La amistad a prevalecido desde hace mucho tiempo, incluido en situaciones de alto riesgo como lo han sido las guerras, desde hace mucho tiempo. Pero incluso cuando la amistad prevalece, es inevitable que otros sentimientos nazcan, como lo es el amor...
Devastación, esa quizás era la palabra más apropiada para describir lo que el equipo del capitán Redfield veía con tanto asombro y preocupación.
La situación de aquella mañana solo había empeorado, había demostrado ser completamente caótica y muy desastrosa, pues el grado de destrucción era tal que solo se podía comparar con el que se ve en una guerra, pues ni un escenario visto después de un desastre natural se podría equiparar con lo visto por todos los agentes.
Y cuando el temblor se detuvo, el equipo optó por levantarse y ver con mayor detalle el nivel de destrucción a su alrededor.
— Carajo, esta ciudad podrá tener el mismo nivel de devastación que New Harper — Comentó con gran preocupación la agente Rogers.
— Procuremos estar en el aerodromo si eso llega a pasar — Añadió Samuel, siendo su comentario de mal gusto para Valentine
— Más te vale callarte Stewart — Dijo Valentine, mostrando su molestia en sus palabras.
Antes de que una confrontación verbal empiece, Chris les advirtió a ambos agentes que guarden la compostura, como también guarden silencio, pues debían concentrarse en salir de la ciudad antes de que caiga.
Es por ello que ambos agentes hicieron caso a lo que el capitán ordenó y se reservaron cualquier comentario que estuvieran por hacer.
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Para desgracia del equipo, el mal tiempo se incremento, pues en el horizonte se podía apreciar como la gran tormenta que acompañaba al imponente huracán se aproximaba, y con ello, una nueva ola de destrucción y devastación que empeoraría la situación de la ciudad.
— Justo cuando pensé que las cosas no podrían empeorar — Dijo con cierta frustración Rebecca, viendo como la tormenta se acercaba.
— Entonces hay que moverse — Intervino Chris.
— Incluso si nos vemos rápido, la tormenta ya se encuentra sobre nosotros — Esta vez, sería Samuel quien se atrevería a decir lo obvio, mientras veía como rápidamente las nubes se tornaban de un color grisáceo y negro.
— Estoy muy segura que ningún transporte aéreo o marítimo estará dispuesto a salir con está tormenta — Añadió Sarah, quien igualmente veía no muy asombrada la vista caótica del horizonte.
Redfield bufo molesto, pues le era increíble que la mala suerte le estuviera sonriendo en momentos tan críticos como el que estaba experimentando.
Y por supuesto que tuvo que pensar muy bien en lo que haría a continuación, pues si la ciudad colpasaba o era arrasada por el huracán, lo más seguro es que tendrían pocas probabilidades para salir o incluso intentar salir ilesos del lugar.
Aunque quizás no todo estaba perdido, pues en breves instantes, un vehículo blindado irrumpió en la calle adyacente al edificio, y se estacionaria en frente del equipo, quien de inmediato se cubriría detrás de unas bancas de metal.