La amistad a prevalecido desde hace mucho tiempo, incluido en situaciones de alto riesgo como lo han sido las guerras, desde hace mucho tiempo. Pero incluso cuando la amistad prevalece, es inevitable que otros sentimientos nazcan, como lo es el amor...
Chris estaba aterrado, asustado, quizás con un gran miedo bastante entendible, pues hacia unos segundos él había escuchado los mensajes de voz que su querida amiga Valentine le había dejado. Y ahora él estaba conduciendo con enorme prisa hacia el departamento de su amado.
“Oh Piers, cariño... Ya voy...” Se decía en su mente el hombre, agarrando con fuerza el volante y centrando su mirada en el camino, pues Redfield no quería ser protagonista de algún percance vial, aunque igual tomaba algunos atajos, ya que no quería llamar la atención de la policía.
— Se supone que deberías estar bien... Mierda, carajo... Esto no puede estar pasando... No a ti, mi amor — Decía con la voz casi temblorosa el hombre, al punto de casi atreverse a llorar, pues la situación era bastante mala.
— Solo debo darme prisa en llegar — Volvió a decir para si mismo el hombre mientras pisaba el acelerador.
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Mientras tanto en el departamento del joven teniente, éste aún presentaba su fuerte malestar, lo que significaba que aún estuviera en el suelo, mientras que las niñas hacían lo mejor posible para ayudarle a estar bien, aunque eso era imposible para las pequeñas, pues el dolor de Nivans era tal, que hasta ellas se abruamaban por eso, de ahí que fuera tan rápido que no supieran que hacer.
— Solo reciste Piers, por favor resiste — Decía con lágrimas en los ojos la pequeña Rosé, quien lo seguía abrazando, mientras la pequeña Lisa se encontraba sosteniendo su mano derecha.
— Eres fuerte... Nos demostraste que eres un hombre bastante fuerte... Solo resiste, por favor... — Decía con la voz entre cortada la pequeña niña, quien hacia su mejor intento para no sucumbir al llanto.
— Pequeñas... N-no se preocupen... N-no se preocupen tanto por mi... — Decía cansado el chico, pues el dolor de su espalda lo dejaba bastante agotado.
— Por favor aguante un poco más, por favor, por favor — Decía con cierta insistencia Lisa al agacharse y acariciar la cabellera de su amigo, quien a su vez le sonrió con algo de tristeza.
— Empezaba a preocuparme... — Fue lo más que pudo decir antes de que otro dololr fuerte y muy agudo lo hiciera gritar.
— Por favor resista... Resista... — Suplicaba la pequeña Rosé, cerrando con fuerza sus ojos, y, sin poder evitarlo, soltando algunas lágrimas.
Nivans estaba conmovido por la reacción de aquella niña, aunque al notar la de la hermana, él se percató de que era fuerte, pues se reusaba a llorar en un momento en el que cualquier infante se hubiera quebrado con mucha facilidad.
No obstante, Lisa era una niña bastante fuerte, y en el pasado había tenido que lidiar con la muerte de algunos familiares y habia tenido que ser fuerte para su hermana menor, solo que ahora la situación era más complicada.
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