Capitulo 36.

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La hora del concurso tan esperado había llegado, estaba tarareando una canción mientras acababa de colocar cada perno en el motor, Enzo y Agustín ayudaron a cambiar las llantas del auto por unas sin labrado, perfectas para pista, igual de rápidas y veloces que las de un formula uno.

-Omega.-La voz del niño Ferrari entrando al garage a dónde estábamos me hizo levantar la mirada, traía un uniforme rojo de fórmula uno, con el logo de Ferrari en su pecho, su cabello rubio bien peinado hacia atrás y ese leve rastro de Polenta y Jazmín de su respectivo olor alfa en el aire.

-Niño Ferrari.-Conteste.

-Perro pulgoso.-Saludo a Enzo y El que estaba intentando mantenerse al margen se levantó del lugar donde se había sentado y se quitó las gafas que lo protegían del sol y lo miró.

-¿Cómo me has llamado?.- Aleksey solo no le contestó, su olor en el aire parecía reírse de los celos de Enzo.

- Estaba aquí para desearte suerte.-Estiro su mano hacía mi.

-Gracias, igual para tí, que sea una buena y entretenida carrera.- Aleksey era ese tipo de alfa controlado y serenó, se sentía eso en su olor, muy distinto al de Enzo qué era mucho más fuerte, astuto y a veces un poco incontrolable.

La razón por la qué entre aquel alfa y yo había un tipo de congenio se debía a la alta afinidad qué el se tenía consigo mismo, un alfa de Capistrano,  joven millonario italiano que olía a polenta, una buena opción de amorío para cualquiera y mi Omega lo sabía, sabía qué aquel alfa de aquel olor tan italiano y controlado podía atraerle aún qué mi corazón evidentemente estaba con Enzo.

Eso se llama atracción, la atracción entre dos personas no se puede controlar, simplemente pasa y no importa si estás soltero, embarazado o marcado para sentirla, por eso el amor era una decisión entre instinto, mente y cuerpo, la química con el niño Ferrari sin duda no era el amor que mi corazón sentía al ver a mi alfa.

-Estoy muy de acuerdo con ello.-Se alejó.-Te veo en pista, Omega.

-Nos vemos, niño Ferrari.

-¿Me dijo perro pulgoso?.-De quejó Enzo.-Ya puedo golpearlo, he estado tolerado esto desde que lo conocimos.

-Luego de la carrera te comenzaré por no golpearlo alfa.-Le acaricié lentamente y sujete su mejilla.-¿Bien, mi amor?.

-Bien, lo aceptó pero en verdad me ofende mucho qué no me defiendas.- Sonreí y el me remedo en la sonrisa, puse mi dedo índice en aquel hoyuelo que se le formaba en  la mejilla cuando sonreía.

-Te amo mucho.-Susurre.-Te deseo mucha suerte hoy en la carrera.-Su olor me envolvió lentamente y allí estaba la razón por la cual siempre era el a quien elegiría mi corazón, mi Omega se regocijo en su olor lentamente mientras lo abrazaba.

-Gracias alfa por todo ésto.-Bese sus labios.

"Pilotos a sus puestos", "Pilotos a sus puestos, la carrera amistosa está por comenzar","Pilotos a sus puestos".-Cuidense, los dos.-Topo mi vientre.-Porfavor.

Asentí poniéndome el casco y saliendo con el auto a la pista, dónde me Coloqué al nivel de los casi veinte pilotos.

"Recuerden pilotos qué son diez vueltas", hablo António por los parlantes.-"Suerte a todos".

Los semáforos cambiaron de rojo, para amarillo y luego a verde.

Aceleré y una vez en pista la adrenalina empezaba a subir haciéndome conducir más rápido, cambie las marchas y mantuve mis ojos en la línea.-Vamos a hacer esto.-Respire dentro del casco.-Uno.-Conte al pasar al primer auto que iba delante de mi.-Dos.-Susurre al pasar al otro.

Estaba en cuarto puesto, lo sabía por el GPS de los demás en el tablero qué nos habían dado.-Vamos bebé.-Le dije al auto al volver a cambiar las marchas.-Tres.

Depronto mi corazón empezó a bombear más fuerte y todo se volvió más rápido, mantuve el control en las curvas y pronto estuve a la altura del Ferrari de Alek, el iba segundo justo por delante de un BMW.

Cambié de marcha y aceleré, el Ferrari hizo lo mismo y pronto estuvimos a la par en la penúltima vuelta.

Cuando íbamos a la última hice mi último movimiento y cambié la marcha acelerado a fondo y cruzando la meta prácticamente ceñido al Ferrari cuando estuvimos motores y bajamos de los autos esperando el resultado, el me miró atraves del casco al igual que yo a el

"El ganador es Matías Vogrincic".-Dijeron por el parlante.-Por 5 segundos de diferencia en cruzar la línea.

El alfa rubio se quito su casco y me hizo una señal de felicitaciones.

Enzo salió corriendo a abrazarme.-Eso estuvo genial.-Me beso.

-Gracias Alfa.-Lo abracé.

-Ya lo puedo golpear.-Dijo gruñendo.

-No.-Me reí.-No lo puedes golpear tontito, igual ya gané.-Enzo sonrió.

-Felicidades Omega.-El niño Ferrari.-Y bueno creó que debo aceptar qué eres muy bueno en el auto.

-Gracias Alek, un gusto haber podido coincidir.-El estrecho mi mano.

-No te lo voy a robar, Enzo.-Le dijo ante el gruñido amenazante que le mando.-Se aceptar cuando me derrotan y se qué no es mi Omega, pero sin duda ha sido bueno conocerte.

-Lo mismo digo.-El me soltó y se alejo.

-Espero verte pronto, a ti y al perro pulgoso, y si algún día no te satisface.-Me guiño el ojo antes de subirse a su Ferrari.-Llamame, siempre estaría libre para un Omega tan lindo.

El auto salió del lugar acelerando mucho más rápido qué las iras de Enzo en procesar la información y hacerme reír con su cara.-Ya se fue alfa, supéralo.-Le di una palmadita.

-Matias.-Esa era la voz del molesto António.

-Antonio.-Dije al mirarlo.

-Felicidades, hijo.-Me reí.

-No soy tu hijo, Antonio.-Le entregué el casco en sus manos y abrí el overol qué tenía desde jóven , que había sido de el y me lo quité entregandolo.-Sabes por qué  me inscribí en este concurso que organizaste, r que quería demostrar un punto.-Suspire.-El punto en el qué cerraba mi amor por un padre que jamás me ha amado, con ésto no solo me despido de cualquier relación afectiva que haya podido sentir por ti, con esta me doy la baja de el miedo al amor, de siempre hacer lo qué me enseñaste, correr, estoy harto de correr, ya no más.-Le puse los guantes también encima.-Yo no quiero volver a verte, António, así que mantente alejado de mi, ya no hay ningún vínculo que nos una a partir de hoy.

Tome la mano de Enzo y nos alejamos del lugar, había soltado un gran peso de mis hombros y eso me gustó.

REFLECTORES EN EL HIELO.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora