Capítulo once: En búsqueda de la salida.

95 10 0
                                        

Escuchar a las pequeñas si que fue algo inesperado, pero lo fue aún más cuando todos vieron a las criaturas humanoides que antes los estuvieron persiguiendo en el pueblo, aparecer de la nada, solo que con la notable diferencia de que ahora esas criaturas se veían un poco más grandes y con un notable color de piel grisáceo, además de mostrar que ahora tenían unas largas y filosas garras de color negro en donde se supone que irían sus dedos, sin contar que detrás de esas dos imponente bestias se encontraban las bestias arácnidas que caminaban de forma intimidante sobre el techo, paredes y el propio suelo, además de que ahora el equipo veía con horror que esas criaturas del tamaño de un perro pastor alemán eran de colores verdes y rojos, y que de sus cuerpos brotaba un líquido espeso que terminaba por caer al suelo. Era un buen momento para buscar la salida más cercana.

Sin pensarlo mucho, Redfield decidió ponerse delante de Piers en un intento para protegerlo de esos infames seres, lo que desconcerto a Woods, quien sabía muy bien que aquella reacción por parte del capitán no era más que una extremadamente rara, pues en misiones anteriores ella no recordaba que este fuera así con su querido amigo Piers, ¿o quizás si?.

— ¡Hey teniente bonito, quizás quieras esconderte detrás de mí por mera protección! — Exclamó con descaro Jacob, quien al parecer le importaba poco estar en una situación donde lo que menos se desea es tener que aguantar las insinuaciones.

Sin embargo, Chris se quedó estático al tener que escuchar el peculiar nombre por el que aquel hombre se refería al castaño, ocasionando que el hombre se muerda el labio inferior y presione con gran fuerza su arma, pues el enojo que sentía era uno bastante enorme, al grado de tener que controlarse para evitar el mismo darle un tiro en la frente a aquel insolente hombre. Pero sus planes cambiaron cuando el sintió un ligero tacto en su hombro derecho, haciendo que este desvíe su mirada a dicho lugar para encontrarse a un joven Piers quien se mostraba serio debido a la situación, pero que ante los ojos del pelinegro, este fuera la imagen más, ¿bella quizás? No lo sabía con certeza, pero para él, tener que ver con otros ojos a quien por mucho tiempo consideró su más grande amigo lo dejaba a la deriva de un mar de muchas nuevas sensaciones.

A pesar de la breve escena, está fue interrumpida cuando el teniente le dijo con seriedad — Chris, encargate del grandulon de la izquierda, yo me haré cargo de el de la derecha — Sin objetar, el formidable hombre aceptó para luego apuntar a la izquierda y después de unos segundos indicarle a todos que disparen, lo que sin dudas no tuvo que repetir ya que todos hicieron caso a sus palabras, mientras los niños se ocultaban detrás de algunos de los adultos presentes, a la espera que aquel infierno termine muy pronto. Aunque después de unos breves segundos se evidenció que era el turno de las criaturas en responder ante la agresión.

Al cabo de unos cuantos minutos todo el equipo había sido obligado a retirarse, pues por lo que vieron todos – en específico: Jacob, Nathan, Piers y Katherine, quienes quedaron horrorizados al presenciar que las balas especiales que tenían, eran un rotundo fracaso ante las criaturas grandes – las grandes y cropulentas bestias no parecían ceder ante sus incontables disparos e incluso ante algunas granadas que el soldado Aspen les habia tirado a dichas bestias que mostraron no tener heridas aparentes antes las detonaciones de las granadas que se les fueron arrojadas por aquel soldado, quien maldecia en sus adentros por no poder reducir a esas criaturas humanoides a unos cuantos pedazos o por no poder hacer que les vuelen algunas partes de sus cuerpos.

Al no poder hacer nada, los capitanes Redfield y Antonov ordenaron correr, pues esas figuras soltaron un grito grave que anunciaba algo muy malo, y eso se quedo confirmado cuando aquellas dos imponentes figuras corrieron a toda prisa para arremeter contra el equipo, quien por suerte logró esquivar algunas de las embestidas, para luego correr muy apresurados por un pasillo ancho hasta que a la vista se aprecio una doble puerta metálica. Sin pensarlo mucho, Aspen y Stewart corrieron bastante rápido hasta que de un solo golpe, lograron abrir y casi tirar abajo la doble puerta; permitiendo que el resto del equipo entre sin más preámbulo para luego ambos agentes cerrar aquellas puertas y con la rápida ayuda de sus compañeros, bloquear aquella entrada, lo que provocó que sus quienes los perseguían terminaran por golpear y querer derrumbar la entrada, pues algo que empezaba a caracterizar a dichas alimañas era el tener que seguir y masacrar a sus futuras y posibles víctimas, sin importar mucho de quienes se traten.

MÁS QUE AMIGOS (NIVANFIELD) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora