Misterios y brujas -Percy

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Al principio, dudé un poco de Equus; su nombre me había dejado perplejo. Pero hay muchos Jackson por ahí andando, y probablemente había un par aquí en Nueva Roma. No es para tanto; debían ser los medicamentos que me tienen mal. Mi brazo casi se terminó de sanar durante la noche, así ahora solo quedaba esperar al niño máscara de caballo con la rata Frank.

Es extraño que apenas nos conociéramos por un día o dos y ya sentía un vacío sin su presencia. Es un chico extraño, pero al final de cuentas me salvó. Y ahora que sabía que tenemos el mismo apellido, seguro una parte de mi lo ve como un familiar. Al fin de cuentas, mi única familia por sangre mortal es mi mamá y mi hermana. Nunca tuve abuelos, tíos o primos. Nunca pensé que los necesitara, hasta ahora que estoy sin Annabeth y Equus, y me siento solo.

—¡Buenos días, Percy! —Claudia llega—. ¿Cómo dormiste?

—Con Equus y Frank encima mío. Además de unas pesadillas —le comento  mis sueños de Leo y un supuesto ejército en la frontera—. Tengo que comunicarme con él, cuanto antes.

—He escuchado de ese tal Leo; Frank no le quiere mucho —admite Claudia—. Hasta es casi una leyenda para los hijos de Vulcano.

—Es un poco raro, hasta para los hijos de Hefesto —comento y reímos—. Siento que me debo enfocar en eso. Tratar de contactar a Leo.

—Un grupo de ingenieros está tratando de comunicarse por señales por si hay alguna noticia o un llamado de auxilio.

—Llévame con ellos, Claudia.

Este susodicho grupo estaba un poco más arriba de nosotros. Consiste en hijos de Vulcano y Minerva expertos en varias ingenierías. Están escuchando todo el día  radios viejas y otras máquinas que no entiendo , mientras cambian  frecuencias.

—Nay, cámbiame la frecuencia. Una onda más baja —comenta la líder del grupo—. Sigo sin captar nada como lo de anoche.

—¿Anoche? —pregunto.

Un montón de ojos inteligentes se quedaron viéndome entrar en la habitación. Sé que yo tengo la pinta más ilustre del mundo, pero ya esto era ofender.

—Soy Percy Jackson, y necesito su ayuda.

—¡Como medio planeta! —refunfuña una de las ingenieras—. Vuelve cuando las vacas vuelen.

—¡Tima! —le regaña un chico—. Dime qué ocurre. Mi nombre es Alex.

Le cuento a Alex lo que soñé anoche y este parece saber más detalles de lo que esperaba. Al parecer, justo recibieron la señal de la conversación de Leo. Trataron de comunicarse con ellos, pero algo evitó que se interpusieron mientras hablaban. Hasta que ya no podía escuchar nada. Creemos que fue el momento en que la radio se congeló. Definitivamente, algo extraño está pasando con Leo.

—¿Algo más ha ocurrido? —le pregunto a Alex.

—Aquí entre nosotros —susurra—, el día del ataque, estaba trabajando en la radio, cuando recibimos una extraña frecuencia. He estado estudiando lo que ocurrió y me parece que la onda no vino de ningún punto del planeta, sino de afuera.

—¿De qué hablas?

—Según mis estudios, la onda viene del espacio. Provocó una distorsión y eso pudo causar que algo entrara sin que nos diéramos cuenta. Cuenta una leyenda que hay personas encargadas de los seres extraterrestres para que no entren. Me parece que la onda fue una manera de disuadirlos —comenta—. Pero es solo una sospecha.

—¿Qué consecuencias pudo tener esa onda? —No entiendo mucho de física, pero he escuchado conceptos parecidos en series de televisión.

—Las ondas pueden causar alteraciones en el tiempo y el espacio. No mucho; a veces imperceptible. Pero como estamos, quién sabe cuál era su objetivo.

Después de hablar con Alex, decidí que era mejor volver a la zona principal del refugio. Él se encargaría de avisar si se conectaban con Leo. Me entregó un walkie-talkie, pero me advirtió que mejor solo lo usara cuando él tratara de comunicarse, pues no quiere que yo dé nuestra posición al enemigo. Ahora solo quedaba esperar a Equus.

Vuelvo a sentirme solo, como si no sirviera. Solo puedo pelear, pero nadie quiere que salga. No sé si es por mi brazo o mi nulo entrenamiento militar. Annabeth sería mejor en estas condiciones. Hasta Nico podría ser un espía en las sombras. ¿Pero yo qué hago? Los romanos no confían en Poseidón, menos en mí. Equus, vuelve pronto.

Mientras espero en un rincón, pensando en qué podría hacer, una niña se acerca a mí. Sus ojos verdes y sus mejillas redondas me dan una sonrisa.  

—No estés triste. Los héroes nos protegerán —me anima—. Cuando tengo miedo, mi mamá me dice que, en tiempos de crisis, siempre hay alguien que despierta su espíritu de héroe. La sangre no lo es todo.

Tras esas sabias palabras, vuelve con los demás niños. La sangre no lo es todo. ¡Es el espíritu! Jason, el argonauta, no tenía sangre divina y reunió a todos los héroes griegos. Equus y todos los demás están buscando respuestas. Debo de salir de aquí y ayudarles. Tal vez yo sea la fuerza para que ellos caminen. No necesitan a un hijo de Poseidón, sino a mi espíritu de héroe.

Un grito me saca de mi trance. Al alzar la mirada, veo que las personas empiezan a correr hacia mi lado de la habitación. Una sombra enorme se forma en la pared. Saco mi espada y dejo a los civiles detrás mío.

—Al fin te encuentro, Percy Jackson —dice la sombra antes de abalanzarse sobre mí y arrojarme hasta la pared—. El amo Alabaster te está necesitando.

La sombra toma forma humanoide y un cuerpo hecho de arcilla con una sonrisa maléfica. Parece un hombre normal, usando un abrigo de invierno en pleno verano. Si no fuera por su cara. Me levanto y recojo mi espada. Arremeto contra él, pero Contracorriente lo atraviesa. ¡Es humano! Me patea para volver a botarme.

Por lo menos que esa cosa esté enfocada en mí hace que los civiles puedan huir a otro lugar seguro. Me quiere a mí ese tal Alabaster.

—Quiero admitir que nunca pensé que Alabaster fuera tan bueno en crear Nebuliformes. —dijo alguien más de repente. Era una chica vestida con uniforme escolar; lucía de unos 16 años—. Cuando te mande al Tártaro, te arrepentirás de haberle donado tu alma.

Una manos me recogen del suelo. Es Apolo en forma de Lester. Su sola presencia me trae un alivio por primera vez en estos días.

—No hay tiempo de explicaciones; tenemos que esconderte.

Me ayuda a levantarme, mientras la otra chica usa magia para distraer a esa cosa. Se mueve como el viento y su cabello sigue perfecto aún durante la batalla. Parece una diosa.

—¡Espera! —lo detengo antes de que nos vayamos—. Equus. Tengo que esperarlo.

Myth & WarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora