayla lo tenía.
—Esos ojos... —dice Equus—. Hasta ahora los veo bien.
—¿Qué pasa?
—No sé cómo explicarlo, pero ese verde solo se lo he visto a una persona. Al igual que el celeste. —Equus toca la cabeza de Jason quien ronronea—. Debo estar loco ya.
—La pregunta es, ¿cómo llegó aquí? —dice Sadie—. ¿Acaso eres un dios como Bast?
—Ayla dijo que se lo dieron, pero no me explicó quién o el porqué —les digo.
—Debemos irnos antes de que se den cuenta que se activaron dos veces las ondas —nos explica el príncipe—. Sígame; usaré la neblina para que los guardias no los vean.
Debo decir que el príncipe me recordaba a alguien. Su forma de caminar era muy elegante y, a pesar de las situación, no dejaba verse débil, aunque su rostro demostraba mucho conflicto interno. Sentía un gran poder emanando de él, algo hasta más misterioso que un dios. ¿Cómo terminó aquí? Un chico así mi padre lo dejaría vivir en el Olimpo sin pensarlo. Hasta me compararía con él.
Cuando salimos, pude notar que nos encontrábamos sobre un asteroide. Era chiquito, pero en sus pocos metros había unas vistas espectaculares. Un castillo de ámbar se alzaba en una esquina. Del otro lado, había un bosque o lo más parecido. Estaba lleno de plantas que ni la propia Demeter conocía, las cuales reflejaban la luz de la estrella enana que se podía ver muy cerca.
—¡Príncipe! —Todos volteamos al encapuchado que venía—. El Rey Setne requiere su presencia.
—Dígale que apenas termine mis asuntos iré con él. —Su mirada se volvió fría; estaba harto—La mina necesita de mis oraciones.
—Pero dijo que era urgente...
—Dígale que si quiere seguir sacando Ámbar Celestial, deberá esperar a que yo termine mis asuntos. Si no, Alabaster se enojará con nosotros.
Y así retomamos la marcha. Debo admitir la gran fortaleza que tiene el príncipe. No se siente malcriado ni egoísta como otros dioses —sí, me incluyo— al desobedecer una orden.
—¿Qué quiere Setne? —le pregunta Carter.
—No sé. Siempre el que llama es Alabaster —explica el príncipe—. Debe ser que no sabe manipular el ámbar.
—Ese ámbar... —pregunta Percy—. ¿Qué es lo especial?
—Es el ámbar de las hijas de Helios. —¡Helios!—. Estamos en el verdadero palacio de la familia de Hiperión . Un lugar donde sus hijos y sus descendientes se refugiaron en las guerras. Este ámbar es el mejor elemento para canalizar el poder de la luz.
—Espera —digo—. ¿Eso significa que tú eres...
—El último descendiente varón de Helios —confirmó él—., Por eso Alabaster me tiene atrapado. —Nos acercamos a la mina—. Soy el último en el universo que sabe cómo viajar por la luz.
¿Cómo se supone que actúe sabiendo que la persona que tengo al frente es tal vez muchísimo más digna de ser Febo Apolo que yo? Había escuchado que, al principio, cuando Cronos reinaba, habían personas que podían viajar por la luz. Con la caída de los titanes, ese poder se perdió. Se decía que el viaje de las sombras venía de ese poder, pero eran tan pocos que lograron usarlo, que nadie podía asegurarlo.
—¿Viajar por la luz? —se pregunta Magnus—. ¿Puedo hacer eso?
—No —continúa caminando el Príncipe.
Llegamos a la mina, donde los encapuchados aumentaron en miles. Cada uno llevaba un arma hecha del material de la corona de ámbar. Ellos miran al príncipe con curiosidad, como si supieran que algo andaba mal. Tal vez estuvieran Percy, Hazel, el disque hijo de Percy, Magnus, Carter, Sadie y Ella. Pero mínimo cada uno tendría que luchar contra 10 encapuchados si es que nos atacaban, contando con que las profecías de Ella lograran traumar a los encapichadus y se rindieran.
—Vengo a ver a los cíclopes —dice el príncipe.
Los encapuchados suspiraron hartos de su jornada. Mientras caminábamos por la oscuridad de la entrada de la mina, escuché a los encapuchados hablar.
—¿Para esto volvimos? ¿Para cuidar una mina?
—¡Cállate, Gabriel! —dice otro—. ¿Acaso quieres volver a ser atacado por una manticora en tu cuarto?
—¡Maldito Quirón! —terminó el tal Gabriel.
No pude escuchar toda su conversación, pero parece que eran semidioses y que ya habían trabajado para Alabaster. ¿Habían estado con Cronos? ¿Todos estos encapuchados son semidioses que trabajaron para Cronos y ahora quieren venganza con Alabaster? Percy cambió las cosas, ¿por qué unos niños volverían a unirse al lado incorrecto?
Primero, la mina era súper oscura hasta que nos encontramos con una gran masa de lo que parece ambar celestial. Algunos cíclopes estaban picoteando el cristal y otros utilizaban unas forjas para moldear. Pero eso no era lo más triste de la situación, pues en el ámbar habían unos niños atrapados. Tal vez tenían entre los 10 y 15 años, y parecían haber estado llorando. Entonces entendí qué era este lugar. Aqui murieron las Heliades mientras lloraban la muerte de su hermano Faetón y el ámbar celestial son sus lágrimas.
Los cíclopes vieron cómo el príncipe se acerca y dejaron de trabajar. El rubio caminó hasta la gran columna de ámbar y colocó su frente en ella. Los monstruos de un ojo se arrodillan ante la escena. Noto como los encapuchados salen del lugar a regañadientes.
De pronto, la niebla que nos cubría se cae y los cíclopes nos logran ver. De entre los más grande aparece Tyson.
—¡Percy! ¡Ella! —Tyson corre hasta su hermano y novia.
—Guapo —dice Ella y Tyson se sonroja.
—Me alegra que estés bien, hermano —dice Percy.
—¡Mi gente! —nos interrumpe el príncipe—. Tenemos poco tiempo, pero por fin vinieron los cinco que terminarán esta crisis. Pero necesitamos ayudarlos, así que les pido que dejen las herramientas y agarren sus armas. Vamos a destruir a nuestros opresores.
Los cíclopes empiezan a dar porras, listos para atacar. Pero, esa conversación me estaba dando vueltas. Recuerda... ¡Jason no me dejaría que maten a estos semidioses! ¡Son niños que no tuvieron chance!
—¡Esperen! —grito y todos se quedaron perplejos—. Los encapuchados son los semidioses que lucharon en el bando de Cronos. No podemos matarlos.
—Ahora que lo decides —comienza Carter—... En el campamento, un voz le dijo a Quirón que habían semidioses que él olvidó.
—Parece que después de la guerra, los que participaron en el bando de Cronos no pudieron volver al campamento. —concluyó—. Si les damos chance de tener una oportunidad de redimirse y volver al campamento, evitaríamos derramar sangre.
—Ahhh —se decepciona un cíclope en la multitud.
—No sabía que ellos no podían volver —dice Percy—. Hubiera obligado a Quirón a dejarlos.
—Una vez que haces enojar a Zeus, ya no puedes pedir la bendición de los dioses a su favor —comenta el príncipe, nostálgico—. Lester, Percy, dudo mucho...
—El fantasma de Jason no me dejaría en paz si al menos lo intento —digo.
—¿El gato? —pregunta Sadie.
—Tienes razón, Apolo. —Hazel posa su mano en mi hombro—. Por Jason, debemos darle una oportunidad. Al menos yo les puedo asegurar un lugar en Nueva Roma.
—Espero que tengan razón, porque ya no puedo más. —dijo el príncipe antes de desmayarse. Apenas pasó un instante y los encapuchados entraron en horda contra nosotros.
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Myth & War
FanfictionAlabaster y Setne han vuelto con su venganza y todo el mundo de las mitologías cae ante su poder. Solo Lester, Percy, Magnus y los Kane son capaces de descubrir sus planes y traer el orden al Cosmos. Con la ayuda otras mitologías, ¿podrá volver a la...
